Lección no. 4 que aprendí viendo The Office siendo un hámster de oficina

Concluimos que la verdadera victoria es evolucionar y tener el coraje de apagar las luces con paz, soltando el peso de los vínculos que ya no nos habitan. Cerrar un ciclo permite volver a empezar con menos culpa, naciendo alguien más sabio y genuino listo para pintar nuevas realidades sobre un lienzo en blanco. Al apagar las luces de la oficina gris, se enciende una chispa de anarquía y esperanza que permite iniciar de nuevo con mayor sabiduría.

El arte de despedirse

Todo final duele porque es la prueba de que valió la pena estar ahí

El final de The Office no solo se siente: se asienta en el pecho. Es ese tipo de dolor suave, como un golpe que tarda en llegar pero que, cuando lo hace, te deja sin aliento. Y ahí reside la última lección: todo termina. Incluso lo que amamos, lo que creemos eterno y aquello que nos acompaña diez minutos al día durante el lunch, el break o mientras las gotas de la ducha golpean el suelo. Pues al igual que la vida misma, todo tiene que tener un final.

Pero hay belleza en esa finitud. Poéticamente, el final nos enseñó que la nostalgia es un hogar temporal; narrativamente, nos mostró que cerrar una historia puede ser tan poderoso como iniciarla; y humorísticamente… nos recordó que incluso en una despedida se puede hacer un chiste incómodo y, aun así, llorar.

El último episodio es una fotografía que nadie quiere soltar. En cada personaje vemos un pedazo nuestro: la etapa que ya vivimos, la que estamos por atravesar o la que ya perdimos. En ese dolor, la serie nos entrega su verdad definitiva a través de Andy Bernard:

“Ojalá hubiera una forma de saber que estás en los días de oro, antes de que los hayas dejado”

 “I wish there was a way to know you’re in the good old days before you’ve actually left them”.

Andy pronuncia estas palabras recordando a sus viejos amigos de la oficina de Dunder Mifflin y a los nuevos de Cornell, destacando la importancia de apreciar el momento presente sin saberlo. La serie nos pide que no esperemos a que la cámara se apague o a que el vínculo termine para darnos cuenta de que la belleza estaba justo ahí: en la silla de al lado, en la mirada cómplice, en lo que compartimos con los otros. En las cosas que no decimos, en el saber estar con alguien. No se trata del trabajo, sino de aprender a abrazar la cotidianidad antes de que se convierta en un recuerdo.

Al cerrar el último episodio, me descubrí llorando no solo por ellos, sino por lo que me recordaron de mi propia historia. Entendí que la vida no es un blanco y negro interminable, sino una variedad de tonalidades. Como Charles Darwin sugirió en El origen del hombre, no sobrevive el más fuerte ni el más inteligente, sino el que mejor se adapta al cambio. Y a veces, abrazar el cambio no es una opción, es la única salida.

Personalmente, estas lecciones se volvieron mi ancla en este periodo de terapias y cambios personales. Aprendí que hay que amar lo que se esconde en lo ordinario y sobre la despedida que llega sin pedir permiso. Aprendí que a veces dañamos no por maldad, sino porque estamos aprendiendo a vincularnos, tal como Dwight o Jim. Aprendí que los límites son buenos y que, si las personas son las correctas, darán saltos de fe contigo, como Pam, Angela u Oscar. Pero también aprendí que no hay que quedarse en refugios en ruinas como los de Ryan o Michael. Hay que aprender a volar, sanar las heridas y perseguir los sueños. Porque amar es un arte y despedirse también. Porque aunque no lo queramos, a veces marcharse es también necesario, tal como lo hizo Michael con Todd Packer y Ryan, entendiendo que ellos crecerán también cuando encuentren el momento correcto.

Hoy comparto esto como alguien que encontró, entre risas y torpezas, una manera distinta de mirar el mundo. Porque decir adiós también es un acto de amor; el amor auténtico sabe cuándo despedirse y dejar libre al otro. No es que estés en cautiverio sino que, como escribió Kafka: “El adiós no es para siempre. Pasas de estar conmigo a estar en mí”.

Es mucho mejor amar en libertad y por elección, tal como todos los personajes lo hicieron al final. Excepto Ryan y Kelly, ellos no; ellos siguieron cultivando el lugar para que Greta Thunberg llegue a salvarlo (jajaja).

Amar en libertad te permite compartir desde la abundancia y no desde la carencia; pero para aprender a amar hay que encontrar a personas dispuestas a construir ese vínculo contigo y no será fácil; requerirá ensayo y error hasta que finalmente encuentres con quién poder encajar. Y principalmente, se trata de que tú aprendas a crecer porque, como dijo Aristóteles: “Queridos amigos, no hay amigos”. A lo que él se refería es que el amigo es “otro yo”, un reflejo de quien soy; y así mismo lo retrata The Office, mostrándonos que entre mejor aprendamos de nosotros mismos, mejores relaciones tendremos. Aprenderemos a amar de manera genuina, gentil y amable, respetándose mutuamente tal como Holly y Michael o Pam y Jim.

Al final, todos debemos aprender a elegir nuestro lugar: nuestra pequeña oficina, nuestro propio Scranton. Porque aunque el paisaje cambie, lo que hemos construido dentro de nosotros permanece. Fue precisamente ese hallazgo el que transformó mi silencio en palabras, llevándome a escribir estos versos —honrando el camino que recorrimos durante estas semanas— para despedir este viaje de la misma manera en que lo empezamos:

“Lugares 
hay sombras que se desvanecen 
errando en el espacio 
ocultas a nuestros ojos. 

Como los agujeros negros, 
devoran la luz, 
como la niebla, 
devoran las calles al amanecer. 

Como el agua que se evapora sobre las piedras. 
y sube al cielo en busca de escape
regresa convertido en lluvia. 
Y esa lluvia ya no te moja el alma”.

Todo empezó con un poema, pero terminó siendo una serie de artículos que de verdad agradezco que hayas leído. Para mí, estos versos engloban lo que entiendo hoy por finales: aunque por fuera seas la misma agua que recorre las calles, al evaporarte te transformas. Si alguna vez aprendes a volar y a entenderte, cuando regreses al suelo ya no serás la misma persona.

El final de The Office nos muestra que todo termina para que algo nuevo pueda comenzar; nos enseña que es mejor irse cuando todavía hay amor y no esperar a que la audiencia se retire. Aprendimos que la risa es una forma de soportar el peso de la transformación y que debemos ser vulnerables, pero también fuertes cuando la vida lo exija.

Por eso, ante la solemnidad de este adiós y la nostalgia de este 2025, agradezco que los finales existan. Como sugieren las ideas de Edward Elric, Kafka, Aristóteles o Darwin, somos una especie diseñada para crear vínculos, aprender de los errores y establecer límites sanos para cuidar a quienes amamos.

Sé que debería cerrar con una frase profunda sobre el crecimiento personal, pero siendo sincero, una parte de mí se resiste a aceptar que esto se acabó. Siento que es demasiado grande, demasiado largo y difícil de manejar… a lo que Michael Scott, sin duda, me interrumpiría al oído para decir:

“Eso fue lo que ella dijo”.

“That’s what she said”.

Pero acepto que es momento de salir de la oficina y apagar las luces. Me voy con la certeza de que aquel hámster que empezó a ver The Office en la monotonía de una oficina gris, ya no es el mismo que hoy apaga el monitor. Porque ya no me siento insuficiente, ni creo que mi vida dependa de qué tan exitoso sea o qué tan bien haga mi trabajo. Ahora entiendo que todo final es el preámbulo de un nuevo ensayo; que las páginas en blanco son para experimentar, crecer y volver a llenarlas hasta que se agoten y la página quede en blanco una vez más.

Tal como me dijeron mis amigos del Call este año: hagamos arte solo por hacer, sin miedo, porque experimentar es de las cosas más bonitas de la vida. Hoy sí tengo amigos, y espero en algún punto encontrar ese lugar donde pueda pertenecer y encajar sin miedo a ser juzgado.

Gracias por haberme acompañado estos messes; aprecio mucho que me hayas leído. Mañana nos toca empezar de nuevo, apreciando mejor las pequeñas cosas y con menos culpa, habiendo aprendido que los finales, al igual que los inicios, son parte de la vida.

Porque después del final, siempre vuelve el principio.

Que la rebeldía, la alegría, la anarquía y la libertad te acompañen a donde quiera que vayas. 

Un abrazo,

Blackstone

Posdata creo que ya es Marzo espero estes logrando tus sueños este año. 

Escrito por: Gustavo Hernández

Hola soy Guss me gusta la escritura en todos sus ramas poesia, cuento, novela y me apasiona mucho el el anime, la literatura, el cine de terror y he publicado algunos poemas en antologias como poetas de quetzaltenango de Sion Editorial y 20-30 de la waffle Editorial y otros medios online. Actualmente estoy publicando una novela titulada abandono en Wattpad mi usuario es Black5tone. Y en mis momentos libres soy fotografo aficionado.

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