Luis Argueta: Su viaje desde la cultura del silencio a alzar las voces de los migrantes a través del cine

La carrera cinematográfica de Luis Argueta abarca décadas de proyectos que van desde cortometrajes experimentales, El silencio de Neto y documentales que buscan crear conciencia sobre los desafíos que enfrentan los inmigrantes en Estados Unidos. En 1973 debutó con su primer cortometraje, Perdón del gato rabón, mientras estudiaba en la Universidad de Michigan en Ann Arbor. Sin embargo, su pasión por el cine empezó mucho antes de eso.

Luis Argueta nació en la Ciudad de Guatemala el 7 de noviembre de 1946 y creció detrás del Jardín Botánico, en la segunda avenida, a media cuadra de la Guardia de Honor y la Politécnica, por lo que les quedaba muy cerca el Cine Reforma y el Cine Moderno. 

“El cine para mí empezó los fines de semana”, comentó. “Siempre tenían funciones sábado en la tarde y domingos. A veces me escapaba de la iglesia para ir al cine en la mañana o nos íbamos después de la misa”.

El antiguo Cine Reforma donde Argueta veía mucho cine en su infancia y adolescencia. Crédito: Instituto Smithsoniano
El antiguo Cine Reforma donde Argueta veía mucho cine en su infancia y adolescencia. Crédito: Instituto Smithsoniano

En una ocasión, el Cine Reforma hizo una convocatoria para hacer una crítica de la película The Hill (1965), protagonizada por Sean Connery, sobre una prisión en el norte de África durante la Segunda Guerra Mundial. Argueta ganó el segundo lugar, el cual consistía en dos meses de entradas gratis e ilimitadas al cine para dos personas, por lo que durante ese periodo de tiempo mencionó que toda su familia fue al cine.

Argueta resaltó tres momentos cruciales que lo hicieron darse cuenta de que quería hacer cine. El primero de ellos fue ver la película de Ingmar Bergman, Persona (1966), en los cines Capitol, ya que era una película que en aquel entonces desafiaba las normas convencionales. “En esa época las salas eran gigantescas y ver esa película fue uno de los momentos que me han movido la tierra”.

El segundo momento fue su acercamiento a la fotografía y a la proyección. Argueta no recuerda con exactitud si fue su padre o su tío, pero sí recordó que le regalaron un pequeño proyector donde podía colocar varios negativos. También se ganó una cámara Brownie con la que tomaba fotos, lo cual resultó ser un escape de lo que él define como una época en la que se sentía muy reprimido tanto personal como intelectualmente.

Te puede interesar: Javier Borrayo: “Es muy de Guatemala que cuando producís, te imaginás un montón, pero es un arte recortar acorde a tus recursos”

Finalmente, la tercera experiencia fue cuando Argueta estudiaba inglés en el Instituto Guatemalteco Americano (IGA). Allí conoció a Justo Chang, quien en aquel entonces era bibliotecario del IGA y que luego se convertiría en una figura muy importante en su vida y trayectoria. Argueta y Chang se volvieron voluntarios en una de las obras de teatro que montó Dick Smith y construyeron la escenografía de la puesta en escena.

“Dick Smith ponía obras de teatro en inglés. Entonces tenía a estos dos chapincitos a los que pusieron a construir la escenografía, y el día de la premier de la obra, hubo, como siempre, una fiesta de todo el elenco y no nos invitaron. A Dick Smith no le perdono yo eso”, comentó Argueta, quien tomó el carro de su papá y se fue con Chang a la fiesta a pesar de que no habían sido invitados.

Todas estas experiencias ayudaron a formar a Argueta y al artista en el que se convertiría. “Cuando llegué a la adolescencia y empezó la secundaria, vivíamos en ese ambiente de finales de los 50 y los 60 después del golpe, donde todo era de no hablar con nadie porque no se sabe quién te está escuchando. Entonces esa cultura del silencio fue algo muy presente en mi vida y que me empujó a quererme ir”, añadió.

Mientras estudiaba en su primer año en la Universidad Rafael Landívar, solicitó y le fue otorgada una beca de cuatro años en la Universidad de Michigan. Al llegar allí se encontró con un ambiente diametralmente opuesto al de la Guatemala que dejó atrás. “De una cultura del silencio donde el lema era no cuestionar nada si no querías arriesgar tu seguridad personal, llegué a un Ann Arbor donde todo era cuestionado”, agregó.

En esos tiempos había protestas por los derechos civiles, los derechos de las mujeres, los trabajadores de campo, pero sobre todo, en contra de la guerra de Vietnam. La carrera de Ingeniería Industrial le resultó muy aburrida, por lo que empezó a incursionar en cineclubes donde pudo ver mucho cine europeo, asiático, brasileño, cubano y experimental. En un curso aprendió a manejar el super-8 y el 16 mm y descubrió que el cine no era magia, sino un oficio y un arte que se podía aprender. 

El teatro también fue uno de sus canales de expresión en esa época. “Leí en el periódico que estaban buscando actores para una obra de teatro en español. Fui y leí para un papel y me dieron el rol. Era El concierto de San Ovidio y yo era el malo que explotaba a un grupo de músicos ciegos”, relató. “Después me pidieron que dirigiera la obra de teatro de ese año y escogí El triciclo de Fernando Arrabal. Entonces toda esta actividad de teatro me balanceaba lo aburrido de la ingeniería”.

A pesar de su desinterés por la carrera, terminó sus estudios en 1971 con tres de los cuatro años de beca y consideró seriamente regresar a Guatemala. “Le dije a mis amigos: ‘Bueno, me voy a Guatemala’, y me dijo Justin Vitiello, mi profesor: ‘No, no, no. Te vas a Guatemala y te matan. Mira que en Guatemala está muy mala la situación’. Mi papá era otro que me decía: ‘¿Y cuándo regresás? Ay, qué bueno que estás allá. Aquí te hubieras metido en líos’. 

En 1973, Argueta decidió hacer una película para el Festival de Cine de Ann Arbor, que es el festival de cine experimental más antiguo de Estados Unidos, fundado en 1963 por George Manupelli. Fue allí que nació Perdón del gato rabón, un cortometraje experimental que muestra una clase de dibujo donde la modelo está vestida y los estudiantes son los que están desnudos. “Esa es la primera vez que siento que tengo algo que decir, por absurdo que sea”, añadió.

Escena de Perdón del gato rabón, el primer cortometraje de Luis Argueta. Crédito: cortesía de Luis Argueta

“La gente la vio y se reían, entonces la seleccionaron para ir en tour, porque el Festival de Cine de Ann Arbor mandaba un grupo de películas en tour a muchas universidades y cada vez que la mostraban te daban un dólar por cada minuto de película. Perdón del gato rabón dura siete minutos, entonces me dieron suficientes siete dólares para recuperar mi inversión”, comentó. Esta primera experiencia con el cine lo empujó a darse cuenta de que el cine era una forma de expresión. 

Vitiello convenció a Argueta de quedarse para que diera una clase de lengua en la Universidad de Michigan, la cual impartió durante su último trimestre de beca. “No me pagaron, pero me gustó enseñar”, mencionó. “Ya en el segundo trimestre formalmente me inscribí en el Departamento de Lenguas Romances y en una maestría. Ya me pagaban como asistente de cátedra y era suficiente para vivir”.

Para su proyecto de tesis de maestría, Argueta escribió un tratado sobre cómo las obras iniciales de Fernando Arrabal son en realidad una misma, donde los personajes son intercambiables y las tramas se pueden mezclar. “Para probarlo, hice la película El triciclo, que combina El triciclo, El laberinto y El cementerio de automóviles”, añadió. “Esa obra que aún no la tenía terminada, la llevé a un congreso de semiótica en Madison, Wisconsin, donde sabía que iba a llegar Arrabal”.

Durante este congreso, Argueta le mostró El triciclo a Arrabal en un cuarto de hotel y posteriormente le ofreció la oportunidad de trabajar con él. “Él había hecho Viva la muerte y me dijo que iba a hacer otra película en un par de años y que quería que trabajara con él. Así fue como en el 75 hay una tragedia personal que me hace decir que voy a mandar todo al carajo, me voy a Guatemala y de Guatemala me voy a Francia a trabajar con Arrabal en la película”, indicó.

Escena de El triciclo, la película que Argueta presentó como su proyecto de tesis de maestría; Foto cortesía de Luis Argueta
Escena de El triciclo, la película que Argueta presentó como su proyecto de tesis de maestría. Crédito: cortesía de Luis Argueta

“Nos vinimos por tierra a Guatemala con Justo Chang y en ese viaje trajimos El triciclo a un festival en el Banco de Guatemala. Y yo me fui con mi película bajo el brazo. Tuvimos una premier en un loft en Nueva York, después en la Cinemateca Francesa y ya me puse a trabajar con Arrabal, primero en París, luego en Roma y en Matera, donde filmamos la película”, relató. Esa película fue L’arbre de Guernica (El árbol de Guérnica) de 1975. Fue allí donde Argueta dijo: “Esto es lo que yo quiero hacer”.

Una nueva etapa profesional haciendo comerciales

Después de trabajar con Arrabal, Argueta volvió a Ann Arbor a finales de los 70, pero ya no a estudiar; contrajo matrimonio y su esposa fue admitida a un programa de doctorado en la Universidad de Columbia en Nueva York, así que se mudó para allá, que es donde vive actualmente. “Aquí descubrí el mundo de los comerciales de televisión”, reveló. 

Durante esta etapa, Argueta primero trabajó como mensajero para la industria del cine, recogiendo equipo cinematográfico o transportando las tomas diarias de una casa productora a un laboratorio.

En una de esas encomiendas, Argueta terminó en un penthouse en la calle 33 donde sonaban Las cuatro estaciones de Vivaldi y una gran luz tenue iluminaba una mesa donde estaban grabando un anuncio. “Había un hombre con una túnica, barba blanca y pelo largo que parecía un hippie y le pregunto: ‘¿Aquí qué hacen?’, y me dice ‘Hacemos tabletop’, que son comerciales que se pueden filmar en una mesa”, explicó.

Argueta no perdió la oportunidad de preguntar cómo podía trabajar allí: “¿Tú por qué quieres trabajar aquí? Tienes un máster”, recordó que le preguntaron. “Quiero hacer cine y no conozco a nadie en Nueva York”, fue su respuesta. Empezó a trabajar como asistente de producción ganando 50 dólares al día, sin horario, por lo que había días que llegaba a las 6:30 de la mañana y terminaba hasta las 10 de la noche.

“Allí conocí profesionales de la industria del cine en Nueva York. En este segmento de producción de comerciales aprendí mucho, aprendí cómo trabaja el prop master, el electricista, el asistente de dirección de fotografía y el director de fotografía”, mencionó.

Esta etapa de comerciales abarca alrededor de 20 años de la carrera de Argueta y le dio la oportunidad de trabajar en Los Ángeles, Miami, San Antonio y Puerto Rico como productor ejecutivo hasta que pudo abrir su propia empresa con la que tuvo la oportunidad de hacer una campaña para Coca-Cola.

A pesar de que realizar comerciales fue una buena escuela para Argueta, a la hora de querer volver a hacer largometrajes, la transición de hacer comerciales de 30 segundos a escenas más largas resultó algo compleja. “Me doy cuenta de que lo que tengo que hacer es quitarme la mentalidad de los comerciales. En lugar de buscar esos cuatro segundos que son el epítome de una toma, tengo que dejar que fluyan más”, aclaró.

Su regreso al cine guatemalteco

El silencio de Neto de 1994 es ampliamente considerada como el magnum opus de la carrera de Argueta. En muchas formas, esta película es un hito en la historia del cine guatemalteco. La película cuenta la historia de Neto Yepes, un niño de 12 años, y su familia durante el golpe de Estado al coronel Jacobo Árbenz. 

Poster de El silencio de Neto, estrenada en 1994. Crédito: foto cortesía de Luis Argueta

La película fue financiada completamente por Argueta, ya que los comerciales le habían dejado buenas ganancias. En un viaje de regreso a Guatemala se encontró a Justo Chang y le dijo: “Creo que te puedo pagar algo para que te dediques a escribir el guion que siempre hemos dicho que queremos escribir”. En menos de un día, Chang renunció a su trabajo como director creativo del Instituto Guatemalteco de Turismo (INGUAT) y empezaron a escribir el guion a lo largo de varios años.

Una vez contentos con el guion, Argueta aprovechó durante una grabación en Florida para proponerle a su equipo técnico que grabara una película en Guatemala. “Nos fuimos Justo y Vivian Rivas, una alumna de él que ahora es directora de casting y documentalista. Habían preparado al elenco y las cinco escenas que queríamos hacer. Lo filmamos, nos divertimos mucho y además yo quería darme cuenta de qué teníamos en cuanto a actores, equipo y locaciones”, agregó.

Después de esa primera filmación, regresó a Nueva York y editó un teaser. “Con eso fuimos al mercado de cine y conseguimos unos agentes que nos dijeron que cuando esté lista la película, ellos nos la venderían. Eso fue en el 92 y en el 93, ya yo con mi productora ejecutiva, con Vivian y otros dos patojos, nos fuimos a Guatemala a terminar El silencio de Neto”.

El elenco consistía en su mayoría de actores guatemaltecos, muchos sin experiencia, con excepción de Eva Tamargo, una actriz cubana. Durante la filmación de la película, Justo Chang decayó a raíz de la enfermedad de Alzheimer, por lo que se dedicó a las relaciones públicas.

Luis Argueta con el elenco de El silencio de Neto durante el rodaje; Foto cortesía de Luis Argueta
Luis Argueta con el elenco de El silencio de Neto durante el rodaje. Crédito: Cortesía de Luis Argueta

“Terminamos la película y empezamos a buscar festivales; el primero fue San Sebastián e inmediatamente después saltamos a Francia y fuimos a Biarritz y allí había una corresponsal de arte de Agence France Presse que escribió un artículo precioso sobre la película. Yo venía para Nueva York de regreso y tuve una escala en Madrid; allí empecé a buscar a alguien que se llevara un par de periódicos y fotos para Guatemala. Llamé a Justo y él los fue a recibir al aeropuerto”, contó.

Estos periódicos y fotografías se usaron en artículos de prensa guatemaltecos y eso ayudó mucho a que la película, que acababa de estrenarse en salas de cine, tuviera notoriedad. Poco después, la película se estrenó en el Festival de Cine de Sundance y posteriormente fue enviada para representar a Guatemala en la categoría de Mejor Película Internacional, la primera película en ser seleccionada.

Cobertura en medios de comunicación guatemaltecos después del estreno de El silencio de Neto en Francia; Foto cortesía de Luis Argueta
Cobertura en medios de comunicación guatemaltecos después del estreno de El silencio de Neto en Francia. Crédito: cortesía de Luis Argueta

“En esa época había un grupo de personas. Edgar Barillas fue parte del comité que se registró ante la Academia de Ciencias y Artes de Hollywood, como representantes de Guatemala, y ellos la sometieron. Ahí es que me di cuenta de que eso no es suficiente, sino que las compañías de producción se gastan muchísimo dinero en promover las películas. De eso habla Jairo [Bustamante], que no es solo entrar”, aclaró.

Argueta explicó que le dedicamos alrededor de 5,000 dólares a la campaña de los Oscar. “Contratamos a una publicista que hizo un par de screenings adicionales a los de la Academia, pero era antes de los DVD, de los streaming, entonces era difícil que la gente fuera a verla a salas, pero sí fue emocionante”.

Mucha de la trama de la película está basada en la misma infancia de Argueta y en cómo esa cultura del silencio que mencionó que predominaba durante esa época tuvo una gran influencia en el proceso creativo de la cinta. “Marca esa ingenuidad que se pierde con el golpe y que se pierde al pasar de la niñez a la adolescencia. Esos son elementos de mi recuerdo”, comentó.

El béisbol es un elemento importante dentro de la trama; originalmente, el personaje principal se llamaba Lázaro y usaba la gorra de los Dodgers de Los Ángeles, que tiene sus iniciales. Sin embargo, conforme avanzaban en el desarrollo de la trama, el personaje fue renombrado Neto Yepes, usando una gorra de los Yankees de Nueva York.

Crear esa distancia con el personaje ayudó al desarrollo de la trama, ya que muchos de esos recuerdos empezaron a volver. Ernesto era el nombre de un tío muy importante en su historia y Justo Chang sugirió el apellido Yepes, ya que tenía un amigo colombiano que se apellidaba así. “También entrevistamos a compañeros y compañeras mías de la época y encontramos las grabaciones de la radio clandestina, e irónicamente quienes tenían esas grabaciones eran los de la liberación”, añadió.

Después del triunfo de El silencio de Neto, Argueta se interesó profundamente en la lucha de los migrantes en Estados Unidos, por lo que empezó a hacer documentales, los cuales buscan crear conciencia sobre los abusos a los que son sometidos, las deportaciones y el impacto que esto genera, no solo en los migrantes como tal, sino también en sus familias.

“También entrevistamos a compañeros y compañeras mías de la época y encontramos las grabaciones de la radio clandestina, e irónicamente quienes tenían esas grabaciones eran los de la liberación”.

Luis Argueta

El impacto de la migración en su carrera cinematográfica

Los documentales han formado parte de la carrera cinematográfica de Argueta, casi desde sus inicios. Su primer documental fue en 1977 y se titula El costo del algodón, y ocurrió durante un periodo de inestabilidad en su vida personal. “Acababa de llegar a Nueva York, me había separado de mi esposa y fue que me dio agorafobia. Yo, que adoro Nueva York y me encanta salir a la calle, en ese momento me da miedo. No quería salir ni al supermercado”, relató.

Debido a esta situación, consiguió un trabajo que le permitía quedarse en casa, el cual consistía en dar clases de español por teléfono. Poco después consiguió el trabajo de mensajero y empezó a salir de nuevo. En esta época leyó un artículo en The New York Times, escrito por el reportero Alan Riding, el cual habla acerca del uso de pesticidas, prohibidos en Estados Unidos, los cuales estaban siendo vendidos a precios mucho más reducidos en Centroamérica con el fin de potenciar la producción de algodón, sin importar el impacto negativo que esto tuviese en la salud de los trabajadores. 

Argueta se fue a Guatemala con el mismo equipo con el que grabó El triciclo, su proyecto de tesis de maestría. No pudo pagarles, pero les dio casa y comida y cada uno invirtió 500 dólares para producir el documental. 

Momento de El costo del algodón que muestra como los trabajadores de campo son expuestos a pesticidas; Foto cortesía de Luis Argueta
Momento de El costo del algodón que muestra como los trabajadores de campo son expuestos a pesticidas. Crédito: cortesía de Luis Argueta

“En ese momento había guerrilla activa y botaban las avionetas de fumigación. En esos días entraron a la capital los mineros de Ixtahuacán desde aquella larga marcha de Huehuetenango. Entonces, El costo del algodón, sin darme cuenta, es donde por primera vez me encuentro con los migrantes. Estos trabajadores que venían del altiplano en camiones como ganado y que trabajaban horas larguísimas en condiciones espantosas”, relató. 

Su interés por hacer documentales regresó después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. “Sentí que era un momento en el que había que cambiar y que dije: ‘Ya basta de hacer comerciales’. Tal vez hay un pedacito de mi alma que no he vendido al pisto y empecé a buscar otras cosas que hacer”.

Hizo un par de documentales para la arquidiócesis de Nueva York: El día que Nueva York se vistió con los colores de Guatemala en el 2004, un documental corto sobre la primera misa arquidiocesana en honor al Cristo Negro de Esquipulas en la catedral de San Patricio, y A través de la fe del 2008 sobre la historia del primer ministro hispano de la arquidiócesis por el motivo de su celebración bicentenaria.

“Empecé con una camarita, algo que no había hecho en muchos años, a entrevistar migrantes, ya sea en el consulado o en los consulados móviles, o en los barrios de Nueva York del área, y los editaba digitalmente en cortos que llamé Voces del silencio, que tienen un tema musical de Radio Viejo que dice: ‘Ahí estoy, entre mi país y el extranjero’, y eran estas pequeñas cápsulas que todavía están en YouTube’, explicó.

Mientras realizaba estos proyectos, se enteró de la redada en Postville, Iowa, en 2008, una operación ordenada por la administración del presidente George W. Bush donde se envió a 900 agentes del Departamento de Inmigración y Control de Aduanas (ICE por sus siglas en inglés) y arrestaron a 398 empleados, de los cuales el 98 por ciento eran latinos. Este suceso dio lugar a su documental AbUSAdos: La redada de Postville.

“Hice mi primer viaje a Iowa con Vivian Rivas. Ella se quedó una semana, yo me quedé dos y a partir de eso cambió mi vida”, añadió. Hubo un momento durante la realización de El costo del algodón que pasó desapercibido en su momento, pero que lo marcó al momento de documentar lo sucedido en Postville. 

“Le pregunto a un señor, ya mayor, que estaba rodeado de patojos: ‘Oiga, ¿pero usted por qué hace esto?’ Porque me acababa de decir que trabajaba muchas horas y que ganaba entre dos y tres chocas al día, y me dice: ‘De algo a nada hay mucha diferencia’, y es una frase tan fuerte, pero que en ese entonces entró por un oído y salió por el otro”.

Poster de AbUSAdos: La redada de Postville, el primer documental sobre migración que realizó Luis Argueta; Foto cortesía de Luis Argueta
Poster de AbUSAdos: La redada de Postville, el primer documental sobre migración que realizó Luis Argueta. Crédito: cortesía de Luis Argueta

“En Iowa, yo entrevisto a una de las mujeres que habían sido arrestadas en la fábrica que me cuenta que abusaban de ella, que le pagaban poco, que le robaban parte de su salario y le hago la misma pregunta: ‘¿Por qué lo hace?’, y me dijo exactamente lo mismo: ‘De algo a nada hay mucha diferencia’, y como que se me encendió el foco y conecté ambos”, recordó.

Argueta comparó la situación migratoria actual con la de aquel entonces y considera que está peor. “En ciertos sentidos, se quitaron la máscara”, indicó, refiriéndose a los agentes de ICE. “Ya no hay pretensión de respetar los derechos laborales, de respetar los derechos humanos, pero hay que hacer la salvedad de que en lugares como Postville, hay fábrica de carne kosher donde siguen trabajando migrantes sin autorización migratoria porque los dueños de esas plantas dan mucho dinero al Partido Republicano”.

Uno de estos casos puede verse justo en el documental AbUSAdos: La redada de Postville: “El gerente de la planta que fue condenado a creo que 20 años, no fue por abuso a los migrantes, sino por cuestiones económicas”, añadió. Sholom Rubashkin fue condenado en noviembre de 2009 por 86 cargos de fraude financiero y sentenciado a 27 años de prisión; sin embargo, el presidente Donald Trump conmutó su sentencia en diciembre de 2017.

“El miedo ha aumentado tremendamente en la comunidad migrante. Las remesas han aumentado porque la gente tiene miedo y está enviando todos sus ahorros; sobre todo en lugares como Minnesota, Chicago y Los Ángeles, han desatado la furia. Han atropellado gente a caballo, mataron a dos gringos en Minnesota, pero al mismo tiempo, la solidaridad que se vio en Postville en apoyo a los migrantes se ha repetido y es muy amplia en todas partes”, aclaró.

También te puede interesar: ¿La inteligencia artificial nos está volviendo tontos o los tontos están haciendo mal uso de ella?

“Aquí donde vivo hay unos jardines muy lindos y la compañía que los cuida empleaba guatemaltecos y hace tres meses tuvimos un almuerzo de despedida para uno de ellos que decidió autodeportarse. Hay lugares donde la gente tiene miedo de salir a la calle. Hay miembros de las iglesias y de las comunidades que les ayudan yendo a comprar comida, que llevan a los niños a las escuelas. Es muy, muy feo”, recalcó.

AbUSAdos: La redada de Postville fue el primero de tres documentales sobre las historias de los migrantes. El segundo fue Abrazos de 2014, una historia sobre 14 niños que son nacionalizados en Estados Unidos por haber nacido allá, pero cuyos padres no tienen autorización migratoria para viajar, por lo que se embarcan en un viaje hacia Guatemala para conocer a sus abuelos y, en algunos casos, incluso a sus hermanos por primera vez.

Abrazos
Poster de Abrazos, un documental sobre sobre niños nacionalizados en EE.UU. conociendo por primera vez a sus familiares en Guatemala. Crédito: cortesía de Luis Argueta

El tercer documental fue La vuelta en U de 2016, una secuela sobre lo sucedido después de la redada de Postville y cómo un grupo de migrantes valientes rompieron el silencio acerca de los abusos que sufrieron y cómo hay un proceso de alivio migratorio conocido como la visa U, la cual, como parte de la Ley contra la Violencia hacia las Mujeres, otorga cuatro años de estatus legal, autorización para trabajar y un camino hacia la residencia permanente después de tres años.

Poster de La vuelta en U, que trata sobre las mujeres que abusadas en Postville que recibieron la visa U. Crédito: foto cortesía de Luis Argueta

Su siguiente proyecto es otro documental corto sobre migración, el cual tiene como título Ausencia, un proyecto que empezó en 2019, pero que la pandemia de COVID-19 y un diagnóstico de cáncer de próstata, que lo hizo volver a Nueva York en 2024 después de haber estado viviendo ocho años en Guatemala, pusieron en pausa.

Ausencia retrata la migración desde el punto de vista de los familiares que se quedan en Guatemala. El último viaje que realizó fue en febrero de este año, ya que le hacía falta un testimonio de un migrante deportado. “Fui al aeropuerto, al centro de retornados, filmé un vuelo de 153 deportados y, de todos, escogí a uno con el que me puse a hablar que tenía 24 años de no regresar a Guatemala. Dejó a sus hijos y a su esposa en Boston y estaba muy contento de que por primera vez en 24 años iba a ver a su madre”, comentó.

Argueta comentó que este es el documental que más tiempo le ha tomado producir, pero que será el más corto de su filmografía con una duración de 15 minutos exactos. La edición ya fue concluida y actualmente se está haciendo el diseño y mezcla de sonido en Barcelona. La coordinación de color está a cargo de Fernando Cum en México y cuenta con música de AjKeem, B’aktun Cero y una canción de Mercedes Escobar. Se espera que el documental esté listo en julio para ser enviado a festivales.

Otro proyecto en el que se encuentra trabajando es una película acerca de una niña de 14 años que es separada de sus padres por ICE, una historia muy similar a la de Abrazos. “La niña regresa a su casa y encuentra que patearon la puerta del apartamento y todo está en el piso, el traje de quinceañera que le estaba haciendo su mamá, todo. Y llega una vecina que le dice que vino ICE y se los llevaron”, relató.

La película se encuentra aún en sus etapas iniciales; el guion aún está en desarrollo y lo está trabajando junto con Edgar Sajcabún, un guionista y director guatemalteco que escribió la película La casa más grande del mundo de 2015 y muy pronto estrenará su ópera prima Marte al anochecer. 

“Hablé con Edgar y le pregunté si estaría dispuesto a colaborar en un guion y me dijo que sí, entonces le pedí que me mandara algo de lo suyo y me mandó el guion de Marte al anochecer, que es la película que acaba de terminar y me fascinó. Ya llevamos cinco reuniones y tenemos ya la idea y los personajes”, añadió. Ya hay algunos títulos tentativos para esta cinta, pero aún no los van a compartir.

La Ley de Cine y el desafío que enfrentan los cineastas en Guatemala

Argueta mencionó que la industria del cine ha florecido en Guatemala de una forma admirable, pero que esto ha sido por esfuerzos individuales. “Creo que si hubiese una estructura legal y un apoyo económico, el florecimiento habría sido mucho más grande y será mucho más grande si tenemos una legitimidad ante otros países para que se puedan hacer coproducciones, se puedan ofrecer incentivos, así que definitivamente urge la Ley de Cine, urge un Instituto de Cine, un esfuerzo serio, no solo de hacer cine, sino de preservarlo”.

La preservación del cine es un tema muy importante y Argueta también citó a Anaïs Taracena, y la entrevista que concedió a Telégrafo en 2024, como ejemplo de su importancia. “El trabajo de Anaïs Taracena es muy importante y ella habla de eso en la entrevista que tú le hiciste, de lo importante que es rescatar todo ese material que existe y que está por todos lados. Entonces espero que los egoístas y los cortoplacistas de Guatemala no entorpezcan más esta ley porque hace falta para ayer”.

Por último, el consejo que Argueta le daría a alguien en Guatemala que está interesado en hacer cine es el siguiente: 

“Que se pregunte seriamente si eso es lo que quiere hacer, que empiece a hacer historias cortas, peliculitas con su celular y que pruebe, ¿no? Pero que se dé cuenta de que probablemente tenga que salir parte del tiempo a otros países y que se ofrezca como voluntario en cualquier proyecto que alguien esté haciendo. Le diría que no se precipite, que aprenda de todo, que viva, que vea, sobre todo mucho cine, no solo cine comercial gringo, sino cine de todo el mundo, que viaje, a donde sea, a otros barrios de su ciudad, a la China si puede, y que se pregunte si el cine es su pasión. El encontrar nuestra pasión es el regalo más grande que nos puede dar la vida y el hacer lo que nos apasiona es la suerte más grande que nos regala el universo”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *





Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad de su autor. Revista Telégrafo firme con su compromiso de promover el pensamiento crítico y libertad de expresión en la sociedad guatemalteca, brinda espacios abiertos, auténticos y sin filtros para que personas de distintos sectores de la sociedad puedan expresarse, sin embargo, la publicación de este artículo no supone que el medio valide su argumentación o la verdad de sus conclusiones.
You May Also Like
Leer más

7 series de anime que te pueden motivar a hacer cosas nuevas este 2023

El 2023 ya empezó y como todos los años, muchos de nosotr@s nos proponemos cumplir metas para este inicio de año. Y por lo visto, enero ya nos dio una buena probadita de lo que va a ser este año para nosotr@s como lo son el inicio de clases y celebrarlo con los de la promo; tal vez obtener un nuevo empleo o decirle adiós a ese trabajo que no te hace feliz y dedicar este año a tu salud mental y emocional, etc.
Leer más