La lluvia no paraba, por suerte ahí se encontraban Mariel y Sara, resguardadas en la biblioteca de la universidad. Sara amaba pasar el tiempo allí, por el simple hecho de que había mil portales que eran los libros de conocimiento en todo tipo de área.
Aunque sentía que faltaba del séptimo arte, se había empeñado en buscar libros de esa área, pero no aparecía en ninguna parte. Era como si fuera una lengua perdida o prohibida, el no encontrar libros de esos temas.
Entonces Mariel observó la hora. Ya estaba desesperada de la lluvia y de estar sentada esperando a que su amiga apareciera con un buen resultado. Sin embargo, Sara llegó derrotada, sin ninguna buena noticia. Mariel, quien no hizo mucho caso a la tristeza de Sara, contactó a un amigo para saber dónde estaba.
Desde hacía tiempo Mariel había estado tratando de conquistar a Mauricio, pero no había tenido éxito en eso. Por su parte, Sara siempre se sentía como el mal tercio entre un par de indecisos, podría decirse que hasta cansado era.
Pero el amigo, apareció, aparentemente también estaba esperando a que la lluvia cesara para ir a su casa.
Mariel chisto de alegría, pero Sara la callo, al mostrarle que aun estaban en la biblioteca. Mariel suspiro y se limitó a sonreírle a Mauricio, pero este no prestó mucha atención, en cambio preguntó qué estaban haciendo en ese lugar.
Marie, quien rápidamente quiso contestarle, solo le dijo:
– No teníamos otro lugar para resguardarnos, ¿y tú?
Preguntó con un tono más amenazante que tierno.
Mauricio se río y Sara lo calla. Mauricio se recompuso y tomó una silla de otra mesa de estudio y se sentó en la misma mesa que ellas, ahí respondió con la misma respuesta.
Sara volteaba a ver a la ventana, con aburrimiento, luego volteo a ver a ese par. Mariel se miraba embelesada, mientras Mauricio le hablaba de su última clase de Física moderna. Ella no entendía la mitad de las cosas que decía, pues todavía no llevaba ese curso y él no era muy bueno para explicar.

Sara notaba que Mauricio le temblaba las manos con nerviosismo, como si se tratara de que le fuera a dar un ataque de pánico, pero lo disimulaba. Esto la dejó pensando, pues no pasó mucho más tiempo para que los tres quedarán nuevamente en silencio.
Sara se levantó nuevamente y dejó solos a Mauricio y Mariel. En el fondo Mariel se sintió afortunada por ese momento, pero Mauricio se comenzó a sentir incómodo en cambio, por lo que se levantó y fue a buscar a Sara.
Sara se sorprendió de verlo, él lucía con sentimiento de culpabilidad y le dijo:
– ¿¡Necesito hablarlo con alguien!?
Mientras se rascaba la nuca.
Sara dejó sus libros y se concentró en lo que decía Mauricio, resultaba que él sabía de los sentimientos de Mariel hacía él, pero él se había hecho novio de otra chica, lo cual dejó asombrada a Sara.
Él quería contarle a Mariel porque se había vuelto una amiga muy cercana de él, pero no quería lastimarle el corazón.
Sara se quedó pensando ante el dilema de contarle una verdad o seguir alimentando una ilusión. Ambas situaciones iban a terminar en desastre, pensó.
Con la diferencia que el tiempo de choque podía ser más tardado.
Sara sabía que Mariel reaccionaría mal y que en el fondo no quería que la lastimaran. Le importaba mucho. Entonces debía evaluar, qué situación iba a procurar el menor dolor a largo plazo.
Tenía que pensar en dos factores. El primero era que sí se lo decía, Mariel estaría dolida y se desconcentraba en sus clases por un dolor amoroso y que Sara incluso debería estar a su lado ayudándola. Mientras que si no le decían nada, Mariel podría seguir en un estado fantasioso, pero al momento de enterarse se podría enojar con Sara también y su amistad correría un riesgo tremendo.
El segundo factor era que tan egoísta era Sara. Si Mariel lo sabía, inmediatamente se molestaría con Mauricio nada más, mientras que en el segundo caso sería con ambos porque Sara ya lo sabría y habría sido cómplice de mentirle a Mariel en su cara.
Tenía que ser consciente, tenía que ser coherente, pero ¿tenía que ser egoísta? ¿Era necesario mentirle a su amiga o era mejor salvar su amistad?

Sara se limitó a ver a Mauricio y decirle:
– Eres un ingrato, como se te ocurre alimentar su ilusión, si luego vas a lastimarla de todas formas.
En el tono más elocuente que pudo.
Mauricio quiso detenerla, pero Sara no se dejó, ya que tenía claro lo que tenía que hacer y era rescatar su amistad con Mariel, antes de que él dejara eso para más tarde.
Entre los pasillos, Mauricio intentó agarrar a Sara para que no llegara a la mesa de estudio. Libros fueron lanzados y forcejeos, Sara no se dejaba y seguía adelante. Le tiro un par de libros de biología para atrasarlo, eso parecía una persecución, por ver quién llegaba primero con Mariel a decirle su versión.
Entonces Mariel llegó al pasillo donde estos dos se encontraban luchando, pero a decir verdad si lo mirabas de lejos parecía una guerra de cosquillas amistosa y no una pelea por la verdad. Esto acomplejo a Mariel, queriendo pensar bien de su amiga y que no estaba con el que hasta ese momento era su enamorado.
Sara y Mauricio vieron a Mariel frente a ellos y vieron en la posición en la que se encontraba, rápidamente se separaron y Sara le dijo:
– Mari, Mau te tiene que decir algo.
Señalando a quien hasta ese entonces había considerado su amigo.
Mauricio se preparó para hablar y Mariel los interrumpió con temor.

– ¿Están saliendo? ¿Ustedes dos?
dijo Mariel con un nudo en la garganta.
Mauricio y Sara se voltearon a ver entre sí y se vieron con asco.
– Para nada, yo ya tengo novia.
respondió Mauricio, devolviendo una cara de asco hacía Sara.
Sara respaldo lo que dijo Mauricio con mucha énfasis.
– Exacto, eso te quería decir, pero anda indeciso si contarte, para ver si no rompía tu corazón.
confirmó Sara, mientras se alejaba de Mauricio y se acercaba a Mariel.
Mariel le costó procesar al principio lo dicho, pero una vez que lo comprendía sintió un agridulce en su sentir.
La lluvia cesó y la claridad empezó a ser notoria, pero para Mariel era un día gris, Sara abrazó a su amiga para reconfortarla de la noticia. Mariel la separó y con lágrimas le dijo: – Te prometo que hubiera preferido que hubieras sido tú, dijo mientras se quitaba las lágrimas.
– ¿Por qué dices eso?
cuestionó Sara desconcertada.
– Al menos sabría que Mau está en buenas manos, agregó con un puchero la triste Mariel.
Sara le pidió que dejara de tener ese tipo de pensamiento, y que lo superara, que estaba para ella, pero en el fondo Sara se sentía algo culpable porque nunca sabrá si fue la mejor opción para Mariel o para Sara.
Sara se separó de Mariel y tomó sus cosas. Se despidió y se fue de la biblioteca. Mariel vio a Mauricio, tomó su pachón y se lo echó a la cara. Mauricio paro mojado por decir la verdad o bueno ser obligado a decirla.
Mariel se recuperaría con la ayuda de su amiga Sara, pero el destino de Mauricio, se vería truncado, cuando su novia la dejaría por otro un par de meses después.
Y así termina esta historia, por ahora.
Texto escrito por:

Ana Reyes-Castro
Estudiante de Ciencias Físicas en la USAC. He representado a mi universidad en la rama de literatura de forma internacional. Me gusta el arte y el cine. He dado charlas en eventos para Google, así como para la Municipalidad para alentar a los jóvenes. Youtuber desde hace cinco años.











