Lo que no se habla sobre el Mes del Orgullo en Guatemala

Alejado de los arcoiris y los mensajes positivos con los que la comunidad es bombardeada durante junio, el Mes del Orgullo LBGTQ+, por más bonitos que suenen, rara vez coincide con el actuar de las personas y organizaciones que los emiten.

Todos los años, el 1 de junio, distintas empresas y comercios actualizan sus fotos de perfil a una versión en arcoíris de sus logotipos para “conmemorar” el Mes del Orgullo. Un gesto que se ha vuelto tan frívolo, que a estas alturas, carece de impacto e incluso, ha sido sujeto de bromas y memes en redes sociales. 

En muchas formas, el Mes del Orgullo se ha convertido en una conmemoración vacía que lejos de darle una plataforma a los desafíos que enfrentan los derechos LGBTIQ+, simplemente es una celebración que cada año pasa “sin pena ni gloria”. 

Guatemala es un ejemplo perfecto de esto.

¿Existen avances significativos en función de los derechos LGBTIQ+ en los últimos años? La respuesta es no.

Es más, lo único que se ve en el Congreso, son intentos por crear leyes anti derechos como la iniciativa 5272, que si bien no logran ser aprobadas, dejan muy en claro la hostilidad a la que está sujeta la diversidad sexual por el simple hecho de existir.

Sería muy fácil culpar exclusivamente a los sectores conservadores y a la homofobia de todos los problemas que afectan a la comunidad, pero quiero hacer una crítica introspectiva y exponer algunas de las problemáticas que ocurren desde adentro, al menos desde mi experiencia como hombre homosexual y que pueden llegar a ser igual de nocivas para otras personas LGBTIQ+.

Detrás del arcoíris que promete ser un lugar seguro donde se puede ser auténtica y genuinamente uno mismo, se esconde una serie de obstáculos a los que cada miembro debe enfrentarse para no encajar en ciertos parámetros, estándares o expectativas que la misma comunidad le ha impuesto.

A continuación, veamos algunos de ellos…

Desfile LGBTIQ en Guatemala.
Desfile LGBTIQ en Guatemala. (Fotografía de Moisés Castillo / Associated Press).

Falta de enfoque en el desfile

En el contexto guatemalteco, no hay una gran cantidad de momentos trascendentales que puedan señalarse como catalizadores del movimiento LGBTIQ+.

Uno de los más importantes y que a menudo se menciona, es el asesinato de María Conchita Alonso, una mujer trans, en octubre de 1997. 

Lo curioso es que lo que ahora se conoce como el “Desfile de la Diversidad Sexual e Identidad de Género”, empezó como una marcha en el 2000 en honor a este suceso. No obstante, esta se realizó en junio para coincidir con los disturbios de Stonewall en Estados Unidos y no en octubre, que es cuando ocurrió este crimen de odio.

Si bien Stonewall es un momento significativo en la historia LGBTIQ+, realmente no tiene ninguna relevancia o impacto sociopolítico en Guatemala. 

Existen ejemplos de países en Asia o África, que han realizado desfiles del orgullo en meses como octubre o agosto.

Mientras que en Estados Unidos conmemoran y celebran de sus desfiles de orgullo en pleno verano, acá hay que “preocuparse de que no le agarre la lluvia a uno antes de llegar al Parque Central”.

Más allá de las fiestas, el desfile del orgullo debe ser una herramienta para hacer un llamado a la conciencia y exigir acciones que beneficien a la comunidad

En una publicación promocional del desfile, mencionan una estadística que me pareció interesante: solo el 5 % de los crímenes de odio en Guatemala, reciben una sentencia favorable.

Me parece genial que quieran visibilizar el problema con este dato, pero cabe preguntar, ¿5% de cuántos crímenes? ¿En qué año se obtuvo este indicador? ¿Quiénes fueron las víctimas?

No hay forma de validar esta información.

Desafortunadamente, el gobierno no es nuestro aliado en este tipo de situaciones, por lo que la información que está disponible públicamente es escasa.

El observatorio de la Asociación LAMBDA ofrece estadísticas públicas que indican que en 2023 se registraron 39 muertes violentas a personas LGBTIQ+. Mientras que en el transcurso del 2024 se han registrado 12 hasta la publicación de este artículo, pero no se hace mención de sentencias favorables, ni se identifican casos puntuales. 

Además, no se habla suficiente de los crímenes de odio que ocurren en Guatemala, ni se le da visibilidad a las víctimas de los mismos. Hay que alzar la voz, ponerle cara y nombre a las personas LGBTIQ+ que sucumbieron ante el odio y la discriminación que aún predominan. De lo contrario, solo serán una estadística más en un video promocional del desfile, cuando deberían de tener un espacio conmemorativo dentro de él.

Cifras de crímenes de odio cometidos en el 2023 en Guatemala
Cifras de crímenes de odio cometidos en el 2023 en Guatemala. Fuente: Asociación LAMBDA

Tampoco existe diversidad de representación detrás de la organización del evento.

¿Dónde están las lesbianas?, ¿Dónde están los bisexuales? ¿Dónde están los intersexuales?, ¿Dónde están los no binarios?

Estos colectivos rara vez pasan de ser una sigla en el acrónimo, no cuentan con la misma visibilidad y protagonismo, lo cual termina siendo más excluyente que incluyente. 

Hasta la fecha de esta publicación, solo se observan hombres gays y mujeres trans en la publicidad del desfile en redes sociales.

Hace un par de años hicieron una serie de publicaciones en donde explicaban cada una de las siglas, pero nuevamente, sin ningún tipo de presencia real.

Aún existen muchos estigmas y discriminación dentro de la misma comunidad en contra de los grupos que no reciben gran exposición en estos eventos, lo cual me lleva al siguiente punto.

Machismo y homofobia internalizada

Basta con darse una vuelta por cualquier aplicación de citas gay para experimentar esto de primera mano y ni siquiera hay que esforzarse por encontrarlo.

Expresiones como: “cero plumas”, “no locas” o “no obvios”, proliferan en las descripciones de los perfiles de muchos usuarios de estas aplicaciones.

En el mundo de las citas gay tiene la ventaja al que menos se le note que es homosexual, algo que sin duda tiene sus raíces en el machismo que aún predomina en nuestra sociedad.

La mujer aún es vista como inferior al hombre y por ende, que un hombre sea afeminado genera rechazo por parte de algunos hombres homosexuales que consciente o inconscientemente, repiten los mismos patrones de discriminación que han visto a las figuras masculinas de sus vidas, infligir por generaciones. 

Tampoco quiere decir que ser un gay masculino o que pase desapercibido esté mal. El problema es forzarlo con tal de ser aceptado, porque existe un miedo de ceder ante la femineidad, ya que representa perder lo que se percibe como el último eslabón a un mundo heterosexual del cual, muy en el fondo, aún desean ser parte. Incluso hay hombres que en el encuentro sexual, no quieren besar a otro hombre porque para ellos, eso cruza una línea.

Sin embargo, no tienen problema en hacer todas las otras cosas que el sexo conlleva.

En una ocasión alguien me preguntó en una aplicación de citas “¿sos bi o gay?”, y cuando le respondí “gay”, inmediatamente murió la conversación. Esta pregunta aún me hace ruido, porque genuinamente hay gays a los que les resulta más atractivo un hombre por aún tener relaciones con mujeres, debido a la “masculinidad” que según ellos, eso implica.

Mano atrás con un arcoíris pintada en la palma
Foto de chormail: Freepik.

Existe también una especie de fetichismo hacia el hombre casado. Resulta demasiado irónico que alguien que está en el closet engañando a una mujer con un hombre, sea más codiciado que un homosexual completamente declarado y que no tiene reparos sobre su sexualidad.

Así que antes de hablar de orgullo, es necesario hacer un autoanálisis y dejar de usar términos como “loca” o “pasiva” de forma peyorativa y remover ese estereotipo que se le ha asignado a los hombres bisexuales, dentro del cual, o se les trata como gays enclosetados que no terminan de definirse (un concepto anticuado), o bien, como el estándar de masculinidad al que se debe aspirar dentro del colectivo. No es ni una, ni la otra.

Doble moral contra la hipersexualidad

El tema de sí la comunidad gay está muy sexualizada siempre ha sido controvertido.

En muchos sectores, particularmente conservadores, se tacha al desfile del orgullo como un espectáculo de perversión y libertinaje, el cual algunos miembros de la comunidad argumentan que hace más daño que bien a la causa.

Hay varios argumentos al respecto y creo que la validez de ellos dependen mucho del emisor del mensaje y la solvencia moral que este tenga. ¿A qué me refiero? A que no se puede consumir el contenido sexual de una persona en privado, pero criticarle en público por crear dicho contenido.

En los últimos años, ha surgido una nueva ola de hipersexualidad en el entorno digital, especialmente desde la pandemia de COVID-19 en 2020.

Muchas personas se vieron en la necesidad de recurrir a sitios como OnlyFans para generar ingresos en medio de todo el caos y la comunidad LGBTIQ+ no fue la excepción. Hasta cierto punto, esto ha normalizado la desnudez y la pornografía en las redes sociales. Tanto así, que es probable que alguna persona en nuestro círculo social inmediato se sexualice en ellas.

Portada de Onlyfans
Foto de Jakub Porzycki: Getty Images.

¿Qué tiene que ver esto con el Mes del Orgullo? Pues bien, la reacción que genera que un hombre homosexual se sexualice, varía dependiendo de muchos factores. Si el chavo es convencionalmente atractivo, se le critica desde el punto de vista moral y el “slut-shaming“. Pero si el chavo no encaja en los estándares de belleza de la comunidad, la crítica va más ligada a “¿cómo se atreve a exhibirse?” No hay forma de ganar con ese tema.

Me atrevería a decir que la comunidad gay en Guatemala no es un lugar seguro para que uno explore su sexualidad plenamente, a menos que uno tenga la piel hecha de acero y no le afecten en nada las críticas. Hace unos años, redacté una columna al respecto, ya que había una tendencia perturbadora de utilizar Twitter (ahora conocida como X) para filtrar fotos íntimas de hombres gays, las cuales casi siempre eran obtenidas de la app Grindr por medio de engaños para después publicarlas y divulgar información privada como números de teléfono, lugar de trabajo y en el peor de los casos, hasta si una persona es seropositivo.

Lamentablemente, no ha habido mucha evolución en este apartado.

Recientemente, se viralizó un incidente en el cual una asociación que suministra ayuda a la comunidad, fue acusada de supuestamente difundir fotos íntimas de uno de sus educadores. Se dice que presuntamente, declinaron participar en el desfile este año debido a la reacción tan negativa que generó esta situación después de dos años de tener una de las carrozas y posiciones más prominentes del evento.

En conclusión, el trabajo de cultivar la aceptación y crear un mejor lugar para los miembros de la comunidad LGBTIQ+, empieza desde adentro.

¿Cómo podemos esperar que no nos ataquen los sectores homofóbicos y conservadores guatemaltecos, cuándo entre nosotros mismos nos atacamos y destruimos? El orgullo va más allá de buscar un atuendo colorido y la mejor fiesta en donde terminar el día del desfile. También debe ser un proceso de introspección y deconstrucción para cada una de las personas que asisten al evento.

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