La frase con la que el Dr. David Molina abre la conversación del tercer episodio podría estar enmarcada sobre cualquier hospital:
«Un trasplante no es solo una cirugía; es devolver tiempo y dignidad para vivir»
Con esa introducción, el Dr. Rudolf García-Gallont, pionero en trasplantes renales en Guatemala, repasa una historia que combina ciencia, ética y esperanza.
Una epidemia "catastrófica"
El concepto incomoda y a la vez ordena el panorama: enfermedades catastróficas. No son masivas como una infección estacional, pero consumen presupuestos enteros.
«Con el dinero que salva a un paciente de una enfermedad catastrófica, se puede vacunar a una población entera»
En Guatemala, miles de diabéticos e hipertensos cruzan la frontera del daño renal irreversible; unos 10–15 mil requieren terapias de reemplazo, y solo dializarlos cuesta cientos de millones de quetzales al año. Es una “epidemia” de otra escala: la que obliga a pensar en décadas, en estructura y en cultura.
De vivencias personales al compromiso: el inicio de una ruta
El camino del Dr. García Gallont hacia los trasplantes comenzó en sus años como estudiante de medicina en el Hospital General San Juan de Dios, donde presenciaba el sufrimiento de pacientes con Enfermedad Renal Crónica (ERC) terminal. Recuerda vívidamente a jóvenes pálidos e hinchados, sometidos a rudimentarios procedimientos de diálisis peritoneal que apenas aliviaban su toxicidad, para luego regresar inevitablemente al hospital o fallecer en casa.
«Ese día entendí que había una enfermedad mucho peor que el cáncer, igual o más mortal si no había intervención adecuada»
Fue esa escena la que lo llevó a Alemania, donde aprendió los métodos de trasplante más avanzados del mundo. Volvió con una misión: replicar la esperanza en su país. A su regreso, en los años 80, impulsó programas que convirtieron al trasplante renal en una opción real dentro de la salud pública.

Lo esencial, sin rodeos: ¿qué es trasplantar?
El doctor evita tecnicismos. Cuando los riñones fallan de manera irreversible, hay tres caminos: hemodiálisis, diálisis peritoneal y trasplante. Las dos primeras atan al reloj, a la máquina, a la ruta conocida de asistir, conectarse, esperar; la tercera coloca adentro lo que afuera ya no alcanza.
«Es una terapia 24/7 que trabaja desde adentro; claro, con medicamentos y disciplina. Pero devuelve la normalidad posible»
Para explicar la diferencia, el doctor cuenta una escena sencilla: un empleador entrevista a dos candidatos igual de cualificados para un mismo empleo. Uno necesita ausentarse tres veces por semana para diálisis; el otro, trasplantado hace cinco años, puede adaptarse a cualquier horario. “Misma enfermedad,” dice, “vidas de distinto alcance.”
Hitos locales: de pioneros y primeras veces
La historia local se escribe con nombres propios. A finales de los ochenta, el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) realiza su primer trasplante renal. Poco después, en 1989, en el Hospital General San Juan de Dios arranca el programa pediátrico en salud pública; a inicios de los noventa, el equipo se expande a adultos. Hacia 1995, el país celebra su primer trasplante de donante fallecido con éxito.
Durante años, la base fue el donante vivo relacionado: madres, padres, hermanos. Funcionó, sí, pero con un matiz que puede resultar incómodo:
«Desvestimos un santo para vestir a otro”»
Cuando una persona dona un riñón, continúa viviendo con uno solo. Con el tiempo, puede enfrentar enfermedades comunes de la vida adulta, como la hipertensión o la diabetes, lo que supone un mayor cuidado para mantener su salud. Por eso, la forma más sostenible de continuar con los trasplantes es fomentar la donación de órganos de personas fallecidas, bajo normas claras y transparentes.
Con serenidad, García-Gallont recuerda que cualquiera puede pasar de un extremo a otro en la cadena de la vida:
«Hoy estoy bien, pero mañana puedo convertirme en paciente. O puedo morir en un accidente y ser donante. Todos estamos en esa línea»
Hablarlo antes: del tabú a la decisión
El peor momento para educar a una familia sobre donación es en medio de la tragedia.
La escena duele: un joven accidentado, el corazón latiendo gracias al ventilador, monitores que no se callan, el diagnóstico de muerte encefálica que suena a contradicción y, de pronto, la pregunta: “¿estarían dispuestos a donar?”.
Es allí donde emergen figuras silenciosas y cruciales: los coordinadores hospitalarios de trasplantes, profesionales capaces de transformar el sinsentido en oportunidad de dar vida. Cuando el discurso se centra en regalar vida y no en “sacar órganos”, la estadística da un giro: de la negativa como reflejo a la aceptación como acto de amor.
¿Entonces cuándo empezar? En casa, en la mesa, sin tabúes; en la escuela, con historias que niños y adolescentes comprendan; en la universidad, en medicina, en derecho, en comunicación: ningún pensum debería graduar profesionales ignorantes de algo que puede salvar varias vidas en un mismo día.
Asignar con justicia: un sistema que inspire confianza
Con la nueva ley de trasplantes y la Dirección Nacional de Transplantes, Guatemala empieza a ordenar: registros oficiales, protocolos estandarizados y una lista nacional blindada que prioriza por tiempo en diálisis, compatibilidad y urgencia pediátrica. Los nombres no aparecen al inicio: un algoritmo cruza criterios clínicos; solo después emergen las identidades y se verifica su condición
«Estamos construyendo confianza y la confianza solo existe cuando hay reglas claras»
Además, el sistema se apoya en un Consejo Técnico Consultivo (protocolos, medicamentos, reglamento) y un Consejo Nacional de Trasplantes (MSPAS, IGSS, MP, INACIF, Colegio Médico) que fiscaliza, regula, audita y previene el trasplante comercial. Garcia Gallont lo resume con puntualidad: “La ley es el estadio; el reglamento, las reglas del juego”.
Ética sin atajos: por qué no hay “mercado” de órganos
El doctor no vacila: pagar por un órgano es explotación. Siempre hay asimetría (dinero, empleo, herencia, presión religiosa o laboral). La ley tipifica el trasplante comercial como delito y obliga a los equipos a indagar el vínculo entre donante y receptor cuando no son familia. No se trata solo de billetes: también es coerción, favores, ascensos.
«A las personas no se les asigna precio, ni a sus partes No hay matiz ahí»
Recuerda el día en que un hacendado llegó a su oficina acompañado de uno de sus trabajadores, dispuesto a que este le “donara” un riñón. El doctor le respondió con calma:
«Perfecto, lo operaremos el día que entre aquí un patrón dispuesto a donar un órgano a su trabajador. Ese día, lo llamo»
El hacendado guardó silencio, tomó sus cosas y se marchó con la cola entre las piernas, sin volver a decir una palabra.
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Números que pesan, brechas que apremian
En los últimos quince años, Guatemala ha realizado en promedio 120–130 trasplantes anuales. Hoy, ocho de cada diez provienen de donante vivo y dos de cada diez de donante fallecido. El objetivo sensato es invertir esa proporción.

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¿Dónde aprieta el zapato? En la detección oportuna de potenciales donantes en UCI, en la movilización rápida de candidatos compatibles y en la descentralización: el país no puede depender solo de tres hospitales. Quetzaltenango, por ejemplo, debiera desarrollar su propio polo trasplantador bajo los mismos estándares y auditorías.
Perspectivas futuras: prevenir más, trasplantar mejor
En un mundo ideal, dice el doctor, “no habría trasplantes, porque nadie llegaría a necesitarlos”. Utopía necesaria que guía la prevención y el diagnóstico temprano.
En un escenario mas realista, el camino pasa por fortalecer el Programa Nacional de Salud Renal, educar, descentralizar y seguir formando coordinadores hospitalarios. Todo lo sintetiza a través de una sencilla una metáfora: Jugar en selección nacional, no en ligas separadas.
«Por primera vez el Ministerio está haciendo un esfuerzo coherente y conjunto»
Donación de órganos: la obra más grande de amor
Antes de despedirse, el doctor comparte una frase que lleva años repitiendo en conferencias: un viejo bumper sticker que vio en Estados Unidos:
«Don’t take your organs to heaven / no te lleves tus órganos al cielo… El cielo sabe que los necesitamos aquí»
Y agrega, con la calma de quien ha visto la vida renacer una y otra vez sobre una mesa de quirófano:
«Hablar de donación no es hablar de muerte; es hablar de continuidad. Es la obra de caridad más grande que un ser humano puede hacer por otro: dar vida»
Este episodio deja una certeza: el trasplante renal es ciencia que funciona, sistema que ordena y humanidad que decide. Si queremos que más guatemaltecos vuelvan a estudiar, trabajar, criar, amar sin el reloj de la diálisis pegado a la piel, necesitamos confianza pública y conversaciones privadas. Abrámoslas ya: en casa, en la escuela, en el hospital. Y dejemos escrito, dicho y repetido: no te lleves tus órganos al cielo; los necesitamos aquí.
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Bethzy Gutierrez
Especialista en administración hospitalaria. Comprometida con la promoción del bienestar visual y el desarrollo profesional en el ámbito de la salud. Apasionada por el aprendizaje, los viajes y la lectura. Miembro de la Junta Directiva de Telégrafo.
Chelsea Gordon
Comunicadora y Social Media Manager. Apasionada las tendencias, las redes sociales y de descubrir nuevos lugares de Guatemala. Miembro de la Junta Directiva de Telégrafo.
David Molina
Médico y Cirujano egresado de la Universidad de San Carlos de Guatemala, con especialización en Administración Hospitalaria y Maestría en Epidemiología de campo. Experiencia en salud pública, sistemas de información en salud, vigilancia epidemiológica y fortalecimiento institucional. Fundador y miembro de la Junta Directiva de Telégrafo.













1 comentario
En junio de 2023, tuve el privilegio de que el Dr. García-Gallont trasplantara uno de mis riñones a un guatemalteco que se estaba muriendo de insuficiencia renal.
En el momento de la donación, no conocía al receptor. Nos conocimos después de la operación. Dieciocho meses después, ambos estamos perfectamente. Mi receptor había estado en diálisis durante unos 5 años y sus riñones no habían producido orina durante más de 2 años.
Pero antes de que el equipo del Dr. García-Gallont terminara la operación, incluso antes de cerrar la incisión, el nuevo riñón ya estaba funcionando a pleno rendimiento y había producido más de medio litro de orina.
Mi receptor se liberó de la diálisis y, pocos meses después, volvió a trabajar para mantener a su familia de tres hijos (todos menores de 12 años).
No hace falta decir que estamos todos enormemente agradecidos. Mi único pesar es no haber tenido más de un riñón para donar. (Cada uno de nosotros, si estamos sanos, solo necesitamos un riñón para vivir una vida normal).
Pero cuando muera, podré salvar otra vida donando mi riñón restante.
Si tienes preguntas sobre ser donante vivo no dirigido, también conocido como donante altruista, puedes encontrarme en Facebook. Estaré encantado de responder a tus preguntas.
Dean A. Nash
facebook.com/deananash