Las voces de las mujeres Achi

El caso Mujeres Achí es un testimonio de resistencia, dignidad y lucha, así como una esperanza de que la justicia aún es posible en Guatemala. A su vez, se desarrolla un segundo juicio y se espera que el Estado de Guatemala cumpla con las medidas de reparación digna a favor de las víctimas como el acceso a salud, educación y el reconocimiento de su sufrimiento en la historia oficial del país.

El dolor y la memoria de las mujeres Achi siguen vivos. Décadas después de haber sufrido violencia sexual durante el conflicto armado interno, su búsqueda de justicia continúa. Enfrentaron el silencio impuesto por el miedo y la impunidad, pero su valentía ha permitido que el mundo conozca lo que sucedió en Rabinal, Baja Verapaz. 

A pesar de los obstáculos, han demostrado que la verdad no se puede ocultar y que la justicia es una deuda histórica que el Estado aún debe saldar.

La historia de las mujeres Achi de Rabinal es un testimonio de resistencia, dignidad y lucha por la justicia. Fueron víctimas de violencia sexual sistemática, utilizada como un arma de guerra por el Ejército de Guatemala y las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC). Sin embargo, estas mujeres se negaron a permanecer en el silencio impuesto por la impunidad y el miedo.

“Nosotras, las mujeres sobrevivientes de violaciones sexuales dentro del conflicto armado, hemos sacado coraje de contar lo que nos sucedió para que en esta sociedad nunca más vuelvan a suceder estos actos inhumanos contra los hombres y especialmente contra las mujeres. La vergüenza es para los que lo hicieron”.

Paulina Ixtapá, sobreviviente.

caso Mujeres Achí de Rabinal, Baja Verapaz.
Caso Mujeres Achí de Rabinal, Baja Verapaz. Foto: Impunity Watch Guatemala en X

Un camino marcado por la impunidad

El caso de las 36 mujeres maya Achi comenzó a investigarse por el Ministerio Público en 2011, cuando 11 de ellas denunciaron la violencia sexual sufrida en los años 80. Tuvieron que enfrentar la negligencia del sistema de justicia, la estigmatización y el racismo. A pesar de las pruebas presentadas y los testimonios contundentes, en 2019 seis ex PAC fueron liberados porque una jueza desestimó sus relatos.

El proceso continuó y, en 2020, un octavo ex PAC fue deportado de Estados Unidos a Guatemala, donde finalmente fue acusado. Al año siguiente, en 2021, fue detenido el último ex PAC vinculado al caso. Después de años de lucha, en enero de 2022, el Tribunal de Mayor Riesgo A condenó a cinco ex patrulleros a 30 años de prisión por delitos cometidos.

Este fallo marcó un hito histórico: fue la cuarta vez en la historia de Guatemala que un tribunal reconoció la violencia sexual como un crimen de lesa humanidad, junto con los casos Genocidio Ixil (2013), Sepur Zarco (2016) y Molina Theissen (2018).

La violencia sexual como arma de guerra

Según la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH), el 89% de las víctimas de violencia sexual durante el conflicto fueron mujeres mayas y el 35% eran niñas. La violencia sexual no fue un hecho aislado ni espontáneo: formó parte de una estrategia para destruir comunidades y someter a la población indígena.

En el caso de las mujeres Achi, muchas fueron forzadas a cocinar y realizar trabajos para los militares, bajo amenaza de muerte. La sentencia del caso Mujeres Achi reafirmó que estas prácticas fueron sistemáticas y planificadas para humillar, despojar y destruir a las comunidades indígenas.

También se reconoció el derecho de las sobrevivientes a una reparación digna, estableciendo 12 medidas que incluyen atención en salud, becas para sus familias y la construcción de un mural en memoria de su lucha.

El eco de su valentía

El camino de las mujeres Achi no solo ha sido una batalla legal, sino un acto de valentía histórica. Sus testimonios conmocionaron al mundo y demostraron que el silencio ya no es una opción.

La jueza Yassmin Barrios, quien presidió el tribunal, lo dejó claro en la sentencia:

“Creemos firmemente en los testimonios de las mujeres que fueron violadas sexualmente… Dejamos constancia del valor y respeto que merecen las mujeres Achí”.

Su lucha sigue vigente. Aunque hay cuatro sentencias, el racismo y la violencia de género persisten en Guatemala, casos de despojos de tierras, desalojos violentos y agresiones sexuales contra mujeres indígenas siguen ocurriendo, recordándonos que la impunidad sigue siendo un enemigo al que hay que enfrentar.

Las mujeres Achi han marcado un precedente, no solo para Guatemala, sino para el mundo. Su lucha nos recuerda que la justicia no es solo un derecho, sino una necesidad para que estos crímenes no se repitan jamás.

Caso Mujeres Achí de Rabinal, Baja Verapaz
Caso Mujeres Achí de Rabinal, Baja Verapaz. Foto: Impunity Watch Guatemala en X

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La lucha no ha terminado

A pesar de las condenas logradas, el caso aún no ha concluido. Las sobrevivientes y las organizaciones que las apoyan están participando en un segundo juicio que está en desarrollo en estos momentos, en contra de tres ex patrulleros. Esperan que sean declarados responsables de los crímenes cometidos.

Además, esperan que el Estado cumpla con todas las medidas de reparación ordenadas por el tribunal, que incluyen acceso a salud, educación y el reconocimiento de su sufrimiento en la historia oficial del país.

La valentía de estas mujeres ha motivado a otras víctimas de violencia sexual a denunciar y buscar justicia. Sin embargo, la impunidad sigue siendo una amenaza, y el caso de las mujeres Achi nos recuerda que la justicia es una lucha constante. Su esfuerzo es un testimonio de resistencia, pero también una advertencia: sin justicia, el pasado puede repetirse.

Una esperanza en el horizonte

En la actualidad, las sobrevivientes continúan reafirmando sus testimonios y demandando que la justicia se traduzca en acciones concretas.

Con el apoyo de diversas organizaciones de derechos humanos, siguen luchando para que se garantice que estos crímenes no se repitan.

Mientras el caso avanza, la comunidad internacional observa con atención. El acompañamiento de organizaciones nacionales e internacionales y defensores de derechos humanos ha sido fundamental para mantener viva la lucha de las Mujeres Achi.

Su determinación y resistencia demuestran que, aunque el camino sea largo, la justicia aún es posible.

Texto elaborado con apoyo de Impunity Watch.

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