Padre nuestro
que estás en las cárceles de Nicaragua,
santiguado sea tu nombre
hoy más que nunca allá dentro.
Instaura tu reino de paz
en aquellos que quieren imponer el mal.
Hágase tu voluntad,
eres el verdadero Dios liberador.
Danos de comer justicia,
sedientos de paz estamos.
Tú qué sudas a diario
cubrenos con tu manto.
Las ofensas y agravios
quedan en plano secundario
y pides que perdonemos
todos como hermanos.
No dejes que nuestras almas
se alimenten con el odio;
sus bocas expulsan mentiras
y son como tumbas abiertas.
Libera a los secuestrados políticos
de toda golpiza y humillación latente.
Protege la salud mental de ellos
y no permitas que les extorsionen.
Escrito por Carlos Bojorge.
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