Todos los hijos somos tan distintos el uno del otro, según nuestros padres, amigos y según todos. Desde muy niños adquirimos un rol, algunos intereses, un ídolo, una personalidad… Desarrollamos poco a poco nuestra autopercepción, y a lo largo de nuestras vidas, durante varias ocasiones y quizá sintiendo más que pensando, cambiamos, y sucede siempre en virtud (o como consecuencia) de nuestro entorno.
No sería errado suponer que algún acontecimiento en nuestra infancia, alguna canción, alguna película o tan solo una palabra, pudo ser altamente decisiva a la hora de configurar la incansable y constante explosión de múltiples factores culturales que representamos hoy en día. Cada quien es un compendio, una mezcla muy diversa, que se transforma a cada momento, en especial cuando estamos expuestos a la expresión humana.
Por esto es tan importante el implementar culturas que generan un cambio positivo, un desarrollo social a las anchas para ser personas que comparten entre sí de forma solidaria. Pero ¿por cuál motivo seríamos escuchados para transformar si la gente, de tan distintas personalidades e ideales, huye de todo lo que su opinión difiera? No les interesará. Peor aún, si dicha gente no suele escuchar opiniones.
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Aunque gritemos algún discurso y agitemos banderas, es muy difícil causar un impacto que transforme e invite a la reflexión si no llegamos a nuestro público de forma orgánica. Es ahí donde el arte reluce sus características.
Cuán relevante es cuando el bien común es meta de nuestros allegados, meta nuestra y no solo de la institución. Cuán importante es sensibilizar nuestras almas, encontrar que a través de la mimetización de la vida podemos reflexionar más de lo que haríamos solo viviéndola. Cuán lógico es considerar que lo que requerimos debe ser expresado para obtenerlo, o por lo menos, para recibir autoconsuelo y avanzar. Desde que el bebé recién nacido llora por su madre como primera acción en este mundo, pidiéndola desde lo más profundo de su ser… Desde ese momento, a través del arte, recibimos el beso de quien queremos.
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Es por eso que toda manifestación por el cambio requiere arte, en todos los pueblos y escuelas, en todas las comunidades y en todo lugar. Como si se tratara de un as bajo la manga. La expresión artística es capaz de doblegar la más pesada indiferencia, de transformar el elaborado compendio cultural de cada persona de nuestra sociedad, sociedad doliente que necesita de un cambio positivo.
El arte es herramienta de humanización, instrumento para comprender lo que sentimos, un comodín que gana siempre a favor del espíritu.
Recientemente aprendiendo de poesía, adquirí un pensamiento gracias a mi maestro, pensamiento que no se va de mi mente: Nos expresamos porque queremos, pero hacemos arte porque lo necesitamos.
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