One Health – Una sola salud

En el entramado de la vida humana, la naturaleza, los animales y el entorno que nos rodea se entrelazan de manera intrínseca, formando una relación inquebrantable. Cualquier perturbación en esta interdependencia conlleva consecuencias adversas para cada uno de sus componentes. Comprender esta premisa fundamental ha destacado la necesidad de abordar los desafíos sustanciales en el ámbito de la salud de una manera que trasciende la simplicidad.

El concepto de ‘One Health’ no constituye una noción novedosa, no obstante, en la última década, ha experimentado una reinvención y una evolución sustancial. Esta renovada atención hacia ‘One Health’ ha sido motivada por la creciente frecuencia y magnitud de amenazas que estrechan los lazos entre la salud de seres humanos, animales, plantas y el entorno natural. 

¿Qué es One Health?

El enfoque ‘One Health’ se fundamenta en una comprensión sistémica de las interdependencias intrincadas entre la salud de los seres humanos, los animales y el medio ambiente, así como en cómo estas interconexiones pueden manifestarse como amenazas para la salud. Este enfoque proporciona una comprensión más profunda de las causas subyacentes y los factores que impulsan la aparición, propagación y persistencia de enfermedades, así como de los efectos derivados de la pérdida de biodiversidad y la degradación ambiental.

En esencia, ‘One Health’ se erige como un enfoque multisectorial, interdisciplinario y colaborativo diseñado para promover la consecución de una salud óptima tanto para los animales como para las personas, en armonía con la preservación del medio ambiente.

One Health y las actividades antrópicas del ser humano

El desarrollo económico ha conllevado notables mejoras en el bienestar de la población mundial, aunque con frecuencia a expensas de los ecosistemas, la preservación de un ambiente saludable y el bienestar de los animales. En un contexto donde se proyecta que la población humana global alcance los 8 mil millones en 2023, en medio de patrones insostenibles de consumo y producción, las presiones ejercidas sobre nuestros sistemas naturales son abrumadoras y tienden a aumentar. Los recursos naturales de nuestro planeta se están agotando a un ritmo más veloz del que pueden regenerarse debido a prácticas insostenibles y destructivas, y a menudo se pasa por alto la importancia de la biodiversidad y la salud de los ecosistemas circundantes, en los cuales reposa nuestra propia vida y bienestar.

El cambio en el uso del suelo, la intensificación de la producción agrícola insostenible, la deforestación a gran escala, la degradación del suelo y la pérdida de biodiversidad, entre otros factores, representan una amenaza para la integridad y las funciones de los ecosistemas, incrementando así los riesgos en la intersección entre seres humanos, animales, plantas y el entorno natural. Estos desafíos afectan de manera desproporcionada a las comunidades más vulnerables, agravando las disparidades y poniendo en riesgo la salud y el bienestar de estos grupos.

Estos desafíos se ven agravados por la creciente urbanización, así como por patrones insostenibles en la producción y consumo de alimentos, que incluyen cadenas alimentarias cada vez más complejas. La gestión inadecuada y la eliminación de residuos, el aumento del comercio y los desplazamientos, junto con la contaminación, las crisis de biodiversidad y los desafíos climáticos, contribuyen a la exacerbación de estos riesgos.

Los efectos derivados de la degradación ambiental y la consiguiente erosión de los servicios de los ecosistemas influyen directamente en las interacciones entre la salud humana, la producción de alimentos y los sistemas naturales. Por lo tanto, se vislumbra una urgente necesidad de reevaluar y transformar las relaciones entre seres humanos, animales, plantas y el entorno que comparten. El equilibrio en estas interacciones no solo garantiza la salud y el bienestar de los seres humanos, animales y plantas, sino que también allana el camino hacia la sostenibilidad económica, ambiental y social, en beneficio de las generaciones presentes y futuras.

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Enfermedades infecciosas, Zoonosis y One Health

Las enfermedades infecciosas representan uno de los desafíos más preeminentes en términos de salud y seguridad a nivel global. En naciones de bajos ingresos, estas enfermedades constituyen más del 60 por ciento de la carga de enfermedades en seres humanos y son también la principal causa de enfermedades en animales. Esto representa una amenaza considerable tanto para las poblaciones humanas como para los animales, ya que muchas de estas enfermedades tienen el potencial de desencadenar epidemias o pandemias mortales, como lo ilustra claramente la experiencia reciente con la COVID-19.

No obstante, la pandemia de la COVID-19 no es un caso aislado, sino parte de una serie de enfermedades que han surgido como resultado de alteraciones en la relación entre seres humanos, animales y el entorno que nos rodea. Ejemplos notorios incluyen el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS), la enfermedad del virus Nipah, la influenza zoonótica (H5N1, H7N9, pandemia de influenza H1N1 de 2009), enfermedades transmitidas por arbovirus (como la enfermedad del virus Zika, la fiebre amarilla y el chikungunya), la enfermedad del virus del Ébola, la peste y el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV), por nombrar solo algunos.

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Además de las enfermedades zoonóticas propensas a epidemias y pandemias, existen las zoonosis endémicas, que representan una carga constante tanto desde el punto de vista social como económico. A pesar de su persistente circulación, rara vez están sujetas a sistemas de vigilancia formales, lo que conlleva una subestimación significativa de su incidencia y carga. Esto, a su vez, resulta en una falta de atención por parte de los responsables de la formulación de políticas y las agencias de financiamiento. Entre estas enfermedades se incluyen la rabia, el ántrax, la brucelosis, la tuberculosis bovina, la cisticercosis, la leptospirosis y la equinococosis.

Muchas de estas zoonosis endémicas se transmiten a través de vectores como mosquitos, tábanos, moscas de la arena, pulgas y garrapatas, y están asociadas a reservorios animales, lo que da lugar a ciclos de transmisión complejos. Ejemplos de estas enfermedades incluyen la encefalitis japonesa, la infección por el virus del Nilo Occidental, la fiebre del Dengue, la tripanosomiasis africana (enfermedad del sueño), la enfermedad de Lyme y la fiebre del Valle del Rift. La epidemiología de las enfermedades transmitidas por vectores está inextricablemente ligada a factores ambientales y a menudo se ve complicada por variables antropológicas, lo que plantea desafíos sustanciales en su control y prevención.

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Peligros relacionados con la seguridad alimentaria y del agua

Los riesgos asociados a la seguridad alimentaria han evolucionado y adquirido nuevas dimensiones, presentando desafíos cada vez más complejos a nivel global. Estos riesgos comprenden tanto patógenos, tanto zoonóticos como no zoonóticos, como contaminantes químicos, y pueden infiltrarse en la cadena alimentaria en cualquier punto, desde antes de la cosecha hasta el momento del consumo.

Las enfermedades transmitidas por los alimentos y el agua se manifiestan cuando se ingieren niveles inseguros de patógenos, contaminantes químicos y otras toxinas. Se estima que los alimentos no seguros provocan más de 600 millones de casos de enfermedades transmitidas por los alimentos en seres humanos anualmente, con una cifra de más de 400,000 defunciones en todo el mundo.   Las enfermedades transmitidas por el agua se calcula que causan más de 4 mil millones de casos de enfermedades diarreicas y casi 2 millones de fallecimientos anuales en todo el mundo.

Las repercusiones totales en términos de pérdida de productividad derivadas de las enfermedades transmitidas por los alimentos en los países de bajos y medianos ingresos se cifran en alrededor de USD 95 mil millones por año, mientras que el costo anual de tratar estas enfermedades se estima en USD 15 mil millones.

Es importante destacar que la contaminación de alimentos y agua no solo constituye un problema de salud pública, sino que también repercute en la salud de los animales. Por ejemplo, las aves rapaces pueden sufrir intoxicación a través de pesticidas utilizados en los sistemas alimentarios, y el ganado puede estar expuesto a riesgos en su alimentación y agua. La contaminación del agua, por ejemplo, puede dar lugar a enfermedades como el botulismo y la salmonelosis, mientras que la acumulación de metales pesados y pesticidas puede resultar en pérdidas de productividad significativas.

Resistencia antimicrobiana (RAM)

Los antimicrobianos desempeñan un papel fundamental en el mantenimiento de la salud de seres humanos, animales y plantas, así como en la garantía de la seguridad alimentaria. No obstante, la resistencia a los antimicrobianos (RAM) representa una creciente y generalizada amenaza, alimentada por el uso excesivo e inadecuado de estos compuestos en los sectores humano, animal y vegetal.

Las enfermedades farmacorresistentes derivadas de la resistencia antimicrobiana provocan actualmente más de 700,000 muertes al año en todo el mundo. Al no adoptar medidas sanitarias más rigurosas y eficaces, se proyecta que la cifra anual de muertes podría alcanzar los 10 millones para el año 2050. Esto transformaría la resistencia antimicrobiana en la principal causa de mortalidad a nivel global, superando incluso al cáncer, con una persona falleciendo cada tres segundos debido a la resistencia a los antibióticos.

Los impactos de la resistencia antimicrobiana (RAM) han sido ampliamente estudiados y proyectados para el año hasta 2050, entre ellos podemos mencionar los siguientes:

  • 10 millones de muertes por año (superando al cáncer).
  • 100 mil trillones de dólares perdidos por la economía global.
  • Disminución de un 3.5% del producto interno bruto global. 
  • 28 millones de personas serán desplazadas bajo la línea de pobreza.
  • Reducción de un 3.8% de las exportaciones a nivel mundial.
  • 1 trillón de dólares en costos sanitarios adicionales.

Numerosos factores sociales y ambientales aceleran la aparición y propagación de genes y patógenos resistentes entre seres humanos, animales y el entorno. Estos factores incluyen la falta de acceso adecuado a servicios de salud, condiciones de producción y alojamiento inadecuadas, escasez de agua limpia, saneamiento deficiente, una gestión inadecuada de residuos y prácticas de higiene insuficientes. También se suman la falta de marcos regulatorios efectivos y la escasa concienciación y educación sobre los riesgos de la RAM y el uso apropiado de antimicrobianos.

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Salud pública y One Health

La interconexión y complejidad de los desafíos de salud que afectan a seres humanos, animales, plantas y el medio ambiente, cuando coexisten, demandan soluciones integrales con un enfoque sistémico que aborde factores estructurales de alcance global. Esto requiere la implementación de medidas preventivas sistémicas que integren la salud de seres humanos, animales, plantas y el medio ambiente.

Este enfoque subraya la importancia de integrar conocimientos y perspectivas de diversos actores de la sociedad, al tiempo que impulsa una mayor inversión en sistemas de salud fortalecidos por la prevención, la detección temprana, la preparación y una respuesta coordinada y oportuna entre sectores, con el propósito de mitigar el riesgo de la aparición de enfermedades y futuras pandemias.

Para lograr una población humana y animal más saludable y productiva, y para fortalecer la capacidad de respuesta nacional ante infecciones zoonóticas con potencial epidémico o pandémico, es esencial que las autoridades nacionales emprendan estrategias multisectoriales en colaboración con diversas disciplinas científicas y profesionales. Esto permitirá obtener una comprensión más profunda de los problemas regionales y, a través de soluciones integrales, alcanzar los objetivos en materia de salud.

En este contexto, los organismos internacionales también pueden desempeñar un papel fundamental al aportar conocimientos y recursos. Por lo tanto, es crucial fortalecer la cooperación internacional para que estos organismos puedan cumplir su función de apoyo en la búsqueda de las metas propuestas mediante el enfoque ‘One Health’. Entre los objetivos destacados se incluyen:

  • Mejorar la prevención, detección y respuesta a enfermedades zoonóticas.
  • Fomentar una mayor coordinación y colaboración entre las principales partes interesadas en el control de zoonosis.
  • Reforzar las estrategias para combatir la resistencia antimicrobiana, las enfermedades transmitidas por alimentos y las zoonosis, así como abordar cuestiones como la sanidad animal, el cambio climático y la salud mental, entre otros.

’One Health’ representa una poderosa perspectiva que puede facilitar el logro de la salud para seres humanos, animales, plantas y el medio ambiente, así como la seguridad y la inocuidad de los alimentos y el agua. Por lo tanto, este enfoque puede allanar el camino hacia la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), incluyendo aquellos relacionados con la erradicación de la pobreza, la lucha contra el hambre, la promoción de la salud y el bienestar, la reducción de las desigualdades, la garantía de agua limpia y saneamiento, la promoción del trabajo y el crecimiento económico, la adopción de patrones de consumo y producción sostenibles y responsables, y la mitigación del cambio climático, entre otros.

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