No me gusta tu “coqueteo” callejero

Recuerdo con claridad la primera vez que sufrí acoso callejero y, a partir de ahí, no he dejado de recibir acoso por parte de hombres en la calle, sin importar cómo me vista, si voy o no arreglada y en lugares en los que ni siquiera lo esperaba. A raíz de esto siempre me he preguntado: ¿por qué los hombres hacen eso? ¿Es mi culpa? ¿Qué hago para que se callen? ¿Debería ser un delito?

Según el Observatorio contra el acoso callejero, este se define como “prácticas de connotación sexual ejercidas por una persona desconocida, en espacios públicos como la calle, el transporte o espacios semi públicos (centros comerciales, universidades, plazas entre otros); que suelen generar malestar en la víctima. Estas acciones son unidireccionales, es decir, no son consentidas por la víctima y quien acosa no tiene interés en entablar una comunicación real con la persona agredida”. 

Este acoso se puede dar a través de silbidos, palabras, miradas, bocinazos e incluso persecución con vehículo o caminando. Estas conductas las sufren la mayor parte de las mujeres desde temprana edad y muchas vivimos resignadas a que cada que salgamos de casa nos sentiremos incómodas e inseguras. 

Considero que no hay mucha ciencia detrás del porqué hacen esto, pues factores como el sexismo, el machismo o la misoginia son indiscutibles. Vernos como un objeto y no como personas puede ser uno de los motivos más grandes del porqué lo hacen, saber que pueden ejercer sobre nosotras un poder al que no sabemos cómo responder y no por falta de ganas, sino por miedo, puesto que muchas (incluyéndome) tenemos miedo de las repercusiones que el desconocido pudiese tomar en contra de nosotras. 

Este miedo les da a ellos una idea de que lo que hacen está bien o que es gracioso. Muchos de estos hombres hacen esto porque han crecido bajo un mandato de género en el que se normalizan estas conductas porque se les enseñó que las mujeres somos de su propiedad y para ellos es una forma de reafirmar su masculinidad. Como lo menciona la psicóloga Ana Celia Chapa, “la masculinidad es tan frágil que tiene que ser comprobada continuamente”, por lo que para afirmar que son hombres, deben obedecer una serie de premisas.

También es porque se ha normalizado una cultura de violencia, por ello estos actos son sistemáticos y cotidianos. Pocos han corregido a estos hombres o bien cuando se les señala, hacen comentarios como “ahora ya no pueden decir nada porque todo es acoso”.

Además, muchos confunden el coqueteo (que es consensuado) con el acoso. Al parecer, esperan que respondamos con una sonrisa y un beso a un chiflido que viene de un desconocido. Lo raro es que cuando volteamos a verlos, ellos voltean o bajan la cabeza porque saben que está mal y aun así, no dejan de hacerlo.

¿Por qué? Carla Torres en su artículo publicado en Divulgación de la Ciencia UNAM (DGDCUNAM) menciona que ellos tienen un problema de conducta a raíz del mandato de género y cultura de violencia en que crecieron y que, con el tiempo se ha normalizado.  

Antes, me preguntaba si quizás era mi culpa por cómo me veía en ese momento, pero la realidad es que no importa qué usemos: pants, indumentaria, falda, pantalón o uniforme. El acoso ocurre sin importar la ropa, hora o lugar. Sucede incluso en lugares donde se supone que es un ambiente seguro, como los entornos académicos o laborales.

Vivir esto de manera constante desde que somos niñas sin poder evitarlo genera un impacto negativo en nuestra salud mental, Claudia Tagliaferri, psicoterapeuta psicoanalista, menciona en su artículo Catcalling: la “sutil” diferencia entre apreciar y acosar: “Las principales reacciones emocionales de las mujeres que sufren el “catcalling” son: miedo, ansiedad, ira, vergüenza, nerviosismo”.

El Observatorio contra el acoso callejero Guatemala (OCACGT) menciona “Los efectos del acoso se demuestran en acciones cotidianas de la víctima como cambiar los recorridos habituales por temor a reencontrarse con el o los agresores. Modificar los horarios en que transita por el espacio público, preferir caminar en compañía de otra persona, modificar su modo de vestir buscando desincentivar el acoso, evitar salir a los espacios públicos”.

La publicación “El hosigamiengto y acoso sexual” de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) menciona que el acoso sexual produce consecuencias para las víctimas y para la sociedad, como por ejemplo: pérdida de la autoestima, disminución de la motivación, aislamiento, enfermedades físicas y mentales por el estrés, hasta el suicidio. Mientras que en la sociedad hay consecuencias como el incremento en violencia de género, segregación ocupacional, poco acceso a que las mujeres obtengan trabajos de alto nivel y buenos salarios. 

En algunos países el acoso sexual es considerado un delito. Bélgica fue el primer país en regularlo y tiene una ley específica que previene y sanciona el acoso sexual en espacios públicos, junto a paises como Panamá y Perú. Por su lado, México, Chile y Argentina tipifican el acoso sexual en su Código Penal. La sanción va desde los cincuenta hasta cuatro mil euros y prisión de 6 meses a 2 años, dependiendo del país. 

Bélgica y Perú presentan un avance importante en relación a estas conductas, sin embargo, las definiciones son ambiguas por lo que la implementación es complicada y su eficacia normativa incompleta, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU) Mujeres.

¿Y en Guatemala? En 2017 se presentó ante el congreso la iniciativa de ley 5280 por Eva Nicolle Monte Bac, Marleni Lineth Matías Santiago y Mayra Alejandra Carrillo De León, que pretendía reformar el decreto 9-2009 del Congreso de la Republica de Guatemala, Ley contra la violencia sexual, explotación y trata de personas. La iniciativa buscaba prevenir y erradicar el acoso sexual a través de sanciones e incluía un marco legal sobre el sexting y grooming. Sin embargo, en 2018 se realizó su segundo debate y no avanzó. 

En 2019 se presentó la iniciativa de ley 5658 denominada “Ley Contra el Acoso Callejero y Otras Formas de Violencia contra la Mujer” por la excongresista Nineth Montenegro. Esta buscaba prevenir y sancionar el acoso sexual callejero, misma a la que el Observatorio Contra el Acoso Callejero Guatemala (OCACGT) realizó un dictamen que incluía recomendaciones para su aprobación.

Por otro lado, la iniciativa de ley 6213 presentada por el bloque de Movimiento Semilla, encabezado por la diputada Andrea Villagrán, denominada Ley marco para la prevención y atención del acoso sexual y acoso callejero, solamente se leyó en el Pleno Legislativo, siendo remitida a la Comisión de Educación, Ciencia y Tecnología para continuar con el trámite correspondiente. Por lo que en nuestra legislación, no hay una regulación específica contra el acoso sexual callejero. 

OCAC Guatemala da recomendaciones sobre cómo actuar cuando somos victimas de acoso sexual callejero: 

Imagen por: OCACGUATEMALA: ¿Qué hacer ante el acoso callejero?.

Es cansado vivir en estado de alerta desde niñas y saber que es algo que sale de nuestras manos. Lamentablemente, provoca en nosotras resentimiento, enojo y muchas veces asco. Personalmente, no quiero aprender a vivir con el acoso, no quiero aprender a no ser acosada, realmente creo que todas las mujeres y niñas merecemos una vida sin acoso ni violencia. 

Escrito por: Cindy Beatriz Nohemí Pérez Loayes

Mi nombre es Nohemí, pueden llamarme Sunny. Hablo mucho por lo que tengo mucho que compartir.

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