En 1926, el economista George Taylor creó la teoría del dobladillo, que consistía en que el largo de las faldas se relaciona con la economía. Si eran cortas había un auge económico, pero en la recesión estas se alargan, tal como en los años treinta, en donde se dio una crisis económica severa.
En los años sesenta, el uso de la minifalda comenzó a ser tendencia entre mujeres jóvenes queriendo salir de la silueta de las mujeres tradicionales y dejar de lado el conservadurismo que conllevaba esa época. Fue entonces cuando diseñadores como Yves Saint Laurent, André Courrèges y Mary Quant comenzaron a utilizar moldes con dobladillos más cortos, siendo la última a quien se le atribuye la creación de las minifaldas.
En los años sesenta, las minifaldas fueron utilizadas por las mujeres como una forma de expresión a la liberación sexual que traía consigo la invención de la pastilla anticonceptiva, sin embargo, pese a su auge, en 1966 Christian Dior presentó su colección otoño/invierno que no incluía ninguna minifalda, impactando a las mujeres de aquella época, quienes protestaron con pancartas con la frase: “Mini Skirts Forever” . Fue tal el impacto que un grupo de mujeres denominado “Sociedad Británica para la Protección de las Minifaldas” se unió para protegerlas, pues la minifalda transmitía rebeldía y resistencia, convirtiéndose así en una forma de protesta.

Te podría interesar: La moda como resistencia: cuando la ropa se convierte en un acto político
Y bien, algo similar pasó con la marca Denim Tears creada por Tremaine Emory en 2019, quien gracias a su gran trayectoria en el marketing, colaboró con marcas como Supreme, Yeezy, Off-White o de publicaciones como The Face. Al percatarse de la discriminación racial que había en el sector, creó su propia marca en la que podemos ver una corona de algodón que simboliza las condiciones de trabajo de los afroamericanos que recogían este material, resultando así con un mensaje claro, recordar el racismo y la lucha que se tuvo en Estados Unidos.

Así también, las mujeres integrantes del convite “IXKEM” de Palín, Escuintla, protestan a través de su indumentaria en contra de la indumentaria digitalizada y sublimada, la rechazan utilizando indumentaria completamente creada por tejedoras palinecas.

Con esto en mente, no es casualidad que solamente en época de propaganda política se utilice nuestra indumentaria como símbolo de empatía y respeto, cuando detrás de ello no hay conciencia de lo que significa cada bordado o color.
Luego de esos meses, ¿a cuántos más vemos utilizando la misma prenda? Claro que llega septiembre y vuelven a prestar indumentaria, porque es mejor opción que comprar. Al parecer, solo en esos momentos existimos, por lo que utilizan nuestra indumentaria como instrumento para acercarse al poder y mientras nosotras comunicamos resistencia, ellos comunican algo ocasional, que pueden o no utilizar.
Lo mismo pasa con representantes de belleza, cuando las personas ven a una mujer blanca, alta o con una belleza hegemónica utilizando indumentaria es motivo de aplausos, olvidándose de quienes utilizamos nuestra indumentaria de forma cotidiana. Se nos hace a un lado como si ellas fueran el único símbolo de atractivo del país o como si solo en situaciones puntuales pudiéramos estar orgullosos de nuestra identidad.
Nuevamente utilizan las prendas para expresar algo de lo que parecen estar orgullosos. Mientras a nosotras se nos señala de indias, a ellas se les celebra. Su orgullo guatemalteco es selectivo cuando se trata de nuestra cultura e historia.
Tampoco es novedad que el color de este año sea el “Could Dancer” un tono blanco, según Pantone, puesto que las tendencias en redes sociales son el “clean look”, el “old money” y el minimalismo, estilos con los que se quiere comunicar estatus, poder y quizás regresar al conservadurismo y rectitud, señalando a quienes no portan este estilo.
Desde mi punto de vista, es interesante ver y analizar cómo cada prenda, incluso cada color, puede estar influenciado por algo que nosotros desconocemos. La historia y la moda han demostrado que si bien es cierto que por sí solas las prendas no significan mucho en la mayoría de los casos, son las personas las que les dan un significado.
La moda no solamente se ve, se lee y por consecuencia, se interpreta. El estilo cada uno lo posee y aunque no nos demos cuenta, también es una forma de expresarse, una forma de hacerse notar o simplemente de hacer ver nuestras posturas y vivencias. Todos los días elegimos ser nosotros a través de nuestras prendas y podemos o no, dar un mensaje a través de ella.

Escrito por: Cindy Beatriz Nohemí Pérez Loayes
Mi nombre es Nohemí, pueden llamarme Sunny. Hablo mucho por lo que tengo mucho que compartir.











2 comentarios
Palabras muy acertadas, en estos tiempos modernos aún existe ciertas creencias y estereotipos, que encasillan a las personas ya sea por su forma de vestir o de ser, pero al final todos somos iguales y debemos de admirar la belleza en forma que se nos presenta…
En nuestro país la vestimenta siempre ha sido un acto de resistencia sin embargo, como bien lo decías va depender de quien la porte, si es una mujer Maya es algo común y rutinario pero cuando lo porta una mujer con rasgos europeos o las colocan en espacios de élite le dan más valor y relevancia. Haciendo que las portadoras originarias no valgan, creando así una carga de prejuicios.