En aquel viejo espejo de vidrio plateado, colocado en la pared color bermejo
Vive una mujer, la mujer en el espejo
Me mira y me mira, “¿Aumentaste de peso?” Pregunta levantando el entrecejo
“Y debes de hacer algo para cambiar tus piernas de cangrejo”
“Tu rostro es opaco y se ve amarillejo”
¿Por qué siempre que la visito me acomplejó?
¿Por qué me perturba mi propio reflejo?
¿Por qué no consigo verme hermosa?
¿Por qué no consigo verme como esa famosa?
“Debes ser alta, más alta”
“Debes ser delgada, más delgada”
“Debes ser rubia, más rubia”
“Debes tener a piel perfecta, más perfecta”
¡Basta, basta! ¡Déjame en paz!
“Debes verte joven, más joven”
“Debes de demostrar seguridad, más seguridad”
“Debes ser delgada, más delgada”
“Tus ojos deben ser grandes, más grandes”
¡Déjame en paz! ¡Déjame en paz!
¿Por qué siempre que la visito me acomplejó?
¿Por qué me perturba mi propio reflejo?
¿Por qué no consigo verme hermosa?
¿Por qué no consigo verme como esa famosa?

¡Nunca es suficiente, nunca es suficiente!
Debo ser más bella, más bella, más bella
La mujer en el espejo nunca está satisfecha
Su crítica en todo tiempo me asecha
En aquel viejo espejo de vidrio plateado, colocado en la pared color bermejo
Vive una mujer, la mujer en el espejo
Juzga con firmeza y con franqueza
Porque la belleza no puede ser alcanzada sin dureza
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Sue Estrada
Abogada y Notaria en ejercicio. Interés en temas relacionados al Derecho, Política, Filosofía, Teología y Literatura Universal.










