¿Límites dentro de la “familia”?

Estamos en pleno siglo XXI, ya se acabaron los tabúes de “los hombres no lloran”, “yo no digo lo que pienso”, “no me gusta llorar”, “es mi familia de sangre y por eso le debo respeto”, entre otras frases que estaban inmersas en una dinámica poco sana en nuestras relaciones.

A lo largo del tiempo, la familia se ha ido construyendo y evolucionando respecto a los diversos contextos que vamos viviendo como sociedad. Desde pequeños nos enseñan que la familia es ese ente funcional que necesitamos para desenvolvernos y apoyarnos, para tener un soporte y contar con alguien no solo en los momentos difíciles, sino también en los momentos satisfactorios. 

La familia es la base de la sociedad. También, el sitio donde se reciben las primeras enseñanzas. Por ejemplo: cómo comportarse, los valores fundamentales, modales y formas de desenvolvimiento durante el crecimiento y desarrollo de las personas.

Nos han enseñado que la familia debe ser tu guía, tu mentor, tu base de crecimiento para abrirte camino en la sociedad y ser alguien en la vida. 

Según la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José de Costa Rica), el cual Guatemala es parte de dicho pacto, en su artículo 17, establece que la familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y debe ser protegida por la sociedad y el Estado. Es por eso que es tan importante contar con una familia que nos apoye, nos proteja, nos brinde su apoyo, pero también que comparta nuestros logros, nuestras alegrías.

En el colegio/escuela enseñan a que la familia se compone de papá, mamá e hijos y eso está bien. Pero también está bien que en pleno siglo XXI, se enseñe que esa “familia convencional” a la que se estaba acostumbrada en el pasado, no es el único tipo de familia que existe.

La familia ahora puede estar conformada por cualquier miembro y no solo familiar de sangre, hasta las mascotas y amigos se convierten en familia. Y es muy importante tener en cuenta que no solo las personas que tienen un vínculo de sangre son nuestra familia, como lo mencionaba anteriormente, los amigos y amigas, compañeros de trabajo, compañeros de grupos se terminan convirtiendo en nuestra familia. 

Algunas veces las personas que tienen vínculo sanguíneo con nosotros no se comportan como la familia que uno espera que sea y eso está bien, por eso es tan importante tener en cuenta que no necesariamente la familia convencional será nuestro único apoyo, sino que otras personas pueden ser también nuestro círculo de apoyo y lugar seguro.  “La familia nos cobija, apoya, nos ama y respeta”, no es obligación claramente, pero es importante sentir un apoyo honesto y confiado de parte de otras personas. 

Me pasó a mí, que mi familia principal solo era mi mamá, mis dos hermanas y yo, una familia de 4 mujeres. Luego empezamos a vivir con mis bisabuelos y terminamos siendo una familia de 10 personas, con abuelos, tíos, dos perros y hasta tortugas. Actualmente ya no somos esa familia de 10 porque se han ido algunas vidas, pero otras han venido y de eso se trata, el cambio en la vida es constante y es algo que no podemos evitar, principalmente en un país como Guatemala. 

Dicho esto, en la familia y en todas las relaciones interpersonales que tengamos, es importante que marquemos límites, dichos límites nos ayudan a delimitar nuestros miedos, hasta dónde podemos y/o queremos llegar respecto a un tema o algún suceso. Por ejemplo, en las familias muchas veces no se respetan los límites, incluso me atrevería a pensar que hace 30 años, ni siquiera estaban definidos y es por eso que las relaciones no eran del todo tan sanas, existían faltas de respeto, no existían canales de comunicación entre los propios miembros y había maltrato físico y/o psicológico.

Es muy importante tener en cuenta el tema de los límites en todas nuestras relaciones, sobre todo en nuestra familia, quienes son las personas que nos acompañan (en su mayoría) en el transcurso de nuestra vida. Debemos tener relaciones sanas, duraderas, efectivas, que nos hagan sentir plenos. Los límites nos ayudan a construir nuestra personalidad, ser dueños de nosotros mismos, capaces de delimitar nuestras vidas, tomar decisiones correctas y que nos favorezcan, pero sobre todo, nos ayudan a ponernos en primer lugar, evitando que se lastime nuestra paz y salud mental.

Según la psicología, algunas formas que podrían ayudar con los límites y poderlos aplicar en nuestro entorno familiar son:

  • Alejarse y calmarse respecto a un problema: no ser explosivos o efusivos, a veces es difícil tener un buen manejo de emociones y no reaccionar impulsivamente frente a algo que nos molestó, es por eso que establecemos los límites y si no se respetan, entonces lo mejor es alejarse de la situación.
  • Ser una persona objetiva y asertiva: a veces es complicado marcar los límites y que nosotros mismos los respetemos, especialmente tratándose de familiares y aunque suene extraño, podemos establecerlos aún con las personas mayores y con el debido respeto que se merecen los demás, es importante defendernos cuando no nos sentimos cómodos.
  • Plantear, conocer y aplicar los límites impuestos: como mencionaba, es difícil poder aplicar nuestros propios límites, pero es una tarea fundamental para poder vivir de manera plena y poco a poco ir construyendo relaciones más saludables para nuestra salud mental.

Estamos en pleno siglo XXI, ya se acabaron los tabúes de “los hombres no lloran”, “yo no digo lo que pienso”, “no me gusta llorar”, “es mi familia de sangre y por eso le debo respeto”, entre otras frases que estaban inmersas en una dinámica poco sana en nuestras relaciones. 

Actualmente debemos poner y fijar nuestros límites, nuestras limitaciones y estar conscientes de hasta donde queremos y podemos tolerar de los demás, ya no podemos sacrificar nuestra salud mental solo por hacer felices a los demás (incluyendo a nuestra familia), es necesario que estemos seguros de lo que queremos y de hasta dónde podemos llegar. 

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