Me crié con dos personas cautivadoras, con personalidades fuertes, marcadas, coquetas y con corazones de oro. ¿Sus nombres? Ofelia y Edgar. Un matrimonio cautivador. Hoy les escribo desde la nostalgia, unos cuantos versos que me hubiera gustado decirles. A ella la considero mi abuela, mi segunda madre, una mujer trabajadora hasta el final de sus días. Admirada en sus trabajos y en sus círculos sociales. Y a él, mi padre y abuelo también. Trabajador, lleno de vida, música, bailes, experiencias, conocimiento y sabiduría.
La relación de este matrimonio la podría resumir en una frase, una que es una reinterpretación de los famosos versos de Leonard Cohen: el amor es un tipo de marcha victoriosa, sin embargo, también es un frío “Hallelujah”.
Ofelia de Garcia, o de Millais
Veo a la Ofelia de Millais y te recuerdo
ambas llenas de tragedias inmerecidas.
Pero cariño, me consuela saber que no te ahogaste
pudiste encontrar manos amigas
que salvaron tu vida y tu amor desbordante.
Cariño, tendrías a Guatemala a tus pies
si tu voz y tu presencia se hubieran expandido.
Eres guía de mis pequeños pasos
el aroma de un plato casero
un bordado de croché perfecto.
Deseo imitar tu ternura
en cada acto que realizo.
Tus abrazos y tu rostro al verme
contenian todo el amor del universo.
Tu amor ha hecho en mí maravillas:
construíste viveros en unos arrabales.
Un Jorge Negrete hecho en Guatemala
Me faltó leerte
y no sólo a hacerlo en voz alta
me refiero a leer tus secretos
tu mente prodigiosa parecía tener varios.
Tu amor ha hecho en mi corazón
un museo enorme ubicado en un solar desierto.
Gracias a tus libros
puedo viajar si lo deseo.
Related Tags
Alejandra Chanchavac
Escritora. Me interesan el arte y la ciencia. Amo aprender sobre estos temas. Tengo estudios en literatura y sueño con publicar varios libros.






