La historia de un sobreviviente: las torres

Antes de decir que Estados Unidos es el país modelo que todos los demás países del mundo deberían imitar, recordemos la historia de Luis; un golpe de la realidad contundente contra las personas que hablan de “escapar de Latinoamérica” muy a la ligera. Luis no tenía más opción que regresar al cuarto que rentaba y enfrentarse a la despiadada soledad que allí sufría. El horror, los traumas y el calvario que viven los latinoamericanos con el anhelo de una mejor vida para sus familias.

En la columna “¿Qué hay detrás del sueño americano?” abordamos la historia de Luis, un hombre cuya historia nos ayuda a dimensionar todas las implicaciones que existen al migrar a Estados Unidos y todas las adversidades que alguien tiene que enfrentar para hacerlo. Así también, cómo las dificultades no menguan al llegar a destino. 

Luis pasó mucho tiempo buscando trabajo. Si llegar a los Estados Unidos fue una experiencia adversa y despiadada, conseguir trabajo lo fue aún más. A Luis le provocó una profunda tristeza ver como el tiempo transcurría y no podía superar las barreras a las que se enfrentaba para ganar dinero y enviárselo a su familia, ya que ese fue el motivo por el cual decidió migrar. Con el tiempo, Luis se topó con alguien que también hablaba español a quien él describe como: 

“Ángeles que Dios coloca en el camino”

Su nombre era Byron.

Byron trabajaba para una compañía de construcción cuyos dueños eran irlandeses y le proporcionó trabajo a Luis, aunque no tenía ningún tipo de conocimiento o experiencia previa en la construcción. A pesar que al fin Luis había logrado conseguir un trabajo, esto tampoco le proporcionaba felicidad pues se sentía muy impotente al no hablar inglés y depender de Byron para que este le tradujera lo que tenía que hacer. El idioma es uno de los obstáculos más grandes que un guatemalteco enfrenta al migrar hacia Estados Unidos.

Luis se sentía muy mal cada vez que Byron se ausentaba al trabajo, ya sea por enfermedad o algún contratiempo. Los irlandeses hablaban únicamente inglés y le gritaban de forma abusiva a Luis cuando se cansaban de darle instrucciones en un idioma que él no entendía.

Fuente: Conexión Migrante.

Transcurrido un tiempo, los jefes de Luis decidieron que no era un trabajador apto para la construcción así que por intervención de Byron decidieron darle la oportunidad de trabajar en otra área, trabajo en altura. La primera vez que Luis puso un pie en un andamio a 30 pisos de altura, el pánico fue tanto que rompió en llanto y solamente el amor a su familia y su anhelo de apoyarles económicamente le infundieron el valor suficiente para dominar su miedo y conservar su trabajo. Así fue como Luis comenzó a trabajar haciendo mezcla para albañiles que trabajaban en altitudes dignas de un rascacielos.

Luis nos narra como era tanto su cansancio que todos los días después de su trabajo, llegaba tan cansado al pequeño cuarto que rentaba y se quedaba dormido con su ropa de trabajo para levantarse de madrugada al día siguiente, comer una sopa instantánea y dirigirse nuevamente al trabajo. Otro de los problemas que Luis enfrentaba en ese momento fue que durante el invierno muchos trabajos se suspendían por nieve, incluyendo el suyo y eso implicaba pasar alrededor de seis meses sin trabajo.

Entonces Luis se veía en la situación en la que con el dinero que ganaba en verano debía pagar su renta, comprar las sopas instantáneas necesarias para no morir de hambre y ayudar económicamente a su familia en la cual estuvo varios años.

Durante el invierno, Luis apaleaba la nieve de las casas de las personas sin que se lo pidieran con la esperanza de que los dueños de esa propiedad al levantarse por la mañana le dieran algo de dinero para comer. Luego de buscar trabajo sin éxito durante el día regresaba en la noche a su cuarto en donde no tenía más que una cama para dormir.

Fuente: El Diario NY

En su búsqueda por un trabajo estable, con experiencia en construcción y trabajo en altura, Luis llegó a una empresa dirigida por españoles cuyos trabajadores en su mayoría eran latinoamericanos o españoles, por tanto, hablaban español. En ese nuevo trabajo, Luis ganaba un poco más de dinero que en su trabajo anterior. Sin embargo, aún no era lo suficiente para tener algo para comer durante la hora del almuerzo; mientras los demás se sentaban a comer y se burlaban de Luis por no poder darse ese lujo. A él no le quedaba más que salir del edificio y sentarse a la orilla de la calle y esperar a que transcurra el tiempo de comida. Luis nunca imaginó que esta misma empresa tenía a su cargo el mantenimiento de nada menos que las Torres Gemelas del World Trade Center. 

Luis siempre se ha descrito a sí mismo como una persona muy puntual. El 11 de septiembre de 2001, Luis se levantó a la hora habitual. Tomó el metro como siempre lo hacía en cada jornada laboral. No obstante, por alguna razón que nunca conoceremos, el metro experimentó fallas técnicas y se detuvo por alrededor de 30 minutos, retrasando inevitablemente a Luis con respecto a su hora estipulada para empezar su día laboral.

Al llegar Luis a su trabajo, su compañero se encontraba alrededor del piso 70 de las torres gemelas. Por su parte, él y su compañero provisional apenas iban por el segundo piso. De forma muy repentina, ambos trabajadores percibieron el sonido lejano de un avión al que no le prestaron importancia hasta que se vieron sumergidos en una lluvia de vidrios rotos y materiales. La primera aeronave se había estrellado en una de las torres, el atentado había comenzado.

Fuente: Infobae

Luis y su compañero que se encontraban en el segundo piso, sintieron el calor de la explosión en primera mano. Si ellos notaron de forma evidente la onda de calor provocada en ese momento por el impacto del avión, era evidente que su compañero que se encontraba en un piso 70, había sufrido una dolorosa muerte por el calor del impacto. Una muerte que Luis esquivó por un conveniente retraso del metro. Luis le atribuye estos hechos a Dios, ya que siempre ha sido un fiel creyente.

Luis se comunicó de inmediato con su encargado, quién le confirmó que se trataba de un atentado terrorista al momento de impactar el segundo avión en la torre en la que Luis se disponía originalmente a trabajar. Luis se vio obligado a saltar y al momento de caer al suelo y sujetarse de algo para ponerse en pie, se dio cuenta que el objeto que sostenía en sus manos era una pierna humana. Al momento de dimensionar que era una parte humana lo que sostenía en sus manos, Luis entró en shock y se polarizó del miedo mientras lloraba.

Luis narra su historia durante ese momento tan terrorífico. Además, cuenta cómo los cuerpos de las personas que decidían saltar de las torres, en vez de morir a manos de las llamas, caían a tierra como globos de agua explotando y dispersando sus órganos internos por toda la zona.

Fuente: La Vanguardia

Luis corrió a refugiarse en una estación del metro, aterrado y llorando. Cuando las personas notaron que estaba en muy mal estado, comenzaron a preguntarle qué era lo que le pasaba y porque estaba cubierto de restos humanos. La policía estaba enterada de la situación y trataron de calmarlo hasta que llegó una ambulancia, en la cual Luis cayó inconsciente.

Luego de unas semanas de estar en el hospital, Luis fue dado de alta con la insistente recomendación de no vivir solo. Ello para evadir todo lo posible los pensamientos suicidas que el trauma seguramente le provocaría. No obstante, Luis no tenía más opción que regresar al cuarto que rentaba y enfrentarse a la despiadada soledad que allí sufría.

Eventualmente, Luis recibió la llamada del encargado de su trabajo, quién únicamente ofrecía a los sobrevivientes un bono de 500 USD como resarcimiento por todo su sufrimiento acompañado solamente por una amenaza para que no presentaran una demanda contra la empresa. Luis, como la gran mayoría de sus trabajadores, no poseía papeles ni ciudadanía. Por ende, recibían su pago en efectivo. Por lo tanto, la empresa que los empleaba podía argumentar en un juicio que nunca existió una relación laboral.

Esta es una práctica muy común en las empresas en Estados Unidos. El supuesto país de las oportunidades emplea de este modo para no pagar impuestos ni prestaciones laborales a sus trabajadores, así como aprovecharse de la necesidad de los migrantes con tal de obtener mano de obra barata.

Durante la llamada en la que Luis recibió esta información, también se le notificó que su compañero, que se encontraba en el piso 70, se encontraba dentro de las muertes confirmadas del atentado. En efecto, de no ser por el inexplicable retraso del metro en el que Luis se transportaba para su trabajo, su muerte hubiese sido segura. Nuevamente, el protagonista de nuestra historia, le atribuye estos hechos que le salvaron la vida a la influencia divida y se siente muy agradecido con el Dios cristiano por permitirle continuar con su vida estando tan cerca de la muerte.

En el lugar en el que estaban las Torres Gemelas, se construyeron dos fuentes que se hunden hacia el piso para representar el vacío que dejó el atentado. A las fuentes se les conoce como "9/11 Memorial", alrededor suyo se encuentran grabados los nombres de las casi 3 mil víctimas. Fuente: Diario AS.

El trauma por el atentado repercutió en Luis tanto física como psicológicamente. La experiencia le causó lesiones en la columna que le dificultaban realizar su trabajo. Como era de esperarse, el horror era tanto que le invadía el simple hecho de continuar viviendo en Nueva York que se vio obligado a abandonar la ciudad y probar suerte en otra parte de Estados Unidos. Luis nunca recibió ningún tipo de resarcimiento por parte del Estado e incluso casi 10 años después, el trauma aún le perseguía.

Al momento de abordar un avión para viajar y volver a su familia, recuerdos invasivos del traumático suceso invadía su mente. La única opción que tenía para viajar era permanecer sedado con los calmantes que le proporcionaban las azafatas durante todo el vuelo.

La mayoría de los trabajadores que exponían su vida en trabajos a semejantes altitudes eran latinoamericanos indocumentados y jamás ha existido interés por parte del gobierno estadounidense por incluir a las mayorías latinas en su sociedad. Antes de decir que Estados Unidos es el país modelo que todos los demás países del mundo deberían imitar, recordemos la historia de Luis. También, las vivencias de todos los latinoamericanos explotados en ese país que todos los días viven un calvario que no parece tener fin. Su anhelo es apoyar económicamente a sus familias, mismos que se vieron obligados a abandonar en busca de un mejor  porvenir.

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