Lo que calla el alma… Lo grita el cuerpo

“Lo que el alma calla, el cuerpo lo grita” encapsula la profunda conexión entre la salud mental y física, sugiriendo que las emociones no expresadas o reprimidas pueden tener repercusiones físicas. Esta metáfora resalta la importancia de reconocer y abordar tanto las dimensiones emocionales con el fin de gozar una salud integral.

La expresión “lo que el alma calla, el cuerpo lo grita” sugiere la idea de que las emociones y los sentimientos internos, a menudo no expresados o reprimidos, pueden manifestarse de alguna manera a nivel físico. Esto refleja la conexión profunda entre la salud mental y la salud física.

Esta relación entre la mente y el cuerpo destaca la importancia de la atención adecuada a las emociones y la búsqueda de formas saludables de expresar y manejar el estrés u otras tensiones emocionales para contribuir al bienestar general.

El estrés es una respuesta natural del cuerpo ante situaciones desafiantes o amenazantes. Incluye cambios físicos, mentales y emocionales que ayudan a afrontar la situación. Sin embargo, el estrés prolongado o crónico puede tener efectos negativos en la salud si no se gestiona adecuadamente. Las fuentes de estrés pueden variar y van desde situaciones cotidianas hasta eventos más significativos. Adoptar técnicas de manejo del estrés, como el ejercicio, la meditación y la organización del tiempo, puede ser beneficioso para mitigar sus impactos.

La ansiedad, el estrés y la depresión son solo algunos de los sentimientos que pueden afectar la salud mental y en algunos casos, también pueden tener impactos en la salud física. A continuación, se mencionan algunas enfermedades y condiciones médicas que pueden estar relacionadas con la ansiedad, el estrés y la depresión:

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  • Trastornos cardiovasculares: el estrés crónico puede contribuir al desarrollo de enfermedades cardiovasculares como la hipertensión arterial, enfermedad cardíaca coronaria y arritmias.
  • Problemas gastrointestinales: la ansiedad y el estrés pueden afectar el sistema gastrointestinal, dando lugar a condiciones como el síndrome del intestino irritable (SII), la enfermedad inflamatoria intestinal (EII) y la acidez estomacal.
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  • Trastornos del sueño: la ansiedad y la depresión pueden interferir con el sueño y dar lugar a trastornos como el insomnio.
  • Trastornos autoinmunes: existe evidencia que sugiere que el estrés crónico puede afectar el sistema inmunológico, aumentando el riesgo de enfermedades autoinmunes como la artritis reumatoide y el lupus.
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  • Dolores crónicos: la ansiedad y la depresión pueden aumentar la percepción del dolor y contribuir al desarrollo de condiciones como la fibromialgia y la cefalea tensional.
  • Trastornos respiratorios: el estrés puede afectar la respiración y contribuir a condiciones como el asma.
  • Problemas hormonales: el estrés crónico puede afectar el equilibrio hormonal, contribuyendo a trastornos como el síndrome premenstrual (SPM) en las mujeres.
  • Obesidad: la relación entre el estrés, la ansiedad y la depresión con la obesidad es compleja, pero algunos estudios sugieren que puede haber una conexión.
  • Diabetes: el estrés crónico puede afectar la regulación del azúcar en sangre y contribuir al desarrollo de la diabetes tipo 2.
  • Alopecia:  la alopecia areata es un tipo de pérdida de cabello que a veces se asocia con factores emocionales y de estrés. En la alopecia areata, el sistema inmunológico ataca los folículos pilosos, lo que resulta en la pérdida de cabello en áreas específicas del cuerpo, como el cuero cabelludo.

Si bien existen enfermedades que son ocasionadas por sentimientos no canalizados de forma acertada, también existen enfermedades autoinmunes que pueden llegar a verse afectadas por no saber gestionar las emociones.

La conexión entre las enfermedades autoinmunes y el estrés es un área de investigación en la que se ha observado cierta correlación, aunque la relación exacta y los mecanismos subyacentes aún no están completamente comprendidos. Las enfermedades autoinmunes son condiciones en las cuales el sistema inmunológico del cuerpo ataca por error sus propios tejidos, lo que lleva a la inflamación y al daño de órganos y tejidos.

El estrés crónico puede afectar la respuesta del sistema inmunológico y se ha sugerido que puede desempeñar un papel en la aparición o exacerbación de algunas enfermedades autoinmunes. Algunas de estas enfermedades incluyen:

  • Vitíligo: enfermedad en la que el sistema inmunológico ataca las células que producen pigmento en la piel, llamadas melanocitos, resultando en la pérdida de pigmento y la aparición de manchas blancas en la piel.
  • Lupus eritematoso sistémico (LES): enfermedad autoinmune que puede afectar varias partes del cuerpo, incluyendo la piel, las articulaciones, los riñones y otros órganos.
  • Psoriasis: es una afección crónica en la que el sistema inmunológico ataca erróneamente las células de la piel, lo que lleva a un crecimiento celular rápido y a la acumulación de células en la superficie de la piel. Este proceso resulta en la formación de placas escamosas, rojas y a menudo elevadas, que pueden causar picazón y molestias. Factores como el estrés emocional pueden desencadenar o exacerbar los brotes de psoriasis en algunas personas. 
  • Tiroiditis autoinmune: incluye enfermedades como la enfermedad de Hashimoto y la tiroiditis de Graves, que afectan la glándula tiroides.

Es importante señalar que mientras que el estrés y las emociones pueden afectar la salud física, esto no implica que todas las enfermedades tengan un componente emocional o que todas las personas que experimentan enfermedades hayan experimentado estrés emocional. Además, la genética, el entorno y otros factores también desempeñan un papel crucial en la salud.

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Abordar las emociones y el estrés de manera saludable puede ser beneficioso para la salud en general. La práctica de técnicas de manejo del estrés, la búsqueda de apoyo emocional y la atención a la salud mental son aspectos importantes del cuidado integral de una persona. La vida cotidiana a menudo presenta una serie de desafíos y situaciones que pueden generar una amplia gama de emociones. La forma en que manejamos esas emociones puede tener un impacto significativo en nuestra salud mental y física a largo plazo. Aquí hay algunos puntos clave para tener en cuenta:

  • Conciencia emocional: ser consciente de tus emociones es el primer paso para manejarlas de manera efectiva. Presta atención a lo que estás sintiendo en diferentes situaciones.
  • Aceptación de las emociones: todas las emociones son válidas y forman parte de la experiencia humana. Aprender a aceptar y validar tus propias emociones es fundamental para un manejo saludable.
  • Herramientas de afrontamiento: desarrolla estrategias saludables para hacer frente al estrés y a las emociones difíciles. Esto podría incluir técnicas de relajación, ejercicio, hablar con alguien de confianza o buscar apoyo profesional.
  • Equilibrio entre trabajo y vida personal: trata de encontrar un equilibrio saludable entre tus responsabilidades laborales y personales. El agotamiento y el estrés crónico pueden surgir cuando no se cuida adecuadamente este equilibrio.
  • Descanso y autocuidado: asegúrate de descansar lo suficiente y dedicar tiempo a actividades que te brinden placer y relajación. El autocuidado es esencial para mantener un buen estado de ánimo y una salud emocional sólida.
  • Comunicación efectiva: aprender a comunicar tus emociones de manera efectiva puede mejorar las relaciones y reducir el estrés. Expresar tus sentimientos de manera clara y respetuosa puede facilitar la comprensión mutua.
  • Flexibilidad mental: la vida está llena de cambios y desafíos. Desarrollar una mentalidad flexible puede ayudarte a adaptarte a nuevas situaciones y reducir la ansiedad asociada con lo desconocido.

Recuerda que buscar apoyo cuando lo necesitas no es una señal de debilidad, sino de fortaleza. Hablar con amigos, familiares o profesionales de la salud puede proporcionar perspectivas útiles y ayuda durante momentos difíciles.

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