La pérdida del formato físico y sus implicaciones para el arte

Ya sea ver una película, serie o escuchar música, los servicios de streaming han puesto a nuestra disposición grandes bibliotecas que consumir y múltiples plataformas que pagar para lograrlo. Aunque estas innovaciones tecnológicas han revolucionado al medio, también han desplazado en gran parte al formato físico, dificultando el acceso a aquellos proyectos que no gozan de popularidad masiva, lo cual a largo plazo puede ocasionar que algunos contenidos artísticos desaparezcan por completo del mercado.

El otro día fui a Tiendas MAX con la intención de comprar un reproductor de blu-ray 4K UHD, ya que estoy en el proceso de actualizar mi colección de películas a 4K. Para mi sorpresa, me indicaron que ya no venden ese tipo de mercadería y me detuve a pensar por qué es que el formato físico ha perdido tanta relevancia en el mercado, especialmente en países como Guatemala y lo que esto implica tanto para la difusión del arte y su preservación.

Para entender esto, es importante analizar cómo ha evolucionado el consumo de contenido. En realidad, las personas se adaptan a esta evolución más que dictar su trayectoria, es decir, cada generación simplemente disfruta el arte de la forma en que se le inculca o que está de moda en el momento, sin pensar mucho en el trasfondo y llega el punto en que esas formas se vuelven obsoletas y se debe llevar a cabo una transición hacia un nuevo formato.

Desde la década de los 70, que explotó en popularidad el VHS, ha sido posible tener nuestras películas favoritas en casa. Previo a que estas pudieran comercializarse y ser vistas en la comodidad del hogar masivamente, se mantenían en bodegas y los rollos de filme solían ser altamente inflamables. Muchas cintas del cine mudo se perdieron en incendios, ya que no estaban debidamente respaldadas y no había una demanda o propósito claro para que fueran preservadas.

[Imagen: Criterion Closet.jpg; El armario de The Criterion Collection]

En Estados Unidos, existen varias iniciativas que tienen el propósito de preservar el cine. Entre ellas se encuentran el American Film Institute (AFI), The Criterion Collection y la Biblioteca del Congreso, que anualmente selecciona películas con un valor histórico significativo para resguardarlas. Sería bueno que este tipo de proyectos también pasaran con series de televisión y hasta cierto punto, la música. A diferencia de los incendios, las pérdidas ahora se dan a raíz de decisiones de ejecutivos, quienes selectivamente eliminan contenido dependiendo de su rendimiento en las plataformas de streaming.

Recientemente, algunos servicios, entre los cuales destacan Disney+ y Hulu, hicieron una limpia en sus catálogos y eliminaron muchas producciones originales con el objetivo de reducir costos. Series como Willow, la cual da seguimiento a la famosa película de 1988, no desempeñaron de acuerdo a las expectativas del estudio y fueron removidas sin dejar rastro. Ahora bien, desde un punto de vista financiero, no es rentable mantener contenido que no está generando ganancia en la plataforma; lo malo es que los pocos que sí lo disfrutaban, ya no tienen una opción legal para verlo, por lo que se puede considerar arte perdido.

[Imagen: Willow.jpg; Willow, serie de Disney+]

Juzgar el arte desde un lente puramente comercial abre una caja de pandora dentro de la cual un grupo de ejecutivos decide qué consumimos, llegando incluso a desechar proyectos completados con el fin de recibir una deducción de impuestos. Esto sucedió con varias películas, entre ellas Batgirl, Scoob! Holiday Haunt y en los últimos meses ha habido un revuelo en torno a otro largometraje llamado Coyote vs. Acme, cuyo futuro actual es incierto luego de que Warner Bros rechazara múltiples ofertas para venderla a favor de obtener $30 millones en deducciones fiscales. Estas películas están ahora engavetadas y nunca verán la luz del día a menos que alguien se digne en filtrarlas.

[Imagen: CoyoteVsAcme.jpg; Coyote vs. Acme, película de Warner Bros.]

A lo que quiero llegar con todo esto, es que una vez un contenido desaparece de los servicios de streaming, es literalmente imposible tener acceso a el si no existe una alternativa en formato físico. Tampoco se trata de hacer una apología a la piratería, pero en la actualidad, los bootlegs y sitios web piratas son la única forma de poder ver aquello que ha sido retirado de todos los canales oficiales. No me dejarán mentir que muchas personas eran asiduas del Buki en El Amate en zona 1, quizás uno de los mejores ejemplos de cómo la piratería logró impulsar el cine alternativo, o de autor, en Guatemala.

Actualmente, ya ni siquiera existen tiendas que vendan películas en formato físico. Tenemos lugares como la Megapaca que venden DVDs usados, o bien, algunos establecimientos que se especializan en discos de vinilo, pero que tienen una que otra película usada a la venta. Lejos quedaron los días donde El Duende era una de las mejores opciones para comprar este tipo de artículos. Hoy es un fantasma de lo que solía ser y es evidente que en cualquier momento, terminará de desaparecer al no poder competir con la digitalización.

 

[Imagen: ElBuki.jpg; El Buki, foto cortesía del Diario La Hora]

Nuestro país no es famoso por promover o incentivar el medio artístico y mucho del desinterés hacia el formato físico tiene que ver con la percepción que el arte no es algo digno de una inversión o gasto significativo. De por sí, las distribuidoras hacen un muy mal trabajo trayendo estrenos, ya que en algunos casos las películas incluso salen on-demand en EE. UU. antes de llegar a salas nacionales. Es por eso que es más fácil pagar una membresía mensual que permite acceder a una gran cantidad de cintas, series o música, que molestarse en ir al cine o comprar cada disco o largometraje individualmente, ¿pero qué sucede cuando esa película que tanto te gusta ver en Netflix ahora fue trasladada a Prime Video porque Amazon adquirió licencia?

La inestabilidad de los medios digitales es tema de mucha discusión. Las películas rebotan de un servicio a otro y si finalmente uno se decide a comprarlas en formato digital, hay que tener mucho cuidado con los términos y condiciones. Al comprar una película en iTunes, Amazon o canjear un código de Movies Anywhere, por ejemplo, la licencia es retenida por la plataforma. Lo que significa que si esta pierde los derechos sobre el contenido, el usuario también, sin importar que haya pagado por él. A eso hay que sumarle que el simple hecho de perder acceso a la cuenta, ya sea por no poder recuperar la contraseña o ser víctima de un hackeo, conlleva la pérdida de lo que se ha comprado.

Así que si bien no es realista esperar que el 4K o el blu-ray sean sujeto de un renacimiento al mismo nivel que revivió el disco de vinilo, lo ideal sería que al menos hubiese un distribuidor autorizado o una tienda en Guatemala que se especializara en vender este tipo de productos, ya que no tenemos control sobre lo que está disponible para nuestro consumo en las plataformas digitales y comprar en línea por medio de Amazon o eBay se ha vuelto la única forma en la que los que aún compramos formato físico logramos mantenerlo con vida.

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