Probablemente Entendiste Mal La Responsabilidad Afectiva

En “Probablemente entendiste mal la responsabilidad afectiva” se explora la responsabilidad afectiva en relaciones, destacando su papel clave en conexiones saludables. Se define a la responsabilidad afectiva como la gestión consciente de emociones propias y ajenas, resaltando la reciprocidad. Enfatiza el autocuidado, plantea preguntas cruciales y usa ejemplos para ilustrar situaciones donde su ausencia puede causar daño. Aborda escenarios desequilibrados y malentendidos en la responsabilidad afectiva. Concluye con un llamado a la comunicación abierta y decisiones conscientes para construir relaciones satisfactorias.

En la era actual, donde las conversaciones sobre relaciones y bienestar emocional son cada vez más relevantes, la responsabilidad afectiva ha emergido como un concepto fundamental. Este término va más allá de simples interacciones humanas y se sumerge en la esencia misma de cómo construimos y mantenemos conexiones significativas.

La responsabilidad afectiva implica no solo el reconocimiento y manejo consciente de nuestras propias emociones, sino también la consideración profunda de cómo nuestras acciones influyen en quienes nos rodean.

A medida que exploramos este concepto en detalle, descubrimos que no se trata simplemente de cumplir acuerdos, sino de cultivar relaciones interpersonales positivas, respetuosas y auténticas. En este contexto, nos adentraremos en la esencia de la responsabilidad afectiva y su papel crucial en la construcción de relaciones saludables y satisfactorias.

¿Qué es la Responsabilidad Afectiva?

La responsabilidad afectiva es la capacidad y disposición de reconocer, comprender y manejar conscientemente las propias emociones y comprender y tomar en cuenta las de los demás, en el contexto de las relaciones interpersonales. Implica ser consciente de cómo nuestras acciones y palabras afectan a quienes nos rodean, así como ser capaz de establecer límites emocionales saludables. 

Ser responsable afectivamente implica también ser sensible a las necesidades emocionales de los demás y tomar medidas para cultivar relaciones interpersonales positivas y respetuosas. En resumen, la responsabilidad afectiva implica una gestión consciente y ética de las emociones en el ámbito de las relaciones personales.

La Responsabilidad Afectiva A Fondo

Ahora sabemos que es la responsabilidad afectiva, aunque el texto anterior es muy claro y fácil de entender, vamos a ir un poco más allá. Basados en la explicación anterior podemos decir que se trata de la muestra de honestidad para lograr hablar de nuestros sentimientos, de lo que queremos y lo que necesitamos con total sinceridad, y eso va en vía doble.

Muchas veces olvidamos (a veces a propósito) que se trata de algo que debe de ser mutuo, y aunque una parte importante de la responsabilidad afectiva es tomar en cuenta la forma en que nuestras acciones afectan a los demás, a veces queremos que solo nos cuiden a nosotros y olvidamos cuidar nosotros a quien nos acompaña, y aún más grave, olvidamos cuidarnos a nosotros mismos primero.

Primero Me cuido a Mí Para Poder Cuidar a Otros

Imágen: Candy Boximages

Cuidar a las personas con las que decidimos relacionarnos es una parte fundamental para que estas relaciones sean sanas, aunque la forma de entender el “cuidar” a alguien se vuelve muy complejo, no es como cuidar a un bebé cuando lo supervisás para que no se vaya a lastimar. Es un cuidado diferente, que principalmente viene de la comunicación y el respeto a los acuerdos que deben existir, y hablarse previamente. Nada debe asumirse en una relación, tenemos que hablar lo que consideremos importante y entender que la otra persona puede aceptar o negarse.

Para entender de mejor manera el cuidado, pensémoslo como el factor principal que hace posible el estado de bienestar en el que estamos cuando esta relación no nos hace daño. También es importante entender que no podemos cuidar a alguien sin tener un buen sentido del autocuidado, pensemos en los protocolos de seguridad de los aviones, es importante que lxs adultxs se aseguren de colocarse el cinturón antes de colocárselo a lxs niñxs, ¿por qué? Porque solo garantizando que los adultos estarán bien se puede garantizar que serán capaces de ayudar a cualquier otra persona que los pueda necesitar. Si no ponemos nuestro bienestar en primer lugar no podemos asegurar el bienestar de otra persona.

Para asegurar el bienestar propio, siempre debemos preguntarnos lo siguiente:

  • ¿Qué quiero y que busco en mi relación con otra persona?
  • ¿Qué necesito recibir para que esta relación funcione?
  • ¿Cuáles son mis límites en una relación?

Conociendo la respuesta a estas preguntas podemos tener una mejor idea de lo que necesitamos para estar bien en una relación, ahora es importante recordar que la otra persona debe plantearse las mismas preguntas y debe existir conversaciones a lo largo del desarrollo de la relación para ir conociendo y comparando, entendiendo que estamos dispuestos a negociar y que no negociaríamos ni un poco. Con base en estas conversaciones podremos entender que tan en sintonía estamos y que tanto vale la pena estar o seguir en esa relación.

Ahora, debemos entender en que momentos no estamos cuidando de nosotros mismos:

Cuando hay algo que evita que nos sintamos bien en la relación, y sentimos que no hay como arreglarlo, y aún así aceptamos seguir ahí, entonces ya no nos estamos cuidando, y esto puede significar que empecemos a normalizar que las cosas deben ser así y que por amor debemos seguir ahí. Cuando esto pasa podemos resultar con mucho daño, que afectará todas las otras relaciones interpersonales y los futuros vínculos románticos, porque sin cuidarnos no podemos cuidar a alguien más, y aún más grave, si estamos dañados es muy probable que dañemos a otras personas.

Te comparto dos ejemplos:

  • Imagina que te enamoras de una persona, inician una relación y en algún punto de la relación, tu pareja tiene otra pareja sexoafectiva en secreto, esto es un rompimiento de uno de sus acuerdos iniciales. Decides que quieres seguir con la relación y “arreglan” las cosas, pero esto se repite muchas veces más, decides continuar con esa persona porque “aguantarías todo por amor”, a pesar de que ya no te sientes bien estando con esa persona. Este es un ejemplo de una persona que no se está cuidando, porque acepta seguir en una relación a pesar de que se rompió un acuerdo varias veces y esto la hace sentir mal constantemente.
  • Imagina a una persona en una relación en la que constantemente siente incomodidad o insatisfacción. Aunque reconocen que hay aspectos que les hacen daño y que podrían mejorar, optan por quedarse en esa situación sin abordar los problemas. Esta persona, al no establecer límites claros ni comunicar sus necesidades, está descuidando su bienestar emocional. A pesar de sentirse afectada, elige seguir en la relación sin buscar soluciones, normalizando el malestar en lugar de priorizar su propio autocuidado. En este caso, la falta de acción para mejorar la situación muestra una falta de responsabilidad afectiva hacia sí misma.

Recuerda que cuidarte implica decidir y actuar en función de que no recibas ningún daño, si puedes asegurar tu bienestar es más fácil que puedas velar de una forma sana por el bienestar de tus parejas. Cuidarse, muchas veces implica decidir, y podés decidir lo que querrás, incluso seguir en un lugar donde nunca te sientes bien ¿pero de verdad querés eso?

Yo No Soy Protagonista En Mi Relación

Imágen: Depistphotos

Con el tiempo, para algunas personas, se puede volver fácil olvidar que en una relación sexoafectiva se necesitan al menos dos personas, y podemos percibirlas como una fuente de satisfacción y cuidado constante, se puede llegar a olvidar que va en doble vía, y que también tenemos que dar lo que esperan que demos y no solo recibir lo que nos interesa recibir.

Cuando esto pasa pueden desarrollarse dos escenarios diferentes. El primero es en el que una persona se convierte en el foco principal de la relación, buscando constantemente satisfacer sus propias necesidades sin considerar las de la otra persona. Esto puede llevar a una dinámica desequilibrada y, eventualmente, al deterioro de la relación, ya que la falta de reciprocidad puede generar insatisfacción y resentimiento en la pareja.

La segunda es cuando se interpreta que nuestras parejas no tienen responsabilidad afectiva cuando nos comunican cosas que no quisiéramos escuchar, o nos comunican temas que no nos hacen sentir tan cómodxs. Por ejemplo:

  • Alguien podría expresar la necesidad de más espacio personal, y la otra persona podría interpretarlo como falta de interés o cercanía. Aquí, la responsabilidad afectiva implica respetar y comprender los límites y necesidades del otro, incluso si inicialmente generan incomodidad.
  • Cuando alguien decide terminar la relación, por cuales sean las razones, porque al final todas son válidas. Algunas personas podrían interpretar esto como falta de responsabilidad afectiva porque ese rompimiento es la causa de la tristeza y el período de duelo que se vive después de una relación.

En ambos ejemplos podemos observar como una parte de estas relaciones hipotéticas están implementando la responsabilidad afectiva, porque están expresando sus necesidades o deseos en esa relación, es importante no olvidar que la responsabilidad afectiva también se trata de comunicar con sinceridad lo que necesitamos o lo que queremos, y eso incluye las cosas que son incomodas o, que a veces, provocan sentimientos de tristeza como el del segundo ejemplo. 

En el segundo ejemplo es importante entender que, aunque un rompimiento puede causar sufrimiento, este debería ser temporal, y es más leve que el sufrimiento que causaría que alguna de las personas esté en contra de su voluntad en una relación.

Mi Pareja No Es Protagonista De La Relación

Otro escenario es aquel en el que una persona se sacrifica en exceso, renunciando a sus propias necesidades y deseos para complacer a la pareja. Esta falta de autenticidad y autocuidado puede generar frustración y agotamiento a largo plazo, ya que la persona se pierde a sí misma en la relación.

En ambos casos, la falta de reconocimiento de la responsabilidad afectiva hacia uno mismo y hacia la pareja puede llevar a dinámicas poco saludables. Es esencial recordar que una relación sana implica un equilibrio entre dar y recibir, donde ambas partes son conscientes de sus propias necesidades y las de su pareja.

Este es un recordatorio de que ser consciente de la responsabilidad afectiva implica reconocer la importancia de mantener un equilibrio saludable en la relación, donde ambas partes se cuidan mutuamente y trabajan juntas para construir una conexión significativa y satisfactoria. 

Olvidar que también tenemos que cuidar a la otra persona es tan perjudicial como que nos olvidemos a nosotros mismos por satisfacer a la otra persona constantemente.

Entonces...

Para vivir de mejor manera nuestros vínculos románticos, lo ideal es perder el miedo a comunicarnos, también desarrollar nuestra capacidad de escuchar. No olvidar en ningún momento que en las relaciones no estamos solos, y que tampoco estamos para complacer incondicionalmente a las otras personas. Recuerda que siempre puedes decir que si y no, pero también la otra persona. Y siempre podemos decidir no continuar en una relación en la que no nos sentimos bien.

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