Hablar del Santo Entierro Dominico es hablar de una relación directa de la religión con el país, de una procesión que ha trascendido en el tiempo y que ha llegado al corazón de miles de personas durante años e incluso siglos.

La leyenda cuenta que el Cristo llegó de Europa, naufragó en el mar luego del cisma de Enrique VIII y llegó al puerto de Trujillo donde el dominico Fray José de Lazo lo envió a la capital del Reino, Guatemala, donde permanece hasta hoy, con el pueblo que tanto lo venera.
Es tan grande la relación histórica del Señor Sepultado con el pueblo de Guatemala que el nombre de “Cristo del Amor”, se dice, fue dado por el historiador Fray Francisco Ximenez (el traductor del popol vuh), quien era gran devoto de él, y consideró que la imagen había sido hecha con tanto amor que era el único nombre que podría llevar.
Innegable es, la relevancia que ha tenido esta procesión para la Católica Ciudad de Guatemala, pues dentro de la procesión han participado históricamente los gremios de las distintas profesiones del país junto a sus respectivos Ángeles Llorones, a los que, por decirlo de cierta forma, apadrinaban, encargándose de su traslado y el decorado de estos. Participó también en su momento el alcalde de la Ciudad, ya que la municipalidad tenía a su cargo el patronato de la procesión, misma que llegó a ser la más grande de la ciudad.
Y aunque la separación Iglesia/Estado y el avance continuo del día a día de la ciudad y del mundo han cambiado estos espacios, el pueblo no ha dejado de caminar con su Señor, con todo y los cambios que se han experimentado en el cortejo y su organización.
El 18 de julio de 1852, bajo iniciativa de Fray Pedro Martir Salazar OP se transforma la hasta entonces Cofradía, en la Hermandad del Señor Sepultado de Santo Domingo. Esto trae el primer gran cambio y es que la parafernalia, el patronato y los costos de la Hermandad pasaron a ser responsabilidad de los fieles que siguen al Señor y ya no más de la Municipalidad de Guatemala como era hasta entonces. Acá es cuando la municipalidad fue la “primera hermana” de la ahora Hermandad.
Los cambios no pararon y Santo Domingo siempre ha sido pionero en muchos de los cambios que se han dado en la Semana Santa guatemalteca.
Uno de los más grandes que se pueden mencionar es la traída de los primeros cinco pasos procesionales en 1929, mismos que llegaron desde Olot, España; y que hasta ahora han sido parte fundamental de la procesión del Santo Entierro, estando cerca a cumplir lo 100 años de haber venido al país, es impensable imaginar la procesión del Cristo del Amor sin el acompañamiento de estos pasos que de forma gráfica nos recuerdan la pasión de Cristo.

Ese año, llegaron los primeros 5 siendo estos, La oración en el Huerto, El Encuentro con la Virgen, El Cirineo, El Calvario y la Piedad, para 1932 llega el paso de La Sentencia y un año después La Verónica; es hasta 1959 que llegan los últimos dos de los pasos españoles, tratándose de El Beso de Judas y La Caída.
La llegada de estos pasos y sus bendiciones eran un evento enorme para la Hermandad, en el que participaba lo más alto de la sociedad guatemalteca, siendo esto un ejemplo más de la extensa relación que tiene el Sepultado con el país, como el caso de la bendición del paso de La Sentencia, misma de la cual el entonces presidente, Jorge Ubico fue padrino.
Ya a finales de los años 90´ se realizan 6 pasos más en fibra de vidrio, hechos en Guatemala de forma que se completa el Vía Crucis que acompaña a la procesión.
Te podría interesar: Más allá de la religión … Cuaresma y Semana Santa en Guatemala
Pero para una muestra más de la antigüedad que tiene este cortejo, es propio hablar del primer paso procesional, el llamado “Paso de La Muerte”, aunque no hay una fecha exacta de su aparición, ya es mencionado en documentos de la Hermandad a mediados del siglo XIX y el paso continúa saliendo.
Sin embargo, hay una mención anterior que demostraría la antigüedad de este Santo Entierro, esta se da en “la Semana Santa Tradicional”, misma que menciona que; “En el siglo XVII fue prohibido el paso que abría el Santo entierro dominico el cual desde esa época es el triunfo sobre la muerte. Y fue prohibido porque los indígenas en tropel le llevaban flores y se hacían trifulcas para halar la carreta que lo llevaba. Ellos no entendían aun que lo que iba representado ahí no era San Pascual Rey (o San Pascual Bailón) sino que la representación propia de la muerte”
El crecimiento se dio también en la devoción del pueblo hacia su Señor, siendo así que luego de varios años de procesión, el 11 de marzo de 1973 el Cristo del Amor fue consagrado por las manos de Mario Cardenal Casariego, en una procesión extraordinaria, que al llegar a Catedral fue detenida para la solemne Eucaristía de consagración, ante la mirada de miles de devotos, y la participación de infinidad de fieles católicos, el Señor Sepultado de los Padres Dominicos era consagrado en el atrio de la Catedral de esta ciudad, siendo así el primer Cristo Yacente en recibir los óleos de consagración.

Hay algo de lo que poco se puede relatar a totalidad y es el sentimiento que se profesa en todo al Señor Sepultado, sobre todo en su día Viernes Santo.
Cada Viernes Santo en el Templo de Santo Domingo, se siente un ambiente distinto, no solo dentro del templo sino en sus alrededores. A pesar de estar cerca de la iglesia durante toda la Cuaresma e incluso antes, el sentir del templo y sus alrededores es completamente diferente al llegar al Viernes Santo, día en el que la paz se hace presente y el silencio deja sentir.
Las palmeras del atrio parecen mudos testigos de lo que se vive y está a punto de vivirse cada año en ese templo, una rememoración completa del sacrificio de amor más grande que existió, la entrega de Dios por medio de su hijo para la redención de los pecados.
A las 3 de la tarde el Señor sale de su templo a impartir sus bendiciones al pueblo de Guatemala, y entre el silencio del corazón, el murmullo de los espectadores que se ve apenas interrumpido por el ruido de las matracas comienza su solemne, tradicional y antiquísimo cortejo.

Y aunque el sentimiento no se puede explicar, sino que se debe vivir; dentro del cortejo se viven, sienten y observan miles de experiencias que si se pueden relatar, personas que llevan muchos años de acompañar a su Señor en filas, cargando a quienes llevaron de la mano sus abuelos y ahora ellos llevan a sus hijos, hijas, nietos y nietas de la mano, enseñándoles así de la misma forma que a ellos les enseñaron, el amor que se le profesa al Sepultado Dominico.
Estando a media cuaresma y cerca del Viernes Santo, sin duda será un momento más de conexión del Cristo con su pueblo, una página más de la hermandad con la historia de este país y una oportunidad más de que Dios mismo permita reconfortar a sus miles y miles de fieles.
Es indudable pensar en la fe que se profesa hacia Cristo en la imagen del Sepultado de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario, pero también es preciso confirmar y mantener viva la conexión del Cristo del Amor con la historia de Guatemala.

Related Tags
Javier Navarro
Estudiante de ciencia política, fan de los datos curiosos, defensor del pensamiento crítico y opiniones propias. Siempre con algo que decir.










