¿Los perros entienden la despedida? La ciencia, la emoción y el vínculo más allá del final
La pregunta nació en medio del homenaje final previo a la eutanasia de un golden retriever que marcó mi vida laboral y emocional, gracias a su labor como mascota de acompañamiento.
Entre su calma, mi impotencia ante el dolor del entorno y la mirada triste de su padre acercándose con un gesto silencioso de amor, entendí que necesitaba saber qué sienten ellos al partir. Así inició mi búsqueda: comprender, desde la ciencia y el corazón humano, cómo viven los perros el último adiós.
Durante décadas se creyó que los perros no comprenden emociones complejas y que la despedida era un acto únicamente humano. Sin embargo, los avances en cognición animal, neurociencia y etología han transformado profundamente esa idea. Hoy sabemos que los perros son capaces de percibir el estado emocional de su familia, responder a la tristeza, captar la solemnidad de un momento y experimentar la despedida como un evento afectivo cargado de sentido.
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Este artículo explora con base en evidencia científica, clínica y emocional cómo los perros leen las señales humanas durante una despedida, cómo reaccionan cuando un miembro humano o canino está atravesando el final de la vida, y por qué los rituales de cierre ya sea en vida o postmortem resultan terapéuticos tanto para el perro como para su familia humana.
La ciencia del vínculo: el perro entiende más de lo que imaginamos
Los perros son expertos en leer señales humanas. Investigaciones en neurociencia canina y estudios de comportamiento demuestran que los perros interpretan expresiones faciales, distinguen el tono emocional en la voz, detectan cambios en la respiración y postura, reconocen tristeza, ansiedad o calma, y buscan la mirada humana en momentos de vulnerabilidad.
El estudio El lazo oxitocina–mirada en el vínculo humano–perro, demuestra que el contacto visual entre perro y humano incrementa la oxitocina en ambos, reforzando el vínculo emocional. Así, la despedida no se entiende a través de palabras, sino a través de silencios, solemnidad, tristeza contenida y amor transmitido en cada caricia.

Lo que sí comprenden: el lenguaje emocional de la despedida
La presencia de su familia regula su estrés fisiológico; la voz suave, las lágrimas y los silencios largos indican un momento trascendente; el deterioro físico les informa de su propio límite; y la mirada final suele ser un acto de conexión profunda que muchos describen como un “gracias”.
Tuve la oportunidad de presenciar un momento así: la última mirada del cachorro, con los ojos brillantes elevados hacia su cuidador, una mezcla perfecta de agradecimiento y despedida. Fue un gesto silencioso que quedó grabado en mi memoria, pero aún más en mi corazón. Esa mirada, tan consciente y tan pura, me hizo comprender con mayor claridad la profundidad del amor que un perro puede sentir por quienes lo cuidan, lo acompañan y le han dado un lugar seguro en el mundo.
Esa experiencia también me permitió comprender, desde un lugar profundamente humano, lo que muchos estudios ya habían demostrado: que la presencia del cuidador actúa como un regulador emocional para el perro. La cercanía de la figura de apego disminuye el estrés fisiológico y proporciona seguridad en situaciones de vulnerabilidad. En ese instante, mientras el cachorro buscaba con la mirada a su cuidador, entendí que no solo estaba diciendo adiós: estaba buscando refugio emocional en la persona que había sido su mundo.
Allí también emergieron mis propias preguntas internas: ¿qué sintió realmente al vernos reunidos?, ¿Percibió el amor que estábamos intentando transmitirle?, ¿Entendió que ese homenaje era su despedida? No encontré respuestas absolutas, pero sí la certeza de algo esencial: los perros quizás no comprendan el concepto de muerte, pero sí comprenden la emoción de una despedida. Y la sienten profundamente.
La despedida entre perros: un vínculo que también se reconoce
Marc Bekoff en Las vidas emocionales de los animales, documenta comportamientos de acompañamiento, lamido y quietud entre perros cuando uno agoniza. Esto ocurre tanto en manadas salvajes como en hogares, mostrando que la despedida es también un fenómeno social entre ellos.
Pude observar algo muy similar en la despedida del cachorro: el líder, su padre, se acercó a olerlo con suavidad y buscó permanecer a su lado, aun cuando había otros perros presentes. Fue el único que manifestó este comportamiento, casi instintivo, casi sagrado, como si reconociera el estado de su hijo y quisiera acompañarlo en ese tránsito final. Esa escena, silenciosa y profundamente emocional, tocó mi corazón y confirmó que los vínculos familiares entre perros no se olvidan, incluso cuando la convivencia ya no es cotidiana. Hay despedidas que solo un padre puede comprender.
¿Y qué hay del cambio de hogar o figura de apego?
En Conducta, estrés a largo plazo y relación con el cuidador en perros reubicados, los investigadores demostraron que los perros reubicados presentan elevación temporal de cortisol, indicador de estrés crónico. La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), señala que los perros pueden absorber el estrés humano, amplificando su vulnerabilidad ante ambientes emocionalmente cambiantes. Esto confirma que la figura humana no es un “dueño”: es familia, base segura y referencia emocional.
A partir de estos hallazgos surgieron en mí varias preguntas:
¿Pudo afectar al cachorro el cambio de hospedador, que se repitió quizá unas tres veces?
¿Es posible que el vínculo con su primer contacto, su primer hospedador lo haya marcado emocionalmente, aun cuando su cuidador final hubiera sido amoroso, cuidadoso y especial?
Y más aún, ¿pueden las emociones en los perros volverse patológicas?
Estas dudas no nacieron solo del dolor del momento, sino de mi deseo genuino de comprender si la historia emocional del cachorro pudo influir en su salud y en su manera de transitar la despedida.
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La ciencia indica claramente que sí. Los cambios repetidos de cuidador pueden ser emocionalmente disruptivos para un perro, especialmente cuando aún es joven. Investigaciones demostraron que los perros reubicados muestran aumentos sostenidos de cortisol en el pelo, reflejando estrés crónico asociado a la ruptura de vínculos y la pérdida de estabilidad.
De manera similar, investigaciones en comportamiento de Flannigan & Dodman, han encontrado que los perros con múltiples cambios de hogar presentan más signos de ansiedad por separación, inseguridad y confusión emocional. Esto significa que cada cambio de hospedador o dueño puede representar para el perro un pequeño duelo, una pérdida de su “base segura”.
Los estudios también respaldan la posibilidad de que el primer hospedador lo haya marcado emocionalmente. La literatura en apego animal y humano sugiere que los primeros vínculos dejan huellas profundas. McMillan describe que los perros desarrollan un apego primario con su primera figura de cuidado estable y afectiva, y que ese vínculo temprano puede configurar la manera en que confían y se relacionan con futuros cuidadores.
Investigaciones de Gácsi mostraron que los perros recuerdan y responden emocionalmente a cuidadores tempranos incluso después de largos periodos sin contacto. Por lo tanto, es completamente posible que el primer hospedador haya sido una figura emocional significativa en la vida del cachorro, aun cuando recibiera cuidados excepcionales al final.
La respuesta a si las emociones pueden volverse patológicas en los perros también es afirmativa. El estrés emocional sostenido puede convertirse en patología tanto conductual como fisiológica. Landsberg, Hunthausen y Ackerman documentan que el estrés crónico en perros puede provocar ansiedad, conductas compulsivas, alteraciones del sueño e incluso deterioro inmunológico.
Otras investigaciones observaron que la exposición prolongada al estrés genera cambios en los sistemas cardiovascular, digestivo y endocrino. Estos hallazgos coinciden con la teoría del estrés tóxico en mamíferos sociales, que explica cómo las experiencias emocionales intensas que no pueden procesarse adecuadamente se somatizan y dejan un impacto físico real.

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¿Hay razas de perros más vulnerables al daño cognitivo, físico o patológico?
Sí. La evidencia científica indica que algunas razas presentan mayor vulnerabilidad al estrés crónico, al deterioro cognitivo y a ciertas patologías debido a factores genéticos, temperamentales y fisiológicos. Por ejemplo, razas altamente sensibles y orientadas al vínculo humano como los retrievers, border collies, pastores y spaniels muestran mayor reactividad emocional y pueden desarrollar ansiedad o trastornos de apego con más facilidad.
En cuanto al daño cognitivo, estudios han encontrado que perros de razas medianas y grandes tienden a mostrar signos de disfunción cognitiva antes que los de razas pequeñas, especialmente cuando su vida incluye cambios repetidos, estrés acumulado o duelos no resueltos con sus figuras de cuidado.
Desde el punto de vista físico, ciertas razas también tienen mayor predisposición genética a enfermedades que pueden verse agravadas por el estrés, como linfomas, hemangiosarcomas, cardiopatías o trastornos inmunológicos. El estrés crónico emocional o ambiental puede influir en el sistema endocrino, inmunológico y digestivo, actuando como un factor potencialmente acelerador de patologías existentes.
En conjunto, tanto la genética como la sensibilidad emocional de algunas razas pueden aumentar su vulnerabilidad. Esto no significa fragilidad, sino que requieren entornos estables, vínculos afectivos consistentes y acompañamiento empático para mantener su bienestar integral.

¿Cuál es el valor real de una despedida digna?
Ofrecer una despedida amorosa en vida o después del fallecimiento disminuye miedo y ansiedad en el perro, y ayuda a la familia a procesar el dolor, evitar culpas y transformar la pérdida en gratitud. Ritualizar el cierre tiene beneficios terapéuticos ampliamente documentados.
Ante tantas preguntas y respuestas encontradas, pude sostener con más claridad la importancia de una despedida digna. No solo desde la teoría o la evidencia científica, sino desde lo vivido: desde la intuición profunda de que el cachorro estaba percibiendo que aquel homenaje era para él. Cada gesto, cada caricia, cada mirada y cada palabra parecían formar parte de un ritual que él comprendía a su manera.
Era como si reconociera que estábamos agradeciéndole todo el amor que entregó durante su vida de acompañamiento, y como si recibiera, con serenidad y entrega, el cariño de cada persona que mantuvimos un vínculo afectivo con él. En ese momento entendí que la despedida también es un acto de reciprocidad: nosotros los acompañamos en su partida, así como ellos nos acompañaron siempre en la vida.
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¿Por qué ritualizar la despedida transforma el duelo?
Además de los beneficios que representa para el perro, la despedida también ofrece al humano un espacio emocional de enorme valor. En la psicología del duelo, los rituales de cierre permiten dar sentido a la pérdida, integrar la historia compartida y transformar el dolor en significado.
Realizar una despedida digna facilita que la familia pueda ver, nombrar y honrar el vínculo construido, evitando la sensación de que la vida del perro terminó de forma abrupta o incompleta. Según Wortman y Boerner, los rituales permiten reducir sentimientos de culpa, fortalecer la resiliencia y abrir la puerta a un duelo más sano.
Para muchos cuidadores, despedirse es también una manera de agradecer, de reconocer el papel que el perro tuvo en su vida y de permitir que el amor, en lugar de la ausencia, sea el centro del recuerdo. En última instancia, una ceremonia de despedida ofrece un puente entre lo vivido y lo que queda en la memoria: un acto que honra la historia y devuelve paz al corazón humano.
¿Qué comprendí realmente?
Y así, entre ciencia, vivencia y emoción, comprendí que la despedida no es solo el final de una vida: es el momento en que todos los vínculos construidos a lo largo del camino se hacen visibles y se abrazan entre sí. Los perros no entienden la muerte como un concepto, pero entienden el amor, la presencia, la calma, el tono de voz y la emoción que acompaña una despedida. Y eso, en realidad, es lo más importante.
Cierro esta reflexión con una certeza que nació del propio cachorro: los perros no se van solos; se van sostenidos por el amor que les dimos y por el que ellos nos enseñaron a dar.
¿Qué significan estas preguntas en el duelo?
Mis preguntas iniciales: ¿sintió el homenaje?, ¿Le afectaron sus cambios de hogar?, ¿Recordaba a su primer cuidador?, ¿Comprendió que estábamos allí por él? no buscaban respuestas absolutas, sino comprensión. Hoy entiendo que esas preguntas son parte del duelo, del vínculo y del deseo humano de ofrecer paz, sentido y amor hasta el último instante. No encontré certezas científicas para todo, pero sí encontré significado: el amor deja huellas en ellos, y ellos dejan huellas en nosotros.
A lo largo de mi investigación pude comprender que la ciencia y la experiencia humana coinciden en que los perros perciben la despedida como un estado emocional profundo. Aunque no comprendan la muerte de manera abstracta, su capacidad de interpretar emociones, buscar conexión y responder al amor que los rodea hace que el acompañamiento final sea un acto de compasión necesario. Las despedidas dignas honran la vida compartida y facilitan un tránsito amoroso para todos.
Marilú Retana
Quien comparte su vida con un perro descubre que el amor verdadero no se guarda: se vive, se da y se devuelve multiplicado. Y cuando llega el momento de despedirlos, no perdemos un compañero; ganamos para siempre el honor de haber sido su hogar.
Marilú Retana
Con amor profundo para todos los perros que caminaron a nuestro lado, los que cuidaron nuestros pasos, los que alegraron nuestra casa y los que, con su lealtad silenciosa, dejaron huellas que el tiempo nunca podrá borrar.
Referencias
Nagasawa, M. et al. (2015). El lazo oxitocina–mirada en el vínculo humano–perro. Science, 348(6232), 333–336. (Disponible en español a través de múltiples repositorios y notas de divulgación científica de Science).
Bekoff, M. (2020). Las vidas emocionales de los animales. New World Library. (Existe edición, reseña y difusión en español ampliamente citada en etología y bienestar animal).
UNAM Global. (2023). Los perros pueden contagiarse del estrés humano. Universidad Nacional Autónoma de México.
Sulonen, H. et al. (2024). Conducta, estrés a largo plazo y relación con el cuidador en perros reubicados. Frontiers in Animal Science. (Disponible en español en la versión traducida automática oficial de Frontiers).
Neimeyer, R. A. (2016). Reconstrucción del sentido en el proceso de duelo. Ediciones Paidós / Publicaciones en español de la obra de Neimeyer. (Referencia clave y plenamente disponible en español).
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Marilú Retana
Celebrante y acompañante certificada en el duelo; con conocimientos de tanatología, logoterapia y psicología positiva. Interesada por conocer el comportamiento humano y aportar positivamente a la humanidad. “Trabajo cada día para fortalecer mis valores y mi espíritu, con responsabilidad y humanismo, me esfuerzo por cambiar la vida de las personas, haciendo actos de amor que inspiren a crecer, a celebra la vida y a tener esperanza”













