Quiero aclarar que no soy economista, simplemente soy un ciudadano de a pie que ve con claridad una posible solución para mejorar la situación económica, basada en mis experiencias personales. Considero que dicha solución puede ser aplicable en cualquier país del mundo, y al decir esto tampoco quiero sonar pretencioso. Incluso prefiero manifestar mis ideas desde el anonimato.
Para hacerlo más práctico, imaginemos que queremos construir un rascacielos. Para lograrlo, es indispensable contar, en primer lugar, con cimientos fuertes y sólidos, capaces de sostener una edificación de tal magnitud. De la misma manera, considero que los cimientos de cualquier país del mundo son la agricultura, pues constituye el pilar fundamental sobre el cual se han desarrollado las civilizaciones y del que dependen para su supervivencia.
De la agricultura provienen los granos y cereales más básicos que usamos para alimentarnos e incluso para alimentar al ganado, ya sea como complemento o como alimento principal. De la misma actividad provienen los pastos para la ganadería, las frutas y verduras e incluso provienen productos de recreación como el tabaco, que estaría dos peldaños más arriba en la pirámide de Maslow. En fin, la idea es aclarar que el sustento del mundo entero proviene de la agricultura.
Lo que tiene que hacer el Estado, en primer lugar, es facilitar a los agricultores el recurso más importante: el agua. En ese sentido, sería clave la implementación de sistemas de irrigación. Podríamos tomar como ejemplo un sector muy afectado en el país por la escasez de agua y por sistemas ineficientes de riego: el famoso Corredor Seco, donde hay gran dificultad para regar las siembras.
También es necesario brindar fertilizantes que cubran las necesidades de cada sector agrícola, ya que según el tipo de grano, fruta o verdura se requiere un tratamiento diferente y especial. Además, facilitar asistencia técnica y herramientas para trabajar la tierra, fumigar y cosechar.
Utilizo la palabra “facilitar” no como sinónimo de que el gobierno “regale”, pues estoy en contra de ello, ya que envenena a la sociedad. Más bien, exhorto a que se haga más fácil y viable el acceso a las herramientas necesarias.
Siempre lo he dicho y lo sostengo: los guatemaltecos somos personas trabajadoras, con ganas de emprender y salir adelante, pero a veces el mismo gobierno pone obstáculos y uno como ciudadano se topa con aplastantes trámites burocráticos que vuelven muy difícil empezar de cero un negocio.
¿Y por qué expongo todo esto? Tengo el privilegio de ser hijo de un agricultor que toda su vida se ha dedicado a labrar la tierra y de primera mano me he dado cuenta de las grandes dificultades que se presentan. Mi padre ha intentado concientizar a personas que tienen influencia en la municipalidad donde vive, para gestionar sistemas de irrigación que ayuden a paliar la gran problemática de la escasez del sagrado líquido vital, pero ni la municipalidad ni el gobierno en general muestran interés.
Es necesario exponer lo que pasa con los agricultores, personas que trabajan en un sector olvidado, que intentan llevar sustento a sus familias y, además, proveen a Guatemala de productos básicos gracias a la agricultura.
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El Estado debe cuidar a los agricultores y tener planes de contingencia. En caso de desastres naturales, por ejemplo, al perder siembras, trabajo y tiempo invertido, ofrecer un tipo de seguro. De esta manera, las personas que se dedican a labrar la tierra y que están vulnerables y expuestas a la naturaleza, podrían empezar de nuevo con la cobertura de esos seguros.
En conclusión, la idea principal es asistir a los agricultores e incentivar a que más personas quieran dedicarse a la agricultura. De esta manera, se llenaría el mercado de productos alimenticios y a mayor oferta, menores precios.
Ojo con esto: no pretendo que haya más agricultores que trabajen más y que, al final de la cosecha, sus productos no valgan nada, pues eso se convertiría en una deflación descontrolada y entonces se darían cuenta de que no les conviene dedicarse a esta actividad porque los precios estarían demasiado bajos.
Lo ideal sería que todo el excedente se exportara a otros países. De esta manera, se tendría un mayor control de la deflación. En teoría suena muy fácil, pero en el trasfondo hay mucho trabajo de implementación. Sin embargo, estamos hablando de que el gobierno intervendría en favor de los agricultores con los recursos y el poder necesario.
Si el foco del Ejecutivo y del Ministerio de Economía (Mineco), estuviera puesto en lo fundamental, que es la agricultura, como decimos coloquialmente en Guatemala, “otro gallo cantaría”.
Esa es la solución a la problemática del alza de los precios: necesitamos cuidar y ayudar a los agricultores; ellos nos sostienen.
Si se incrementan los salarios mínimos, en consecuencia, los empresarios subirán los precios de los productos y servicios. Por lo tanto, todo se queda como estaba.
– Anónimo










