Guatemala volvió a quedar fuera de la clasificación al Mundial, repitiendo un patrón que ya forma parte de nuestra historia futbolera. La ilusión creció tras un buen desempeño en Copa Oro y una etapa que prometía estabilidad bajo el mando de Luis Fernando Tena; sin embargo, la eliminación reciente dejó en evidencia que los mismos problemas de siempre siguen vivos: estructuras débiles, decisiones cuestionadas y un entorno que no logra consolidar un proyecto deportivo sostenible.
En este episodio de Voces Divergentes, exploramos esa realidad desde dos miradas ciudadanas: Oscar y Nilson, aficionados que no solo sienten la camiseta, sino que reflexionan sobre el trasfondo histórico, administrativo y sociocultural que mantiene a Guatemala lejos de la mayor fiesta del fútbol.
¿Cuáles considera que han sido los factores históricos más persistentes que han impedido a Guatemala clasificar a un Mundial, y cómo se reflejaron en esta eliminación reciente?
Uno de los factores históricos que prevalecen dentro de la FEDEFUT y que por lógica actúan en la selección mayor es la corrupción. Durante años, el tráfico de influencias y los negocios con patrocinadores y equipos de la Liga Nacional han provocado que la selección compita bajo un clima de zozobra. Algunos jugadores sienten verdaderamente el llamado de representar al país, pero muchos otros lo ven como un mecanismo para generar ingresos. Aunque sean eliminados, siguen recibiendo salarios exorbitantes, lo que convierte la pasión y la entrega en un requisito más que deben cumplir.
Desde la mirada de un aficionado, pesa mucho la mala estructura interna de la Federación. Aunque es una de las instituciones que más recursos recibe, no queda claro si estos se utilizan adecuadamente. Además, existen procesos que se inician con una plantilla y antes de consolidarse son cambiados o reiniciados desde cero.
Con el profe Tena se inició un proceso muy bueno, en el cual, se ha ido viendo una avance, que claro no ha sido de la noche a la mañana se ha dado, y que si al día de hoy lo cambian, vuelve a venir alguien con otras ideas y tal vez este pueda ser un buen proyecto, pero que de nuevo no se vea concretado si vuelve a suceder lo mismo o no hay continuidad de lo positivo de la plantilla actual.
Es como el gobierno, cosas que fueron buenas, cuando entra otro nuevo, se dejan de hacer todo se pierde y no se logra desarrollo.
Ambas voces coinciden en un punto clave: la selección no fracasa por falta de talento, sino por la incapacidad de sostener un proyecto. Corrupción, falta de continuidad y decisiones administrativas desconectadas de la realidad deportiva forman un terreno donde ningún proceso puede crecer. Y mientras las estructuras no cambien, cada clasificación se convierte en una lucha cuesta arriba.
Mirando hacia el futuro, ¿qué reformas sugieren para evitar que Guatemala repita su historia de eliminaciones tempranas y ausencias en Mundiales?
Sugiero que FEDEFUT trabaje verdaderos procesos desde la base, con jóvenes que prometan un desarrollo sostenido. Los recursos deben invertirse en infraestructura adecuada y preparación de primer nivel para las futuras generaciones. Además, es necesario crear un programa estratégico eficiente con metas a corto, mediano y largo plazo.
La transformación del fútbol guatemalteco requiere, ante todo, limpiar el poder central de la Federación, cuyo liderazgo ha generado más desilusiones que avances, y cuyo nuevo posicionamiento en FIFA del Ing. Paíz incluso podría reforzar un estilo autoritario reminiscentes de viejos modelos sudamericanos.
A ello debe sumarse la implementación de concentraciones estrictas y procesos de convocatoria basados en la capacidad real del jugador, no en contactos o imposiciones que aún persisten desde las divisiones inferiores. Es indispensable una intervención y fiscalización directa a la FEDEFUT, pues su funcionamiento interno continúa operando como un negocio antes que como una institución orientada al deporte.
También se necesita un compromiso firme de los equipos de la Liga Nacional para desarrollar fuerzas básicas auténticas y promover la exportación de jugadores a ligas de mayor nivel competitivo. Finalmente, se vuelve fundamental un trabajo psicológico integral y constante, reduciendo el enfoque en publicidad y devolviendo la prioridad a la preparación emocional, la competitividad interna y la fortaleza mental en los momentos decisivos.
Ambas propuestas convergen en una misma urgencia: profesionalizar el fútbol guatemalteco desde sus cimientos. No se trata solamente de cambiar entrenadores o jugadores, sino de modificar la cultura interna, construir procesos estables y blindar la institución de intereses ajenos al deporte. La selección necesita una arquitectura sólida antes de aspirar a resultados globales.
Desde un ángulo sociocultural, ¿cómo creen que la eliminación actual y la falta histórica de participaciones en Mundiales afectan la pasión por el fútbol en Guatemala y su desarrollo deportivo?
Seguimos siendo un pueblo ilusionado, cada 4 años estamos de nuevo creyendo y el partido restante contra Surinam también tendrá aforo máximo. Estamos sin chances, pero el país a pesar de no clasificar a la copa del mundo y hacer “papelones” en las eliminatorias, sigue pensando que nuestra selección puede; social e históricamente somos un país futbolero, claro, también somos un país de otros éxitos deportivos pero ninguno es tan popular como el fútbol.
No se puede decir que la pasión muere, al contrario, es un amor que no se entiende; al final del día la liga nacional sigue y con ello muchos aficionados (incluyéndome) están confiando que puede ser el año para su equipo después de ver a la selección caer eliminada. Donde quiera que se este hay futbol, y con ello siguen jóvenes y niños queriendo estar un club de liga nacional o en una academia prestigiosa para llegar a la selección nacional; en conclusión, en Guatemala, lamentablemente, se aplica mucho el dicho coloquial y arcaico “pégame pero no me dejes” y eso hace la selección con todos, nos desilusiona, nos pega pero se sigue con la voluntad de seguir apoyando. Un tipo de capricho que vive internamente, un amor-odio que se tiene, una relación masoquista.
Este es un tema de muchísima importancia, ya que tristemente siendo un deporte tan popular en Guatemala se le presta demasiada atención, a diferencia de otras disciplinas, lo cual no debería de ser así.
Pero, volviendo a lo indicado, pesa mucho en la afición este tipo de resultados, que sí, como tal van alejando a que la afición confíe en ellos como tal, este año vivimos un claro ejemplo de ello, antes de Copa Oro, las personas que apoyaban a la selección no eran tantas como luego de lo visto en dicho torneo , y sí fue bonito ver como de nuevo vino para mucho que ya no creían de nuevo ese sentimiento, ver las plazas llenas por un partido, ver restaurantes lleno apoyando a la bicolor, fuimos dichosos de verlo, pero que hoy tristemente se verá mermado.
De mi parte manifiesto seguir confiando en que sí, un día veremos a la bicolor en un mundial.
Socialmente, Guatemala mantiene un vínculo emocional profundo con la selección, aunque esta relación sea intermitente y marcada por la decepción. La pasión no desaparece, pero sí se erosiona con los años. Esa montaña rusa emocional también impacta el desarrollo deportivo: cuando hay ilusión se invierte, se participa, se sueña; cuando hay fracaso, la motivación se diluye. Y la selección, como reflejo del país, carga con esa dualidad.
Al final, la eliminación de Guatemala no es solo un resultado deportivo: es una fotografía de nuestras estructuras, de nuestra paciencia como país y de un amor futbolero que persiste a pesar de todo. Entre la crítica y la esperanza, entre la frustración y la fidelidad, queda claro que la Bicolor continua siendo más que un equipo: es un espejo cultural.
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Nilson Coyoy
Salesiano, Josefino. Cercano a ser Abogado y Notario. Apasionado por la Comunicación, el ambiente, la igualdad y un par de cosas más. Aficionado a saber más, así como compartirlo con lo demás.
Oscar Ramírez
Licenciado en Ciencia Política (Universidad Rafael Landívar) y Magister en Docencia Superior (Universidad Mesoamericana de Guatemala). Soy una persona apasionada por la historia y la educación, además del fútbol y las buenas platicas con los amigos y la familia. Mi intención es aportar con mis escritos al análisis crítico y realista de varios factores de la realidad socio-nacional.








