La guitarra del eterno trovador… un noviembre para Silvio

Cada 29 de noviembre, el mundo celebra la vida y obra del hombre del ojalá en la Cuba eterna: Silvio Rodríguez, el trovador con la voz de lucha más emblemática de Latinoamérica. Entre lágrimas y nostalgia, ancianos, adultos y jóvenes siguen siendo parte de los coros interminables del hombre de la Maza. El gran revolucionario que nos enseñó a ser necios sigue siendo sujeto de halagos, análisis y reconocimientos a nivel mundial…porque la música es sinónimo de libertad, y solo pedimos que podamos tocarte hasta en canciones… con amor para Silvio.

Latinoamérica en el siglo XXI aún vive con los rastros de las dictaduras, procesos arbitrarios, decisiones ilegales, injerencias y las bases poco sólidas en las que se trató de construir la democracia. En este contexto, los jóvenes siguen siendo los personajes históricos que luchan por conservar la dignidad y libertad. Esta lucha prolongada, desde mediados del siglo pasado, ha tenido una voz… La de aquel trovador que los jóvenes siguen escuchando para obtener paz.

Silvio Rodríguez sigue tan vigente como las ansias de libertad de una América esclavizada por la avaricia y el poder. En países como Guatemala, México, Costa Rica, Argentina, Venezuela y por supuesto, Cuba, la voz de este trovador sigue siendo esencial para la consolidación del ideario colectivo. Pero para comprender su importancia, debemos recordar su historia y los momentos clave que lo convirtieron en nuestro joven guitarrista imprescindible. 

Silvio nació el 29 de noviembre de 1946 en San Antonio de los Baños, una de las provincias más antiguas de la vieja Cuba. Es hijo de padres humildes: Víctor Dagoberto Rodríguez Ortega, campesino agrícola, y Argelia Domínguez León, peluquera. En 1951, se trasladó a la famosa ciudad de La Habana, el centro de comercio más grande de Latinoamérica en aquellos años.

La Habana, Cuba en 1950. Pinterest. // Fotografìa: 7MorAlex7

Nuestro amado trovador nació en la famosa época de la Cuba estadounidense. Entre pobreza y difíciles escenarios de analizar, no muy distantes a las diferencias abismales de calidad de vida en nuestro país. La famosa isla de los casinos y la prostitución estaba inundada entre mafias de origen europeo y migrantes estadounidenses que explotaban la belleza y riqueza de sus tierras. 

Creció en una familia trabajadora y llena de arte en las venas. Su madre fue parte de un dúo musical junto a su tía, con el cual escuchó sus primeras canciones. Dentro del repertorio de todas sus giras hay una canción tradicional llamada “El colibrí”, primera canción que escuchó en la voz de su mamá. 

Durante esta época estudió piano de forma intermitente por consejo de su papá. Luego, con el paso de los años, toma interés en la poesía de José Martí, el autor de “La niña de Guatemala”, con el cual despierta curiosidad en el estudio de la literatura y la poesía. Este precedente marca la larga historia de su forma de componer durante los más de 50 años de carrera artística hasta hoy. 

Silvio creció entre la realidad de ver a su isla en medio de una convulsión política y social que cambió el rumbo de la historia. A sus 13 años, el punto cúspide de la historia cubana, lo haría tomar un camino distinto. En 1959, la Revolución Cubana llega a la recta final y Fidel Castro libera a la famosa isla de las manos de los estadounidenses y una dictadura que tenía en la miseria a todo el pueblo cubano. El pueblo salió a las calles; entre algarabía y notas de protesta, Silvio decide dedicar su vida a la música y a la lucha por un sistema más humano para todos.

Discurso de la revolución en manos de Fidel Castro // Fotografía: Faro

La Revolución Cubana y su forma de gobierno es un tema de debate que ha generado cientos de puntos de vista que celebran la victoria, pero condenan la realidad posterior. Sin embargo, lo que sabemos con certeza es que, marcó un antes y un después en toda Latinoamérica y a partir de este momento, Silvio también se vuelve parte esencial de la música en nuestro idioma, de la lucha con nuestras manos y las caminatas con nuestros pies. 

En este momento no solo toma forma su carrera musical, sino que, se enlista a la escuela militar de su región. Este proceso le abre las puertas para participar activamente en los proyectos sociales que Fidel Castro tenía para la isla. La revolución buscaba reducir los índices de analfabetización a 0. Por lo que, en 1961, despliega jornadas masivas de alfabetización en toda la isla, siendo Silvio parte de estos proyectos educativos. Ayudó a impartir a los campesinos clases de historia, geografía, gramática, matemáticas, además de introducirlos a las bases del nuevo régimen. 

En 1962 se convierte en caricaturista de la revista comunista “Mella”, en la cual se hizo notar en la Habana por su capacidad artística en el dibujo. Retomó las clases de piano y se adentra al mundo de la literatura latinoamericana. Entre los cambios sociales y las nuevas formas de gobierno, Silvio debió enlistarse en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), donde conoció a su fiel acompañante, la guitarra. 

El joven soldado conoció en el servicio militar a Esteban Baños, el culpable de que Silvio tocara las cuerdas de una guitarra por primera vez. En este momento crucial, Rodríguez inicia a perfeccionar su talento con la escritura y con el oído tan perfecto que lo ha caracterizado a lo largo de los años. La guitarra de aquel joven soldado fue la culpable de revelar aquellos grandes secretos que nadie se atrevía a decir, convirtiéndose en el mejor fusil y amante celosa de toda la vida de nuestro trovador. 

En 1967 termina el servicio militar y se concentra en su carrera musical. Su debut está fechado en el 13 de junio de 1967, en el programa de televisión “Música y Estrellas”. El repertorio consistió en 3 canciones inéditas: “Es sed”, “Sueño del colgado y La tierra” y “Quédate”.

Silvio en el programa televisivo “Música y estrellas” // Fotografía: Zurrón del aprendiz

A finales de 1967 se unió a la televisión cubana como conductor de un programa dedicado a la exaltación del arte nacional. “Mientras tanto” se convierte en uno de los programas más emblemáticos de la isla y suscita que Silvio conozca a grandes representantes de la música cubana, entre los que destacan Omara Portuondo (quién acaba de ganar un Grammy con la guatemalteca Gaby Moreno), Pablo Milanés y Noel Nicola. 

Este periodo fue marcado por la muerte de uno de los grandes personajes de la lucha latinoamericana, El “Che” Guevara. Entre la tristeza y nostalgia por este personaje, la isla se vistió de luto y los programas rendían homenaje a uno de los grandes hijos adoptivos de la vieja Cuba. Silvio escribe dos de sus primeras canciones de protesta social: “¿Por qué?” y “La leyenda del águila”.

Durante esta época logra dar sus primeros recitales como cantautor solitario en lugares de la vieja Habana. En 1966 se fundó la famosa “Casa de la Trova” en Santiago de Cuba, la cual fue la cuna de los cantautores cubanos e internacionales más reconocidos en este género musical que vio su época primaveral en las viejas calles de la isla eterna. 

En 1968, participó en el Festival de la Canción Protesta, festival internacional organizado por la Casa de las Américas, donde coincidió nuevamente con Milanés y Nicola, quienes asistieron a su programa. Este proyecto y la Casa de la Trova logran unir a grandes talentos de la música de protesta, provocando el nacimiento de uno de los movimientos musicales y culturales más importantes de la región: Nueva Trova. 

En este momento, Silvio se consagra como el batiscafo de lucha más importante en el área musical. Haciendo crítica social, se perfumó de valiente y logró darle vida a la famosa época de oro de la música y cine cubano. 

En 1969 el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) fundó el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC (GESI). Este lugar fue la cuna de las futuras bandas sonoras y conciertos que fusionan los sonidos latinoamericanos con la música cubana y el nuevo género de la Trova. En este proyecto se crearon las piezas musicales para los documentales, películas y series más importantes de la historia cubana. 

En este periodo de tiempo Silvio publica su primer EP, Pluma en ristre, el cual incluye 4 canciones icónicas, entre las que resalta el tema “Canción del elegido”, pieza inmortal de su historia musical. La canción es una oda dedicada al revolucionario cubano Abel Santamaría Cuadrado, mismo que fue capturado y asesinado en los inicios de la Revolución cubana. Entre las estrofas más recordadas de dicho tema se encuentra: “y al fin bajo hacia la guerra, perdón quise decir a la tierra”, como metáfora a la realidad de vivir en un mundo conflictivo y cruel. 

En ese mismo año, fue despedido por el régimen debido a declaraciones que hizo sobre los Beatles, quienes se encontraban en EEUU. A partir de este hecho, se embarca en un viaje de 125 días hacia las islas de Cabo Verde y la senegalesa ciudad de Dakar, en África. Durante el trayecto escribió y grabó alrededor de 62 canciones, de las cuales 14 fueron arregladas y publicadas. Este viaje se considera como uno de los más prósperos de su carrera y marcó el legado musical con dos de los temas más reconocidos de su historia. 

Una de las canciones escritas fue “Ojalá”, considerada la obra de amor maestra del cantautor. En toda la región es la canción más emblemática y recordada. Entre acordes de guitarra imperdibles y una voz profunda, las palabras “Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan” se cuelan entre la memoria musical de toda una región que lo sigue amando. 

El tema “Playa Girón” se convierte en un himno en toda Latinoamérica y logra colocarlo en otros escenarios como los europeos y algunos lugares de Asia. Esta canción es una exaltación a la famosa Playa Girón, icono de lucha y poblado especial de la vieja isla. Habla sobre la embarcación en la que se sumerge con estos hombres que traspasan su historia por medio de las lágrimas y la poca niñez.

Silvio Rodríguez en la década de los setentas // Fotografía: Euge Muscolini

En 1972 logra dar su primer concierto internacional junto con Eduardo Ramos y Augusto Blanca, en el III Festival de la Canción Política, organizado por la Juventud Libre Alemana (FDJ) y celebrado en Berlín, República Democrática Alemana. Luego de este viaje, las invitaciones a otros eventos no se hicieron esperar y tocó las tierras, bahías y playas de Chile, no tan distinta a su Cuba amada. Las Juventudes Comunistas de Chile (JJ.CC.), por medio de Isabel Laparra, hija de Violeta Laparra. 

En esta ocasión trabajó con sus amigos Pablo y Nicola, quienes dieron uno de los recitales más emblemáticos de la historia de la trova. Este evento fue trascendental por la época histórica del país, el cual se encontraba en un periodo de luz para el arte y la movilización revolucionaria. El país era gobernado por el socialista Salvador Allende, representante de la de la Unidad Popular y la Nueva Canción chilena; junto a Víctor Jara marcaron un precedente en la lucha posterior que se vendría por la caída del régimen. 

En 1974 conoce a Mercedes Sosa, una de las argentinas más recordadas dentro del ideario colectivo de la lucha latinoamericana. El encuentro fue en el Festival Internacional de la Nueva Canción “Siete Días con el Pueblo”, celebrado en la República Dominicana. A partir de este momento, la amistad y reconocimiento mutuo pasó a ser parte de una de las historias de amistad más recordadas de la nueva trova.

Silvio y Mercedes Sosa, año 1983// Fotografía: Zurrón del aprendíz

En 1975 publica su primer disco “Días y flores”. Este disco, aparte de ser el primero, se convierte en uno de los más recordados de su discografía. En este recopila grandes éxitos ya escritos, como “Playa Girón” y presenta nuevos temas como “Pequeña serenata diurna” y “Sueño con serpientes”, el cual también fue interpretado por Mercedes Sosa. 

El hombre que soñaba con serpientes logra reivindicar la lucha y dignidad de todos los pueblos en Latinoamérica.  La canción “Santiago de Chile” fue una de las primeras en hablar sobre la dictadura de Pinochet en Chile, provocando que fuera censurada y Silvio no pudiera entrar al país. En algunos países el disco toma otros nombres como “Te doy una canción”, ya que la censura era parte del sistema latinoamericano

 

En 1976, se enlistó como combatiente en las brigadas internacionalistas cubanas, para participar en la Guerra Civil de Angola.

En 1978 publica su segundo álbum de estudio “Al final de este viaje”. Grabado en Madrid luego de la dictadura española. Con toques de guitarras acústicas y la voz del cubano revolucionario, este disco cobijó grandes temas como “Ojalá”, el cual fue publicado de manera oficial gracias a este proyecto. Entre críticas sociales, nos hace ver una realidad tangible, pero que ignoramos. Entre frases que van desde nuestro precio ante el sistema, el partirse entre dos mundos y el siempre permanecer fiel a la trova… cueste lo que cueste.  

El hombre que nos enseñó que la cobardía es asunto de los hombres, no de los amantes, muestra su lado más romántico, pero sin perder la crítica a los valores sociales aprendidos. Silvio, nuestro mejor orador, pudo conjugar cada uno de sus versos, obteniendo el disco con mayores elogios ante la comunidad musical. El disco alberga grandes éxitos como “Óleo de mujer con sombrero”, “Debo partirme en dos”, “Resumen de noticias” y “La familia, la propiedad privada y el amor”. 

Ese mismo año publica el disco “Mujeres” que, en palabras de Silvio, es su favorito. Este proyecto es el poemario perfecto para la concepción de las mujeres que tiene Silvio. Este hombre se estremecía ante la valentía, heroísmo y tenacidad de las mujeres. La canción homóloga del álbum se convirtió en uno de los grandes himnos del papel de la mujer en la sociedad latinoamericana. 

Silvio, a través de este disco, nos enseñó que la historia ha puesto en laureles a valiosas mujeres, pero no las suficientes, porque hay desconocidas que son tan gigantes, que no hay libros de historia que las aguanten. 

En 1980 publica el disco “Rabo de nube” y dos años después publica su obra más internacional “Unicornio”, el cual logra colocar a Silvio como máximo representante de la Trova en Latinoamérica. En este periodo Nicaragua logra la revolución sandinista y provoca que la música de este cantautor se disperse entre el aire y las moléculas de toda la juventud universitaria y obrera de los ochenta. 

En Guatemala, el papel de Silvio fue notable entre la dictadura de Efraín Ríos Montt, siendo una ruta de protesta y escape ante las atrocidades perpetradas por el Estado de Guatemala en contra de estudiantes y poblaciones indígenas. Los personajes de aquella época hablan de la música de Silvio como una luz en medio del caos provocado por la guerra. En estos años Silvio se volvió parte imprescindible de la lucha por la libertad en nuestro país. 

Estudiantes de la AEU marchando durante la década de los setenta // Fotografía: Soy USAC

En el marco del aniversario 25 de la Revolución Cubana, Silvio lanza el álbum triple “Tríptico”, los cuales son tres publicaciones distintas, que se complementan entre sí. De este ambicioso proyecto nace “La gota de rocío” “Yo te quiero libre”, “Ángel para un final” y “Nuestro tema”. Pablo Milanés fue parte de la musicalización del disco. 

Para 1990, Silvio sigue de gira por países de Europa y América. Entre los fines de los conflictos en los países hermanos, la música de Silvio va tomando otros tintes que no solo son la antesala de una lucha, sino de la paz anhelada. Ese año, Silvio pudo regresar a Chile y cantar frente a una audiencia de 80,000 personas. Este acto de dignidad marcó un antes y un después para el tejido social de toda Sudamérica. El trovador regresó, y los dictadores desaparecieron… una analogía que habla por sí sola… 

En 1992 lanza su segundo proyecto triple, el cual es un homenaje a su nombre y la inmortalización de su música. El primer disco es “Silvio”, el cual contiene sus reconocidos últimos grandes temas de la trova. Este disco resguarda el tema de lucha por excelencia. “El Necio” es un himno de protesta que ha marcado la historia de todos los países. En el contexto posguerra en el que se publicó la canción, la convierte en la carta final de toda una generación que luchó por el cambio de vida en nuestra región. 

El hombre que morirá como vivió logra consagrar el final de los conflictos del siglo XX como heroico y digno de los libros. La necedad de vivir sin tener precio, lo llevó a ser parte esencial de nuestra existencia.

Dicen que me arrastrarán por sobre rocas 

Cuando la revolución se venga abajo

Que machacarán mis manos y mi boca 

Que me arrancaran los ojos y el badajo

 

El Necio | Silvio Rodríguez

Con los años publica los siguientes dos discos del proyecto: “Rodríguez” y “Domínguez”. El final de siglo trajo consigo cientos de premiaciones y el reconocimiento merecido en los países en el que fue censurado. Aquellos jóvenes que escuchaban su música de forma “ilegal”, ahora lo pueden realizar en plena libertad. Esos mismos que eran condenados por oír música contra el sistema, hoy son liberados de las ataduras y agradecen la compañía del hombre trovador. 

En 1997 la UNESCO lo condecoró como artista por la Paz.

En el nuevo milenio, Silvio siguió trabajando en todas las direcciones de la dignidad. Entre recuerdos de aquella historia de lucha, el mundo le otorgó un poco de lo mucho que nos dio. Los premios e invitaciones no se hicieron esperar. El mundo empezó a reabrir sus puertas a su voz y guitarra. Después de 30 años, logra regresar a Estados Unidos provocando el espejismo antológico perfecto para quitarnos la venda de los ojos. 

Hoy, el gran cantante de Cuba sigue siendo parte de nuestras vidas. En cada partícula que respiramos, monumentos que tocamos y luchas que rememoramos, su música tuvo un poco de influencia. Entre cada sonrisa, lágrimas, himno, poema o vivencia de la época de conflicto, vive una nota y verso de Silvio. Entre los muros de las universidades, sindicatos, parques y plazas hay ecos que resuenan “yo me muero como viví”. 

Esta generación de necios sigue los pasos de aquel hombre que nos mostró la importancia del silencio entre los dos. El señor de la revolución nos recuerda que las cosas pueden cambiar, pero que es necesario hacerlo con gracia y música. Si no creyéramos en su música y forma de vida ¿Qué sería de nosotros? 

Su legado siempre lo tendrá vivo en cada uno de nuestros corazones. Seguimos siendo fieles a su trabajo, y hoy, lo celebramos por haber dado su vida a la lucha de toda una región que solo quería libertad. Esa guitarra, esa gorra y ese micrófono siempre serán el arma más letal contra el sistema, porque un pueblo que escucha música siempre será libre.

Silvio cantando en la embajada de Cuba en España // Fotografía: La Gaceta

Que ganas de gritar “vivo en un país libre” a todo pulmón. El trabajo se hace todos los días, dejemos de ser maza sin cantera, amasijos de cuerdas y tendones, y seamos revolucionarios artísticos que juegan todos los días a ser ciudadanos de amor y crítica social.

Por nuestros presos políticos, la democracia de este país y el legado de Silvio… 28 de noviembre, el día de Silvio como icono de lucha.

José Moran

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