En junio de 1984 se reportó el primer caso de síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) en Guatemala. Se trataba de un hombre guatemalteco de 28 años que provenía de Estados Unidos (EE. UU.). Según el sistema de control y registro del Ministerio de Salud Pública, la tendencia en Centro América durante los primeros dos años de la epidemia parecía ser la misma, hombres homosexuales guatemaltecos que residían en EE. UU. y que regresaban a Guatemala cuando la condición ya estaba en una etapa muy avanzada.
No fue hasta 1988 que se reportaron los primeros casos en residentes guatemaltecos, una niña de 12 años y un hombre homosexual de 38. Estos antecedentes son cruciales para entender por qué es que el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y el SIDA, a menudo son vinculados con la comunidad homosexual y por ende, se ha creado un estereotipo prejuicioso, el cual ha dado pie a una homofobia sistemática que perdura hasta la actualidad.
De hecho, es tal el grado de discriminación que sufren las personas que viven VIH, que hay un término para referirse a este tipo de discriminación o aversión hacia la población seropositiva: serofobia. Desde julio del año 2000 se aprobó la Ley General para el Combate del Virus de Inmunodeficiencia Humana VIH y del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida SIDA y de la promoción, protección y defensa de los Derechos Humanos ante el VIH-SIDA. El artículo 37 de esta ley dice que: “Se prohíbe la discriminación de las personas que viven con VIH/SIDA, contraria a la dignidad humana, a fin de asegurar el respeto a la integridad física y psíquica de estas personas”, pero, ¿quién garantiza que eso suceda y qué consecuencias tiene una persona que abiertamente discrimine a una persona seropositiva?
La información estadística que se encuentra disponible a nivel estatal es bastante limitada. Los últimos datos oficiales que reportó el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS) son del 2022. De acuerdo al Informe Anual de los Avances en el Cumplimiento de la Política de Desarrollo Social y Población, se hicieron 266,959 pruebas de VIH hasta julio de ese mismo año. De las cuales 1,150 resultaron positivas. De estos casos, 846, es decir, el 74%, eran hombres y la mayor cantidad de casos positivos eran del departamento de Escuintla. Desafortunadamente, estos datos no se actualizan de forma anual y no hay forma de saber cuándo se actualizarán, por lo que organizaciones no gubernamentales han tomado cartas en el asunto para brindarle la atención necesaria a las personas que viven con VIH.
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La desinformación es la mayor causa de la serofobia
Víctor Peña, creador de contenido digital enfocado en salud sexual y que por varios años ha trabajado con organizaciones en el tema de VIH, menciona que la mayor razón por la que hay discriminación hacia las personas con VIH es la desinformación, el desconocimiento, o la información a medias, la cual, aún sigue siendo desinformación. Otro factor que sin duda influye es la cultura guatemalteca a la hora de abordar el tema.
“La forma en la que se ha ampliado la salud sexual y la prevención es a partir del miedo”
Palabras de Victor Peña
“No se enseña la prevención a partir de la conciencia, y el miedo es lo que muchas veces lleva a la desinformación y a la serofobia”. Otro problema que se enfrenta actualmente es que en las escuelas ya no se puede impartir educación sexual. Varios intentos de decretar y legalizar iniciativas que prohíben la educación sexual han sido presentadas en el Congreso de la República, entre ellas, la Ley para la Protección de la Vida y la Familia, iniciativa 5272.
No hablar de estos temas abiertamente tiene un impacto negativo en las personas que viven con VIH. Más allá del deterioro físico que puede llegar a tener una persona que adquiere VIH, existe un deterioro psicológico, el cual incluso puede ser más difícil de sobrellevar.
“Hay gente que dice: Yo estoy sucio. Yo no merezco amor. Yo no merezco que me besen. Puedo contagiar a otros. ¡Soy un peligro!”
Hay familias incluso que pueden expresar pensamientos e ideas serofóbicas, las cuales, al momento que alguien adquiere VIH, resuenan mucho más fuerte. “Hubo un caso positivo de un chico que cuando dio positivo se puso a llorar”, recuerda Peña. “
“Él decía que su familia siempre decía que los gays son unos sidosos y que ahora se había convertido en lo que su familia siempre había dicho que son los gays”.
Peña considera que hay un impacto positivo cuando una persona es abierta sobre su estado serológico. Sin embargo, una persona que lo dice abiertamente está muy expuesta o propensa a la discriminación. Asimismo, el que otras personas vean que alguien está sintiendo lo mismo que ellos y que alguien los está entendiendo, es de mucha ayuda para eliminar estigmas con respecto al tema.
El costo de ser abierto con respecto al estatus serológico
Si bien no es común que una persona sea públicamente abierta acerca de su estado serológico, sí existen personas que dicen que son seropositivas sin ningún reparo. Una de estas personas es Randy Marroquín, de 32 años. Marroquín fue diagnosticado con VIH en el 2021 y desde el momento en que se enteró, estaba seguro de que no quería ocultarlo.
“Cuando me hice mi prueba que salió positiva, ese mismo día le dije a tres personas diferentes”, recuerda Marroquín. “Me puse a pensar que tal vez esto me hacía algo privilegiado y que podía usarlo para romper estigmas, o romper algún tipo de trauma social. Entonces dije, bueno, creo que puedo aceptar el diagnóstico, o sea, hacerlo público y aceptar las consecuencias que eso pudiera tener”
A pesar de esto, divulgarlo inicialmente no fue un proceso tan explícito. Marroquín menciona que inicialmente, en sus redes sociales solo publicaba indirectas aludiendo al tema, pero no decía claramente que era seropositivo. “En Instagram recuerdo que para fin de año puse una publicación donde decía que sí tenía VIH, y ahí ya hice modificaciones en mis perfiles y en las descripciones donde ya dice todo sobre el VIH”.
Marroquín revela que las reacciones y comentarios que recibió luego de compartir su estatus serológico en redes sociales fueron positivos y que varias personas lo felicitaron por publicarlo. En donde menciona que experimentó rechazo fue en la red social Grindr, una aplicación de citas gay, la cual dentro de sus descripciones de perfil cuenta con un apartado para incluir su estatus serológico.
“En ese entonces puse que mi estatus, pero no puse que era indetectable porque apenas había sido diagnosticado. Algunos sí me felicitaban por ponerlo, pero otros sí me escribían cosas como que debería de cuidarme y que mejor no debería de tener relaciones sexuales”
Acerca de cómo navegar el mundo de las citas y las relaciones sexuales, Marroquín indica que una pregunta que surge muy a menudo es sobre si él tiene relaciones sexuales sin condón. “Hasta cierto punto, parece que a varios les atrae el hecho de no usar condón, pero fui descubriendo que tomaban PrEP o que también eran VIH positivo, pero indetectables. Entonces eso les da una especie de confianza”.
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La PrEP es una pastilla conocida como profilaxis preexposición, la cual ayuda a prevenir la transmisión del VIH, siempre y cuando el usuario se adhiera al tratamiento, es decir, tomar el medicamento de acuerdo a lo prescrito, en la dosis correcta, en el horario establecido y sin interrupciones. Asimismo, cuando una persona que vive con VIH se adhiere a su tratamiento de retrovirales, esto significa que el nivel de VIH en la sangre es tan bajo que no puede ser detectado con una prueba, ni tampoco transmitirse por medio de relaciones sexuales.

Una forma en la cual Marroquín apoya a la comunidad seropositiva es por medio de la organización CAS (Colectivo Amigos Contra el SIDA), quienes tienen un grupo de apoyo para hombres que viven con VIH, dentro del cual Marroquín es voluntario.
“Nos juntamos y hacemos una pequeña actividad para romper el hielo, a veces sobre un tema específico. Otras veces es un poco más libre, por ejemplo, alguien cuenta su problema y nosotros le brindamos consejos y ayuda. Después tenemos una refacción, y también tenemos proyectos. Ahorita queremos hacer un podcast para hablar sobre nuestras experiencias”
Para Marroquín es muy importante la confidencialidad y discreción dentro de estos grupos para evitar que haya una filtración y se revele el estatus de alguna de las personas que asisten al grupo. “Por ejemplo, si tomamos una foto, solo la subimos a nuestro grupo y ahí se queda. Nadie la puede publicar. Tampoco nadie puede dar a entender que estaba con tal persona, ya que todos firman una hoja de confidencialidad, así que tiene su peso legal revelar a quienes vi si alguien me pregunta”, agrega.
Marroquín ha tenido suerte, en el sentido de que cuenta con un grupo de apoyo tanto personal, como profesional. Su familia y amigos saben que es seropositivo y le brindan el apoyo que necesita. Sin embargo, menciona que ser abierto sobre este tema conlleva una gran responsabilidad. “Yo siento que si alguien cree que puede afrontar las consecuencias que eso le pueda traer laboral, social, emocional y espiritualmente, que lo haga”, dice Marroquín, “pero si siente que no va a poder con que lo rechacen, creo que es mejor que simplemente cumpla con tomar su medicina, hacerse sus chequeos y llevar una buena salud”.
El miedo detrás de revelar el estatus serológico
En contraste, el miedo de revelar el estatus serológico es bastante común y puede generar un gran nivel de estrés y miedo en la persona que vive con VIH. Alguien a quien por motivos de confidencialidad llamaremos Roberto en este reportaje, indica que su mayor miedo era la reacción de sus amigos o la gente sobre su estatus, “Me daba miedo si alguien iba a cambiar la manera en como me trataba antes de saberlo, cosa que sí pasó con una persona a quien le comenté porque le tenía confianza y desde el momento en que le revelé mi estatus la dinámica de la amistad cambió demasiado al grado en que ya no hablamos”, agrega.
Roberto tiene algo que llama una “red de seguridad”, es decir, un círculo íntimo de amigos a los que les confía plenamente su estatus, que sabe que se preocupan mucho por cómo se encuentra y el seguimiento con el que lleva su tratamiento. Le consta que jamás revelarían que es seropositivo.
No obstante, añade que algunas reacciones iniciales dentro de su círculo fueron de sorpresa, pero algunos sí se molestaron, ya que siempre lo veían como alguien muy informado con el tema y que siempre usaba protección, por lo que no creían que eso le pudiera pasar a él. Lo cual es indicativo de que cualquier persona, por más informada y precavida que sea, puede ser diagnosticada con VIH.

El principal miedo de Roberto es a nivel familiar, “Nadie de mi familia lo sabe porque no sé cuál sería su reacción porque no están muy informados sobre el tema”, indica, “Pienso que algunos familiares podrían rechazarme y pensar que soy un riesgo de transmisión latente, lo cual no es cierto, pero sí hay personas que podrían alejarse de mí por esa situación”.
Un obstáculo que enfrentan las personas que viven con VIH es a nivel laboral, ya que la necesidad de adherirse al tratamiento y tener citas de seguimiento a menudo puede entrar en conflicto con el horario laboral, lo cual conlleva pedir permisos, que si son muy frecuentes, pueden levantar sospechas o invitar preguntas sobre la salud que el empleado no quiera revelar, y que tampoco está en obligación de hacerlo.
Roberto indica que en su trabajo actual no saben que es seropositivo. “Lo que indiqué es que tengo un problema de riñones derivado del ácido úrico, por lo cual debo hacerme exámenes médicos y seguimientos cada seis meses. Con eso logré que me dieran permiso para poder ir por mis medicamentos y realizarme mis exámenes sin mayor indagación”.
El problema sobre los patronos indagando sobre la salud de sus empleados no es algo nuevo y es penalizado bajo el decreto 27-2000. A pesar de esto, Peña menciona que todavía se violan muchos derechos y que las personas que viven con VIH a menudo no son conscientes de los derechos que tienen.
“Lastimosamente, en muchos trabajos mandan a las personas a hacerse pruebas de VIH sin su consentimiento. O sea, les sacan sangre y les hacen la prueba sin que sepan. Les pasan un papel y les dicen que firmen y no lo leen y ya el resultado se lo dan al trabajo y no debería ser así”, menciona Peña. “El consentimiento informado para la prueba de VIH es porque se está autorizando que te hagan la prueba”.
Asimismo, los resultados de pruebas de VIH no deberían ser enviados por correo. El proceso correcto es que la persona que se hizo la prueba debe de ir a traer los resultados y presentar el DPI, y a menos que se pueda confirmar que es la persona, no se le da la información.
Existe mucho miedo a denunciar este tipo de faltas, ya que el mismo estigma hace a las personas pensar que si presentan una denuncia están abriendo la puerta a que todos se enteren de que son seropositivas. Un miedo razonable, pero que impide que se ejerza la ley y se proteja a las personas en contra de este tipo de discriminación.
Algo en lo que todas las partes citadas en este artículo están de acuerdo es que el lenguaje juega un papel muy importante en cómo se percibe el VIH. Referirse al VIH como una enfermedad, por ejemplo, o una infección. Hablar sobre contagios, en lugar de transmisiones. Estos son pequeños pasos que cualquier persona puede tomar para empezar a crear un cambio.
La mejor forma de combatir la serofobia y la desinformación es dejando de tratar el sexo como algo negativo o como un tabú y hablar de estos temas de manera abierta y honesta, para que la primera interacción que alguien tenga con el tema del VIH no provenga desde ese factor que ha incidido gravemente en varias generaciones, el miedo.
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Dereck Richman
Periodista apasionado por las letras, el cine y el teatro. Escribo sobre temas sociales, principalmente enfocados en la comunidad LGBTIQ+, políticos y culturales. Considero la escritura una herramienta para el cambio y con el poder de influenciar generaciones y es eso lo que busco transmitir a través de lo que escribo.










