Las Bestias de Baikal

Relato corto, universo creado mediados de los años 40 – 50 donde inicia una revuelta en la nación azul, posteriormente escalara un conflicto entres las naciones de aquel continente, este cuenta la historia de Daniel quien es testigo del estallido de la revolución y termina formando parte de ella. Este universo si es de su interés respeta 3 directrices.

En un mundo donde las desigualdades crecían día con día, donde grupos de hombres ricos alzaban sus imperios sobre la gente, es allí donde inicia este conflicto, que escaló hasta alcanzar los cielos, hablamos claramente de la Nación Azul.

No recuerdo cómo inició este conflicto en su totalidad, recuerdo haberme levantado como un día más en mi miserable vida. Los gritos de mi madre llamándome para bajar y alistarme para el trabajo de diario. Comí con normalidad y caminé directo al trabajo.

Soy uno de los asistentes personales del Señor Belmont, quien administra una de las fábricas más grandes de la Nación Azul, este empleo lo pude conseguir gracias a mi hermana que para su desdicha, es una de las muchas amantes que él posee.

La vida suele ser bastante cruel en esta época, la comida escasea en los barrios marginados y los ricos alzan sus imperios sobre nuestros cadáveres. Sin embargo, ese día parecía ser diferente; rumbo al trabajo puede observar cómo un grupo de gente se amotinaba en los callejones pregonando las palabras “la muerte antes que vivir en desgracia”.

No pude ignorar aquellas palabras y me acerqué para escuchar que mencionan estas personas, vi allí hombres y mujeres de todas las edades, en sus ropas andrajosas y su hedor corporal. Observé cómo un joven a quien llamaban Timothy estaba sobre un cajón. Gritando a la muchedumbre las verdades que todos ignoran en esta nación. Como los ricos explotan a la población, como ellos engordan en riquezas y los demás padecen de hambre y enfermedades.

¡Cuál es el hecho de estar vivo! ¿Por qué seguimos asistiendo a sus fábricas? ¿Acaso no son ellos que pregonan el desarrollo y todas las riquezas y bienes son enviados a la nación de los grises?

La gente respondía de forma agresiva y podía verse en sus ojos ese odio y rencor que existía desde hace décadas. Poco a poco mi cuerpo se estremeció y me orillaba a gritar a los vientos el odio que sentía por los altos señores de la Nación Azul.

Pero entonces fui interrumpido por el claxon de un vehículo. Era mi querida hermana Margaret quien iba con el Señor Belmont. -¡Daniel! Ven acá. Con temor me acerqué al auto.

En ese instante mi hermana me pidió que abordara el vehículo y yo conteste -No es necesario, caminaré hasta llegar a la oficina. Es entonces que el Señor Belmont habló.

-Daniel sube, insisto. Por lo que tuve que subir al vehículo, fue allí donde pude cerciorarme que Margaret tenía un vestido nuevo, pero preferí no hacer ningún comentario, me limite a ver el camino y no voltear a ver a ninguno de los dos. 

El trayecto era completamente incómodo hasta que escuche al Señor Belmont decir: -¿Observaste el nuevo vestido de tu hermana? Yo se lo regalé.

Margaret contestó.  -¡Si¡ ¿no te parece lindo? fue por nuestro aniversario. El Señor Belmont es todo un caballero de los pocos que quedan en nuestra nación. -Me parece muy hermoso Margaret, conteste.

Oye Daniel, espero verte en la tarde de hoy en la casa del lago, quiero que estés presente en la reunión que tendré con los altos señores de la Nación Gris y claro, en la oficina tengo un traje decente para ti, no como esos trapos que llevas puestos. 

-Agradece a Margaret que te tome en cuenta ya que necesito alguien de la fábrica para quedar bien con los señores de la nación gris.

Luego de esas palabras tan ofensivas, bajé del auto y con mi honor mancillado me dirigí a mi oficina, ya que nos encontramos en la planta alta sobre los sótanos donde se lleva a cabo la fundición de los materiales. Esta fábrica trabaja con diferentes metales y produce ollas, estufas de metal y vehículos por lo que se encuentra activa las 24 horas.

Pero antes de abordar el ascensor, vi a unos hombres junto a las gradas que llevaban a las fundidoras, los cuales parecían muy tranquilos a pesar de estar en un lugar que únicamente era para los trabajadores de oficinas. Pude acercarme a uno de ellos que estaba fumando y le pregunté ¿por qué se encontraban allí? Si su lugar de entrada se encontraba detrás de la fábrica.

Esas escaleras eran únicamente para los supervisores de las fundidoras quienes llevaban un conteo entre producciones realizadas en cada hora. Esto con la finalidad de mantener actualizados todos los cargamentos y poder aprovechar cada recurso humano que tenían a su disposición. Además de ser un acceso para los médicos. Quienes únicamente llegaban a las fundidoras cuando un trabajador moría.

Este solo hacía acto de presencia, para evitar cualquier procedimiento legal que pudiera ser tomado en contra de la fábrica.

Aquel hombre me vio fijo y dijo:

 -Hey muchacho, ¿fumas? Yo respondí – Si ¿Tienes un cigarrillo? Saco de su abrigo viejo y roto, un cigarro viejo que apenas pudo encenderlo para mí. Fumé con extrañes dado que la situación era peculiar. Era raro como el ambiente de ese día había cambiado en cuestión de horas. Fue en ese momento donde aquel señor volvió a dirigirme la palabra.

-Muchacho, vete de aquí, todo arderá en unos minutos. Lo vi con cierto aire sarcástico y respondí.

-¡Claro! Hoy es el día del levantamiento, “la muerte antes que vivir en desgracia”. El señor me vio fijamente y me sometió contra la pared en conjunto de los demás. 

-Calla niño estúpido, no hemos esperado tantos años para que un mocoso eche a perder nuestros planes.

Fue en ese momento que lo que había visto en aquel callejón no era un discurso más, fue un llamamiento a las armas para el resto de la población. Estos hombres preguntaron si pertenecía a la revuelta, respondí por temor que sí. Que Timothy era uno de mis amigos, evidentemente el miedo me invadió por completo, luego de esto me entregaron un cuchillo.

-Timothy sabe  cómo influir en los puestos más altos ¿he? 

-Recuerda chico mata a todos sin excepción alguna, son ellos o nosotros. Únicamente asentí con la cabeza, en ese mismo instante me soltaron y me dirigí rápidamente al elevador. Con terror y angustia corrí hasta mi propia oficina, saqué el cuchillo y me quedé helado. Pensando en lo que había sucedido.

Fue cosa de un instante cuando escuche el estruendo más fuerte de toda mi vida. Fue de tal magnitud que sacudió toda la fábrica. No pude asimilar en ese momento lo que estaba por venir, pude escuchar gritos de todos lados; pasos y pisadas hacia diferentes direcciones. Cuando salí de mi oficina todo era un mar de sangre.

Todos los trabajadores de las fábricas se encontraban liberando una carnicería en los niveles superiores. Con temor comencé a correr para esconderme, cuando de repente el viejo que me había dado el cigarrillo me tomó del brazo y dijo:

-Hey chico, márcate o de lo contrario te asesinaran. Sin mediar palabra con el cuchillo que llevaba a la mano, cortó en mi frente el símbolo de la cruz. Ya que él también la portaba

No temas a matarlos chico, ellos hicieron lo mismo con tus antepasados, posteriormente se volcaría sobre un hombre que luchaba por su vida cubierto de heridas de cuchillos. En ese momento no supe en qué pensar hasta que vino a mí el recuerdo de Margaret. Con terror y miedo me dirigí a las afueras de la fábrica ya que allí se encuentran los caballos de algunos de los trabajadores que vienen del campo.

Mientras salía pude observar como aquel edificio era consumido por las llamas. Como la gente era asesinada, todas aquellas personas que vistieran elegantes o que parecían de las altas esferas eran acuchilladas por las personas que eran consumidas por el odio y rencor. Su distintiva marca les apodaba como las bestias de Baikal.

Luego de tomar un caballo y dirigirme al lago, pude observar a lo lejos una columna de humo que se alzaba con intensidad, aceleré el paso del caballo hasta llegar. Cuando por fin estuve cerca observé gente muerta a las afueras de aquella casa. Corrí dirigiéndome a la oficina del Señor Belmont. Abrí aquella puerta con todas mis fuerzas y vi allí de pie a aquel mismo joven de los callejones frente a un grupo de trabajadores.

Todos bañados en sangre, Timothy alzaba en su mano la cabeza del Señor Belmont y dirigía un discurso a aquella gente envuelta en un éxtasis de destrucción. Unos escuchaban, mientras otros saqueaban los cadáveres para obtener los objetos de valor. Yo solo pude observar el cuerpo de Margaret retorcerse en el suelo.

Ella pudo distinguir a lo lejos y antes de poder acercarme vi como la luz de sus ojos se desvanecía alzando su mano intentando alcanzarme, pero fue muy tarde. Caí de rodillas rompiendo en llanto desconsolado, deseaba morir. Cuando de pronto una mano se posó sobre mi hombro, al voltear arriba pude ver la cabeza de Belmont cercenada; Y al otro extremo Timothy quien pregonaba.

-¿Esto es lo que desean mis hermanos? ¿la muerte de quienes los oprimen? Derramar la sangre de quienes los esclavizaron por años, escuchar las súplicas de hombres vanidosos y ególatras quienes en sus últimos instantes sollozaban como cerdos en el matadero y gemían por su miserable vida.

-¿Es realmente esto lo que desean? La muchedumbre aclamaba 

-¡SÍ! Entonces tomen sus vidas y reclamen sus pertenencias ya que hoy tomamos el control de la ciudad de Baikal. Y luego de la Nación Azul. En ese instante el odio y rabia corrían por mis venas. Deseaba dar muerte a aquel hombre, pero un frenesí de gritos me detuvo “Muerte y libertad”, “Muerte y libertad”, “Muerte y libertad” aquellas palabras resonaron dentro de mí.

Timothy soltó la cabeza de Belmont frente a mí, me tomó del brazo y dijo: 

-Vamos hermano, tomemos lo que nos pertenece. Vayamos y matemos aquellos quienes dañaron nuestra nación. Incendiemos sus hogares en conjunto de sus familias. Igual ya estamos condenados al infierno, que nuestras almas sean consumidas por el demonio.

Fue así como ese día murieron los altos señores de la nación Azul y Gris. Dando origen a esta guerra.

¿Y qué fue de mí?

Yo no importo más, soy una más de las bestias de Baikal.

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