Los avances tecnológicos siempre se han dado con el propósito de hacernos la vida más fácil y eficiente. Desde reemplazar la máquina de escribir por una computadora, resolver ecuaciones complejas con una calculadora en lugar de tener que hacer un gran proceso a mano, hasta no tener que ir a una biblioteca porque la información está a un clic de distancia por medio del internet, entre muchas otras. En la actualidad, la inteligencia artificial (IA) está jugando un importante papel para desempeñar un sinfín de tareas personales, educativas y profesionales, pero la línea entre qué es un uso aceptable de la IA y qué es una falta ética cada vez es más delgada y borrosa.
Empecemos por definir qué es la inteligencia artificial. Para muchos se reduce a hacerle preguntas a ChatGPT, pero en realidad, la IA es una forma en la cual las máquinas llevan a cabo procesos que pretenden imitar a la inteligencia humana. De hecho, la IA se ha vuelto tan común, que forma parte de nuestra vida diaria sin que nos demos cuenta. Entre sus usos se encuentra el autocorrector del celular, los motores de búsqueda en internet, los navegadores de GPS, las sugerencias de contenido en plataformas de streaming, las compras en línea, entre muchos otros.
Ahora bien, las aplicaciones de IA llamadas chatbots como ChatGPT de OpenAI, Gemini de Google o Copilot de Microsoft, han venido a revolucionar la tecnología y darle a muchas personas herramientas accesibles que los ayuden a optimizar actividades relacionadas con sus trabajos, estudios y vida diaria. Sin embargo, el uso excesivo de este tipo de herramientas puede tener consecuencias negativas a largo plazo.
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Recientemente, el Massachusetts Institute of Technology (MIT) realizó un estudio para evaluar las funciones cognitivas que exhiben distintos grupos de personas al momento de redactar un ensayo. 54 participantes se dividieron en tres grupos, LLM (Modelo de lenguaje de gran tamaño o Large Language Model por sus siglas en inglés, que es en esencia el tipo de IA que usa ChatGPT), motores de búsqueda y otro grupo denominado Brain-only (cerebro únicamente), es decir, que no iban a usar ninguna herramienta.
Cada grupo completó tres sesiones y estaban conectados a un electroencefalógrafo mientras redactaban el ensayo. Después de la tercera sesión, los usuarios de LLM y motores de búsqueda pasaban a Brain-only para que posteriormente sus ensayos fueran evaluados tanto por un humano, como por una IA. Los resultados revelaron que los usuarios del grupo LLM mostraban la conectividad cognitiva más débil y que incluso tenían problemas citando partes de sus ensayos, ya que, como era de esperarse, muy poco del contenido era genuinamente de su autoría.
Si bien este estudio es solo una pequeña muestra, nos pinta un panorama bastante preocupante sobre el estado actual del manejo de tareas de las personas actualmente y lo que podría llegar a pasar si no se regula o controla de alguna forma el uso de inteligencia artificial para la realización de tareas.
Las consecuencias de hacer mal uso de la IA
Estamos llegando a un punto en el cual tenemos IAs para crear instrucciones o prompts para darle a otras IAs porque ya hasta eso le está costando a algunas personas. El problema de depender tanto de este tipo de herramientas es que lentamente vamos perdiendo nuestra capacidad analítica y de ejercer juicios críticos, o incluso, de tomar decisiones. Ni siquiera estamos hablando de los dilemas éticos que esto conlleva, pero lo que puede significar en función de nuestras propias habilidades y desarrollo personal.
Creo que todos conocemos a alguien que ya no puede hacer una tarea de la universidad sin usar ChatGPT, ya que si no plagian todo el contenido, a lo mucho editan una que otra palabra, esperando que el catedrático no se dé cuenta que el texto fue redactado por una IA. Actualmente, ya se están aprobando leyes con el fin de regular el uso de la IA y promover la transparencia y la ética detrás de estas prácticas. La Unión Europea (UE) aprobó en mayo de 2024 la primera ley que establecía parámetros y límites claros con relación al uso de la IA, principalmente enfocada en los riesgos que esta conlleva.
Países como Brasil y Canadá también están activamente implementando legislaciones para regular el uso de la IA en sus territorios, mientras que otros países como Suiza, han preferido enmendar sus leyes actuales incorporando nuevos dictámenes sobre la IA conforme sea necesario en lugar de hacer una ley nueva completamente enfocada en el tema.
En Guatemala aún no existen iniciativas de ley relacionadas con la IA, y es muy probable que estemos muy lejos de ver algún intento de legislarla. De por sí, la situación educativa en el país es muy pobre, por lo que ni siquiera estamos en un plano en el cual tenga sentido que eso sea una prioridad cuando de acuerdo a datos oficiales del SIRE (Sistema de Registros Educativos), solo el 7% de las escuelas públicas contaba con acceso a internet en el 2022, una cifra que es poco probable haya cambiado mucho.
¿Hasta qué punto es aceptable el uso de la IA?
Este es un punto muy contencioso, porque alguien que usa ChatGPT para preguntarle hasta las cosas más simples y que ha desarrollado un nivel de codependencia con la aplicación, es muy probable que no esté de acuerdo con limitar su uso, mientras que otras personas que se rehúsan a usarla, podrían incluso decir que se elimine por completo, pero la realidad es, que independientemente de nuestra postura u opinión sobre la IA, esta llegó para quedarse y debemos aprender a vivir con ella.
Lo que se debe hacer es encontrar un punto medio. No se debe llegar al extremo de que no podamos hacer nada sin ella, pero tampoco rechazarla por completo. Todos queremos facilitarnos la vida, pero es preferible tomarse un tiempo para aprender a hacer bien una tarea, especialmente si nuestra vida o trabajo depende de ella, en lugar de que nuestro primer instinto sea recurrir a la IA. Recordemos que estas herramientas hacen uso de internet, el cual es un recurso al que si bien estamos acostumbrados, nunca sabemos cuándo pueda llegar a hacer falta.
Un ejemplo muy claro es el uso de Excel. Si tu trabajo requiere el uso de este programa para hacer reportes o cálculos, pero no es posible llevarlos a cabo sin preguntarle a la IA, ¿hasta qué punto podemos decir que la IA no nos va a reemplazar algún día en nuestras labores?
Mucho se habla del miedo de que la IA nos quite nuestros trabajos, pero detengámonos a pensar si realmente es rentable estarle pagando un sueldo a alguien que ya no puede ni siquiera hacer una búsqueda en Google sin preguntarle antes a la IA.
Si la IA se está volviendo más inteligente que el trabajador promedio, realmente no es la IA la que nos va a quitar el trabajo, es nuestra propia ineptitud, dejadez y renuencia a aprender cosas nuevas, lo que eventualmente pasará factura.
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Dereck Richman
Periodista apasionado por las letras, el cine y el teatro. Escribo sobre temas sociales, principalmente enfocados en la comunidad LGBTIQ+, políticos y culturales. Considero la escritura una herramienta para el cambio y con el poder de influenciar generaciones y es eso lo que busco transmitir a través de lo que escribo.










