La amenaza silenciosa de la agricultura intensiva
El cambio climático, el agotamiento del suelo y la pérdida de la biodiversidad han comprometido la sostenibilidad de los cultivos en el ámbito agrícola. Durante décadas se han repetido prácticas de producción intensiva que en la actualidad evidencian que las estrategias utilizadas no garantizaban sostenibilidad a largo plazo por su fuerte enfoque de explotación agrícola.
Las actividades antropogénicas (actividades producidas por el ser humano) han promovido la degradación de la biodiversidad, lo que a su vez ha provocado deficiencias en la resiliencia de los cultivos ante el cambio climático. Lozano-Povis afirma que la biodiversidad se encarga de sustentar muchas funciones en la naturaleza y por lo tanto, también en los agroecosistemas.
Dentro de las funciones se destacan:
- El ciclo de los nutrientes que es promovido por los organismos que habitan el suelo, tales como hongos, bacterias, lombrices entre otros
- La polinización, principalmente por insectos
- El control de plagas y enfermedades de depredadores naturales
- Conservación de los suelos, en su mayoría gracias a las raíces de diversas especies vegetales que previenen la erosión y mejoran la estructura.

En la actualidad, los monocultivos son objeto de debate debido a su impacto negativo sobre los ecosistemas agrícolas. Una de las características principales de estos sistemas es la priorización de una sola especie vegetal en amplias extensiones de terrenos. En consecuencia, se vulnera la diversidad biológica, afectando las poblaciones de otras especies que forman parte del agroecosistema. Esta pérdida de interacción ecológica pone en riesgo la sostenibilidad del sistema, comprometiendo las funciones antes descritas.
Descubre más aquí: Agricultura sostenible, o cómo cultivar el cambio
La resistencia al cambio como barrera silenciosa hacia la sostenibilidad
A pesar del reconocimiento creciente de los impactos negativos asociados a la agricultura extensiva e intensiva, muchas comunidades agrícolas continúan replicando modelos basados en la alta productividad sin asumir las responsabilidades ambientales que eso conlleva. Existe una resistencia al cambio profundamente arraigada. Se rechazan nuevas técnicas de manejo agronómico o bien, técnicas ancestrales con enfoques en sostenibilidad, argumentando que los métodos tradicionales han garantizado buenas cosechas.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), señala que la fertilidad de los suelos, la biodiversidad y las condiciones climáticas han cambiado sustancialmente, lo cual hace inviable, en muchos contextos, la continuidad de las prácticas agrícolas tradicionales sin provocar consecuencias negativas tanto ecológicas como económicas, a mediano y largo plazo.
En el ámbito rural, muchas prácticas agrícolas han sido transmitidas de generación en generación, lo que refuerza un fuerte sentido de pertenencia y continuidad. Según Conway, este apego se enmarca en lo que Bourdieu denomina habitus, es decir, un conjunto de disposiciones internalizadas que guían el actuar dentro de un contexto social determinado. Desde esta perspectiva, los agricultores perciben como instintivamente incorrecta la adopción de nuevas prácticas que contradicen aquellas que han definido su identidad profesional a lo largo de toda su vida.
La juventud como agente de cambio en la transición agroecológica
Las nuevas generaciones que se están incorporando al sector agrícola han comenzado a cuestionar los modelos de producción intensiva heredados. Esta reflexión surge, en parte, por el aumento notable en la incidencia de plagas y enfermedades, así como por la creciente evidencia de que las producciones ya no son tan sostenibles como en el pasado.
Ante la degradación progresiva de los suelos y la pérdida de fertilidad, muchos jóvenes productores y técnicos se han visto en la necesidad de recurrir a estrategias de biorremediación y prácticas regenerativas para restaurar la salud del suelo y garantizar la viabilidad de sus cultivos.
También te puede interesar: Las mujeres y las producciones cafetaleras de Guatemala

Superar la resistencia al cambio no es un proceso inmediato, pero resulta vital para transitar hacia sistemas agrícolas más resilientes y sostenibles. Concientizar a las nuevas generaciones es fundamental, no solo para garantizar un relevo generacional informado, sino también para fortalecer la conexión entre la agricultura y el resto de la sociedad.
Después de todo, el mundo entero depende del sector agrícola para su alimentación y bienestar. Fomentar una visión crítica, responsable y ecológica en quienes manejan la tierra es una inversión indispensable para el futuro del planeta.
El mundo de la agricultura necesita jóvenes que se atrevan a sembrar diferente. Que no renuncien a sus ideales de sostenibilidad sin dejar de lado la productividad. Resistir en el campo con una visión regenerativa, rentable y consciente no es una tarea fácil, pero sí absolutamente necesaria. Es necesario transformar la agricultura porque es una forma de cuidar la vida.
Lectura recomendada: Alimentar al mundo sin destruirlo: la urgencia de la agricultura
Related Tags
Beatriz del Cid
Ingeniera agrónoma. Mujer y humana. Amante de la literatura, la biología y la educación.











1 comentario
Debería tener un mejor alcance todo esto