Otra comunidad rural en el olvido.

Te imaginas vivir sin los servicios básicos por un día, tener que utilizar candela para visualizar en la noche, el agua que necesitas recolectarla de la lluvia, enfermarse y tener que caminar por caminos en mal estado durante más de media hora. Esta es la realidad de muchas comunidades rurales de nuestro país, pero te contaré sobre San Pablo II El Senzontle.

Más de alguna vez, tu, algún familiar o amigo han tenido que ir a parar a la emergencia del hospital por alguna dolencia o accidente que requería ser atendido de inmediato. El tiempo para llegar varía según el lugar donde te encuentres y otros factores como el tráfico y las condiciones en las que se encuentre el camino para llegar. Comúnmente, no pasan más de 15 o 30 minutos para llegar al hospital o centro médico. Las veces que a uno le toca pasar por una emergencia así, el camino se siente eterno, en especial, cuando la afección es demasiado fuerte. Ahora, ponte a pensar ¿Qué harías si vivieras o te encontrarás en una comunidad alejada donde ni siquiera los vehículos de dos ruedas pueden ingresar? Terrible, ¿no? Pues es la realidad de muchas personas que viven en comunidades tan alejadas del casco urbano que no pueden acceder a servicios básicos como la salud o educación.

Según datos del Censo Poblacional 2018, en Guatemala, 6.87 millones de guatemaltecos viven en el área rural, pero esto no quiere decir que todos se encuentren en las mismas condiciones de vida. Algunas comunidades rurales cuentan con servicios básicos como agua, luz, puestos de salud o centros de convergencia y escuelas públicas que cubren hasta el nivel básico.  Hay otras donde no tienen acceso a estos servicios y aún tienen que utilizar candelas para visualizar durante la noche. 

En el municipio de Chicamán, departamento del Quiché, se encuentra a 20 kilómetros de la cabecera municipal una comunidad llamada San Pablo II El Cenzontle. Se trata de una comunidad habitada por 18 familias q’eqchis y poqomchis. Día a día luchan por conseguir el sustento diario. La comunidad no cuenta con ningún servicio básico. El agua ellos mismo la juntan cada vez que llueve y para ver en la noche utilizan candelas o el fuego de la plancha donde cocinan sus alimentos. El ingreso hacia la comunidad se realiza caminando luego de transitar por una carretera en condiciones deplorables, debido a qué no cuentan con vías donde puedan pasar vehículos. Las casas están hechas de tablas y los techos de lámina.

Camino transitable hacia la comunidad San Pablo II El Cenzontle. Debido a la ubicación, la mayor parte del día este se encuentra con niebla. Foto: Dulce Zapeta.

En noviembre de 2023, la esposa del líder de la comunidad falleció por complicaciones de salud. Al momento que ella empezó a presentar molestias, tuvieron que reunirse entre 6 hombres para llevarla cargada con un manto hasta llegar a la carretera donde pasan vehículos. Antes de la defunción de la señora, realizaron este viaje de llevarla cargada varias veces, pues ella necesitaba atención médica constante. 

Desde la carretera hasta la comunidad son 50 minutos. Mismos que se deben caminar entre laderas, piedras y charcos de lodo. A 40 kilómetros está el hospital más cercano, ubicado en Chicamán y a 90 kilómetros del Hospital Regional del Quiché. 

Los niños que residen en San Pablo II El Cenzontle deben caminar hasta la comunidad más cercana para asistir a la escuela. Esto pone en riesgo su integridad debido a que los menores recorren el camino solos porque los padres de familia no pueden acompañarlos. Los hombres se dedican a trabajar la tierra desde tempranas horas del día; mientras tanto, las mujeres apoyan realizando la comida.

Camino para ingresar a la comunidad San Pablo II El Cenzontle. Foto: Dulce Zapeta.

Las familias pertenecen a agricultores de subsistencia, quienes siembran y cultivan granos básicos para el consumo propio. Para generar ingresos, los hombres viajan hacia la Costa Sur donde trabajan en el corte de caña de azúcar o trabajan como jornaleros en las comunidades aledañas. 

Actualmente, buscan la certeza jurídica de su tierra. Ellos pertenecían a la comunidad San Pablo I, pero con la llegada del conflicto armado interno tuvieron que abandonar sus hogares. Al volver, se toparon que las tierras habían sido adjudicadas a las familias que no se fueron de la comunidad. Esto fue por medio del Instituto de Transformación Agraria (INTA). Debido a ello, en 1990 tuvieron que ocupar un terreno baldío y conformaron la comunidad San Pablo II El Senzontle. 

Comunidad San Pablo II El Senzontle. Foto: Dulce Zapeta.

En un país en vías de desarrollo como Guatemala, estas comunidades son las más olvidadas e ignoradas por las autoridades. Por lo mismo, las mismas familias se las arreglan para subsistir y tener los implementos necesarios que requiere el día a día. Por ejemplo, para cocinar sus alimentos utilizan una plancha construida con tablas de madera, pero esto pone en riesgo la salud de la familia debido a que la cocina se llena de humo y las mujeres, quienes pasan la mayor parte de su día en la cocina, lo respiran todo el tiempo y les puede provocar enfermedades respiratorias crónicas e irritación en los ojos.

Plancha que es utilizada para cocinar en la comunidad de San Pablo II El Cenzontle. Foto: Dulce Zapeta.

El desarrollo de las comunidades rurales en Guatemala es esencial para mejorar la calidad de vida de las personas, en especial de los niños. Como San Pablo II El Cenzontle, hay muchas comunidades que a diario batallan para llevar una vida digna, pero las oportunidades dentro de estas comunidades son escasas o nulas. Las autoridades son las encargadas de crear políticas que puedan ser aplicadas para que las comunidades rurales logren el desarrollo rural integral que beneficie a las familias que en ellas residen. Se trata de un trabajo de años, pero es necesario para que las personas tengan una vida digna.

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