Como todos los movimientos, el feminismo tiene una historia con momentos trascendentales en la lucha de las mujeres para obtener y ejercer sus derechos. En este ámbito, se ha llegado a un consenso general para clasificar a las etapas y entender de mejor manera la evolución del movimiento.
Actualmente, podemos encontrar información de las “olas del feminismo”, donde entendemos que sucedió en cada una y cómo hemos llegado hasta aquí. En esta ocasión hablaremos (brevemente) de estas cuatro olas.
Debemos tomar en cuenta que aún dentro de la historia del feminismo, existen mujeres de diversos grupos e historias que no son visibilizadas. Por lo que debemos mantener un pensamiento crítico y reconocer que pueden haber datos que desconocemos, ya que venimos de contextos y condiciones distintas.
En medio de estas contradicciones, existen teóricas que afirman que aunque los contextos son distintos, encuentran un punto en común: crear conciencia sobre la violencia ejercida en contra de las mujeres, promover cambios sociales y alcanzar igualdad para las mujeres.
Primera ola
Aunque se tiene registro de obras escritas por mujeres renacentistas cuestionando a la sociedad y rol dentro de ella, la primera ola se identifica desde la época de la Revolución francesa, hasta aproximadamente la segunda mitad del siglo XIX.
En ese periodo, los logros se atribuían estrictamente a los hombres. Por lo que las mujeres francesas decidieron alzar la voz y recordar su papel fundamental en la Marcha de Versalles. La escasez de alimentos era grave, por lo que muchos ciudadanos (incluyendo a muchísimas mujeres), decidieron enfrentarse al rey en persona y obtuvieron grandes resultados. No obstante, el crédito se lo llevaron los hombres.
Al mismo tiempo, redactaron “Cuadernos de quejas”, en donde exigían que se les tomara en cuenta dentro de la toma de decisiones y las peticiones fueron negadas, pero se nota desde entonces, el deseo y la necesidad de las mujeres de ser tomadas en cuenta, así como de ser representadas en espacios de poder. En esta época figuran mujeres como Madame B.B, quién redactó el cuaderno.
También se publicó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en donde se pensaba que “hombre” era solo sustantivo genérico. Sin embargo, no era así. Los derechos plasmados en la declaración aplicaban única y exclusivamente a los hombres, dejando a un lado a las mujeres y a la oportunidad de tener libertad, propiedades, empleos, libertad religiosa y libre emisión de pensamiento.
Como protesta, en 1791, Olympe de Gouges publicó “Derechos de la Mujer y la Ciudadana”. En el primer artículo es clara:
“La mujer nace libre y goza igual que el hombre de los derechos”.
Por otro lado, a principios del siglo XIX, muchos ciudadanos de Estados Unidos comenzaron a promover la “reforma moral” y se desarrolló el Movimiento por la Templanza para limitar o prohibir el consumo de alcohol. Donde participaron mujeres blancas de clase media, quienes difundieron los efectos del consumo de alcohol. Rápidamente se crearon 24 grupos dentro del mismo movimiento y lograron que los dueños firmaran un compromiso para dejar de vender bebidas alcohólicas.
También abogaron por un rol igualitario al de los hombres en la vida pública. Una vez más, evidenciando que las mujeres son parte de grandes movimientos y que son capaces de obtener resultados favorecedores.

Al mismo tiempo, mujeres afroamericanas esclavizadas en Estados Unidos luchaban por la libertad y su activismo fue la base del Movimiento Abolicionista que terminó con la esclavitud a través de organizaciones sociales y literarias, así como grupos religiosos para apoyar a sus comunidades. En medio de esto, existían burlas y críticas por parte de hombres que intentaban menospreciar su labor.
Al observar la lucha de las mujeres afroamericanas, mujeres blancas de clase media y alta decidieron crear organizaciones y velar por sus derechos. Esto refuerza la teoría mencionada al inicio, mostrando que diversos grupos llevan ciertas luchas para conseguir el mismo objetivo.
Durante los siguientes 70 años, el objetivo principal fue lograr que las mujeres tuvieran derecho al voto, ya que esto podría desbloquear otros derechos. Pero esto iba más allá del género, también influía la raza y la clase social.
Frances Ellen Watkins Harper fue una de las fundadoras de la Asociación Estadounidense por el Sufragio de la Mujer (AWSA) en 1869 junto con Lucy Stone y Frederick Douglass.
En 1913, la Asociación Nacional Estadounidense por el Sufragio de la Mujer (NAWSA) organizó su primer desfile por el sufragio y aunque las mujeres afroamericanas marcharon de último en el desfile, participaron en el evento.

También se alcanzaron otros logros. Por ejemplo, Jeannette Rankin en 1916 se convirtió en la primera mujer elegida para la Cámara de Representantes o Margaret Sanger, quien abrió la primera clínica de control de la natalidad en los Estados Unidos. Esto evidencia que además del voto, las mujeres aspiraban a ser parte del entorno laboral, a tomar decisiones, a ser dueñas de propiedades e incluso apelaron a la figura del divorcio.
Finalmente, en agosto de 1920 se otorgó a las mujeres el derecho al voto. Lamentablemente, las mujeres afroamericanas esperaron mucho más para ejercer su derecho al voto a causa de la discriminación racial.
Segunda ola
Se considera que el siguiente boom del movimiento feminista inició en la década de 1960. Destacan figuras como Simone de Beauvoir, autora de la obra “El Segundo Sexo”, donde cuestiona por que las mujeres eran consideradas menos valiosas que los hombres y analiza el concepto de lo que realmente significa ser mujer.
Diez años más tarde, Betty Friedan publica su libro “La mística femenina”, en donde relata cuáles son las frustraciones colectivas de mujeres blancas y cómo se sienten insatisfechas por tener un rol únicamente dentro de sus casas, mientras que los hombres tenían permitido ser exitosos en ámbitos políticos y económicos.

Esta ola se caracteriza por los cuestionamientos que realizaban las mujeres, especialmente en los sectores políticos y sociales.
En 1963, el presidente John F. Kennedy promulgó la Ley de Igualdad Salarial, la cual establecía que a las mujeres ya no se les podría pagar menos que a los hombres por realizar un trabajo similar, logrando que se reconociera públicamente que ellas eran igual de capaces que los hombres y que merecían las mismas retribuciones.
También llegaron derechos sexuales y reproductivos, haciendo referencia a que las mujeres podían elegir cómo y cuándo reproducirse sin presiones de agentes externos.
Una sentencia de 1965 determinó que no se podía limitar el acceso a los anticonceptivos u otros métodos de control de la natalidad y que se aplicaría la decisión Roe contra Wade de 1973, que defendía el derecho de la mujer a abortar.
No obstante, muchas mujeres negras seguían sin acceso a estos derechos y continuaban la lucha contra el racismo, la violencia y la segregación. Así surgieron diversos grupos de feminismo negro y se publicaron ensayos y libros en donde se hablaba sobre todos los temas que atravesaban a estas mujeres, quienes además enfrentaban más estereotipos solo por su raza.

Por otro lado, las mujeres lesbianas decidieron también emprender su propia lucha.
Al inicio estaban bajo el liderazgo masculino, pero se separaron para crear sus propias organizaciones y velar por sus derechos. A finales de la década de 1970, ya existían varios subgrupos y muchas luchas dentro del feminismo. También se llevaron a cabo debates sobre la pornografía y la actividad sexual. Estos aceleraron el fin de la segunda ola.
Tercera ola
En 1991, las audiencias de Anita Hill despertaron el movimiento feminista, ya que testificó en contra de Clarence Thomas, nominado a la Corte Suprema por acoso sexual. Ella era su subordinada en el Departamento de Educación y en la Comisión para la Igualdad de Oportunidades en el Empleo y la presionaba para que tuviera citas con él, además de hacer comentarios sexualmente inapropiados.
A pesar del testimonio, fue confirmado como magistrado de la Corte Suprema. Sin embargo, Hill recibió el apoyo de diversas mujeres que reconocieron su valor y, al mismo tiempo, cuestionaron las dinámicas de poder y la manera en que los hombres ejercían el liderazgo.
Muchas mujeres tuvieron el valor de denunciar hechos similares después de estas audiencias, demostrando la importancia de alzar la voz ante cualquier tipo de violencia.

Además, las mujeres lucharon para ocupar más espacios en el ámbito político. Como resultado, al año siguiente, más mujeres fueron elegidas para el Congreso en las elecciones.
En 1989, la abogada Kimberlé Crenshaw dio a conocer la teoría de la interseccionalidad, la cual explica cómo las diversas características de una persona (raza, clase, género, etc.) influyen en cómo la tratan, dando paso al feminismo interseccional, uno de los conceptos más reconocidos e importantes hasta la fecha.
En esta ola también nace otro tipo de activismo a causa de las Riot Grrrl en bandas como Bikini Kill, Bratmobile y Heavens to Betsy. Esta música feminista organizó un girl riot (motín de chicas) y publicaron su propia música, con letras que abordaron temas como el empoderamiento y el abuso.
Estas bandas llegaron a ser tan conocidas, que la cultura pop comenzó a usar la expresión Girl Power que ellas usaban como activismo, convirtiéndola en un eslogan de la cultura pop y después, grupos como Spice Girls también empezaron a usarlo.
Los medios de comunicación comenzaron a asociar a las bandas feministas con productos de la cultura pop, diluyendo sus mensajes originales y provocando la disolución de muchas de ellas.

Cuarta ola
Aunque la tercera ola no tuvo un final oficial, los activistas exponen que el siglo XXI marcó el inicio de un nuevo tipo de activismo.
Este nuevo siglo dio paso a una conversación importante: autonomía reproductiva y pro-decisión, ya que para existir con libertad es necesario que las mujeres tomen decisiones sobre sus cuerpos, sin ser perseguidas jurídica y socialmente.
Desdichadamente, diversas leyes han impedido que se alcance esta autonomía y la lucha por estos derechos continúa.

Por otro lado, más mujeres han ocupado puestos políticos. Esto no quiere decir que siempre se compartan sus posturas, pero significa que seguimos ganando terreno en el área. Podemos apreciarlo en mujeres como Madeleine Albright, quien en 1997 se convirtió en la primera mujer en ser la jefa del Departamento de Estado de los Estados Unidos.
En esta ola entran en juego las redes sociales, una herramienta poderosa para difundir el mensaje feminista, extender la lucha hasta otros continentes y empatizar con más mujeres alrededor del mundo.
Hemos sido testigos de campañas como #MeToo, #YesAllWomen, #VivasNosQueremos o #NiUnaMenos en donde se dan a conocer testimonios de violencia, se concientiza sobre el tema y se alza la voz.
Sin duda esta ola ha sido de gran importancia para fomentar la cultura de denuncia y la creación de contenido escrito y audiovisual para seguir hablando de feminismo, consejos sobre cómo salir de relaciones violentas, empatizar con las historias de otras mujeres y fomentar el empoderamiento de niñas, adolescentes y mujeres.
Además, ha permitido el estudio y discusión de otros temas que atraviesan a las mujeres, como la autoestima, body positive, aborto seguro legal y gratuito, cifras de violencia contra las mujeres, feminicidios, consumo de pornografía, prostitución, etc.
¿Y qué sigue para el movimiento?
De acuerdo con las teorías, aún no se habla de una quinta ola y tampoco se visualiza el final de la cuarta. Por lo que nuestra tarea sigue siendo mantener viva la lucha que encendieron nuestras antecesoras.
Es fundamental continuar luchando por nuestros derechos y ser conscientes de la variedad de contextos y feminismos que existen, para que los avances puedan llegar a todas, sin exclusión alguna.
Aunque es una tarea difícil y dura, tenemos la responsabilidad de utilizar los derechos y privilegios que tenemos para continuar con la investigación, el debate y la empatía desde las diferentes áreas en las que nos desarrollamos, para alcanzar la autonomía integral que merecemos todas.
Referencias
- Gloria Ramírez: La declaración de derechos de la mujer de Olympe de Gouges 1791: ¿Una declaración de segunda clase?
- National Women’s History Museum
- Las olas feministas y su histórica aportación en el reconocimiento de los derechos de las mujeres de Andrea Delgado Quintero
Related Tags
Chelsea Gordon
Comunicadora y Social Media Manager. Apasionada las tendencias, las redes sociales y de descubrir nuevos lugares de Guatemala. Miembro de la Junta Directiva de Telégrafo.













