Cada 25 de junio recordamos y festejamos a todos aquellos maestros y maestras que de alguna manera marcaron nuestra vida, ya sea para bien o para no recordar, que nos orientaron a lo que hoy somos.
La educación formal ha evolucionado a través de los siglos, desde su forma más rudimentaria hasta la que hoy conocemos como más actualizada, dependiendo de las realidades que cada uno comparte.
Mi madre me contaba que en sus primeros años de escuela llevaban una pizarra pequeña donde anotaban y practicaban los ejercicios, que luego borraban para dar paso al siguiente contenido, no había forma de guardar lo escrito para posteriores repasos.
Hoy, algunos “patojos” ya ni escriben porque todos los contenidos ya están virtualizados o simplemente son consultados en los diferentes portales que nos facilitan los navegadores o la IA. ¿Cuántos de nosotros tenemos letra no muy legible porque ya no usamos papel y bolígrafo?
Desde la antigüedad, la reflexión y el diálogo han sido grandes fuentes de conocimiento. Otras, como la observación y la vivencia, han fructificado hasta en corrientes filosóficas como la fenomenología. La constante en todos estos períodos es la participación de la persona como fuente de conocimiento, ya sea desde la reflexión o desde la experiencia, aportando desde una perspectiva crítica y creativa.
Hace unos años, se empezó con la tendencia a eliminar libros y cuadernos para dar paso a la era tecnológica, de la cuál, incluso países europeos, están volviendo porque se han dado cuenta que la capacidad de reflexión y criterio de los educandos se ha ido perdiendo.
En las escuelas, y algunas ciudades, ya se está legislando para que los menores no tengan acceso a muy temprana edad a dispositivos tecnológicos o bien tengan un adecuado acompañamiento por parte de los adultos, importante esto, porque estos han sido los formadores de muchos niños y jóvenes en los últimos años.
La tecnología es una herramienta para facilitar nuestras actividades diarias o bien para un sano entretenimiento pero, situación que muchas veces, el ser humano ha desvirtuado. Deja de ser una herramienta y pasa a ser el protagonista de las decisiones y acciones del día a día de cada uno de nosotros. Dentro de la educación propiamente, desde las primeras herramientas de este tipo, los alumnos han buscado que ellas realicen sus tareas, evitando así, ser partícipes de la experiencia de la reflexión crítica de lo que se está aprendiendo.

Es muy claro que la educación formal debe ser fuente de reflexión, crítica y entendimiento de sus contenidos y no entendida solo como la mera repetición de palabras, y bajo ese argumento se pretende hacer creer que cuando alguien lee deja de ser analfabeta.
Hoy, la IA ha calado en todos los ámbitos de la sociedad, especialmente en las más “desarrolladas”, porque desde muy pequeños ya se cuenta con formación orientada a su utilización y “aprovechamiento”, que va desvirtuando la participación activa del sujeto dentro del proceso de análisis, crítica y reflexión.
El Papa León XIV en su nueva encíclica “Magnifica Humanitas” (Magnífica Humanidad) hace aportes muy claros sobre el tema de la IA, exhortándonos a defendernos de los aspectos negativos que esta nueva corriente trae, que como todas las cosas en la vida, tiene aspectos positivos y otros negativos.
El Papa nos recuerda lo ya dicho por su antecesor Francisco que «No podemos ignorar que la energía nuclear, la biotecnología, la informática, el conocimiento de nuestro propio ADN y otras capacidades que hemos adquirido […] dan a quienes tienen el conocimiento, y sobre todo el poder económico para explotarlo, un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero. Nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma…».
Nuestros sistemas educativos están ampliamente llenos de contenidos debidamente escogidos y formulados por quienes dirigen esas áreas a nivel mundial, ninguna sociedad es hoy libre ante el tema de la globalización, no se puede vivir aislado.
Ante esta realidad hay que poner mucha atención al llamado del Papa en esta encíclica, que la presenta en el entorno de la celebración de los 135 años de los inicios de la llamada Doctrina Social de la Iglesia, que arranca en 1891 con la Rerum Novarum (Nuevos Asuntos) del Papa León XIII. Los contenidos eclesiales deben valorarse desde el punto de vista reflexivo, no llegar a ellos llenos de paradigmas, si no abiertos a nuevas fuentes para avivar nuestro pensamiento crítico.
La educación formal es responsabilidad de todos y no solo de los docentes, cada uno debe procurar que sus hijos tengan acceso a información y contenidos que despierten la reflexión y el espíritu crítico, donde la IA y otras herramientas pueden ayudar, pero no ser lo más importante, la persona debe ser el centro y todo debe ser orientado a su buen vivir.
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Hugo Xicará
Licenciado en Teología, Profesor de Segunda Enseñanza en Filosofía y estudios en Contaduría Pública y Auditoría. Fiel creyente de que solo la unión del esfuerzo de todos nos permitirá tener un mejor país.










