El cangrejismo, o la mentalidad de cangrejo, es una metáfora que se utiliza para describir a personas que intencionalmente buscan sabotear el éxito de otros individuos en su mismo entorno social con el fin de que nadie se supere y colectivamente todos continúen sumidos en la miseria.
El término fue popularizado por la escritora y periodista filipina Ninotchka Rosca¹, quien hizo la analogía al ver cómo cuando los cangrejos están en una cubeta, estos impiden que alguno de ellos trepe para liberarse, garantizando así que ninguno de ellos pueda escapar de su fatalidad inminente.
La mentalidad de cangrejo puede manifestarse insidiosamente en distintos aspectos de la vida diaria. Desde aquel que no quiere que sus amigos lo superen en éxito porque entonces pierde el poder social y jerárquico que posee en su grupo, o el compañero de trabajo que empieza rumores en la oficina para destruir la reputación del que percibe como amenaza, hasta un usuario desconocido en redes sociales dejando comentarios negativos cuando alguien publica algún logro o anuncia un nuevo proyecto.
Guatemala, al ser un país del tercer mundo, ofrece pocas oportunidades de superación para sus habitantes, por lo que cuando uno de ellos consigue un logro monumental, no falta aquel que con sus palabras busque disminuir o destruir dicho reconocimiento. Ni siquiera hay que ir muy lejos para encontrar ejemplos de esto. El 30 de julio, mismo día que Jean Pierre Brol, deportista especializado en tiro, ganó la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de París 2024, surgió una publicación en la red social X donde se compartía un tuit que Brol publicó en 2018, en el cual mostraba apoyo a una marcha provida.
Espero no se les caiga un ídolo, medallista #bronce #Provida pic.twitter.com/6gI5Z6ix5M
— Wal (@walteringt) July 30, 2024
Más allá de la postura que se pueda tener con relación al derecho de las mujeres de decidir sobre sus propios cuerpos, ¿qué tiene que ver esto con el desempeño deportivo de un atleta? Ni siquiera se está buscando tener un diálogo acerca del aborto, sino más bien se lee una intención de influenciar la opinión pública para que la gente se revele en contra y cancelen a alguien que está siendo celebrado por ganar una medalla olímpica. Intentar desprestigiar y dañar la reputación de alguien en redes sociales, especialmente X, es quizás la forma de cangrejismo más popular que usan los guatemaltecos.
Es interesante la forma en la que se manifiesta este fenómeno en Guatemala. Por un lado, existe una especie de patriotismo que hace que las personas apoyen el producto nacional sin importar si este es bueno o malo, y a raíz de esto, si alguien emite una opinión desfavorable, se le acusa de ser un cangrejo.
Esta tendencia a llamarle cangrejismo a cualquier crítica o retroalimentación negativa, por más objetiva que esta sea, es bastante común en el ámbito artístico y con los pequeños empresarios o emprendedores. que a menudo están acostumbrados a recibir elogios de sus familiares, amigos y conocidos, creando cámaras de eco donde rara vez penetra un comentario disidente.
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Hablando del medio artístico, el mes pasado fue el estreno de la película Rita de Jayro Bustamante en el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias y no faltó el comentario de que había que llenar el teatro porque hacer cine en Guatemala es difícil y él lo está logrando, cuando en realidad, el teatro debía llenarse porque Bustamante ha demostrado que hace cine de calidad y ya tiene una trayectoria que hasta cierto punto reduce el riesgo que implica gastar Q300, un precio muy poco accesible para el guatemalteco promedio, sin saber si a uno le va a gustar la película
Personalmente, me gustó mucho la cinta, pueden leer aquí mi reseña. Sin embargo, si queremos que las películas guatemaltecas compitan con las grandes producciones hollywoodenses, sí, hay que apoyar el cine nacional con nuestro dinero, pero también hay que aceptar que queda muchísimo camino por recorrer para estar a ese nivel, que no todo lo que se produce es bueno y merece apoyo y que evitar discusiones sobre qué se puede mejorar no ayuda en nada al arte guatemalteco.
Lo mismo pasa con los negocios, particularmente los que operan desde redes sociales. Cuántas veces no hemos visto emprendedores en Instagram despotricando en las historias en contra de un cliente porque hizo una crítica negativa de su producto. Estos intercambios se convierten en una pelea de dimes y diretes donde el emprendedor busca demeritar las críticas en lugar de solventar el claro problema de servicio al cliente, ¿y por qué? Porque no estamos acostumbrados a que nos den una evaluación sin filtro e imparcial sobre lo que hacemos y terminamos considerándola un ataque.
Aquí es donde se vuelve responsabilidad del receptor de dichos comentarios el hacer un análisis crítico y discernir si estos son críticas constructivas o válidas, o simplemente comentarios maliciosos que provienen de la envidia o el deseo de que alguien no se supere.
El problema de no poder hacer este discernimiento es que en la crítica también hay una oportunidad de crecimiento que si no tenemos la habilidad de detectar puede pasar desapercibida.
Querer ser inmune ante las críticas por lo difícil que es emprender un negocio o hacer arte en Guatemala es inviable y solo contribuye a que colectivamente nos conformemos con el mínimo de calidad porque hay que “apoyar el talento nacional”.
Si bien los llamados cangrejos son nocivos porque buscan destruir el éxito ajeno, los que quieren silenciar las críticas por medio de falacias ad hominem y un falso patriotismo son igual de nocivos. Si realmente amamos a Guatemala y queremos que prospere, tenemos que tener la mente abierta y tomar lo útil y desarrollarnos con base en ello.
Citas:
Pérez Cortés, Juan Carlos. (2020). Anarquía relacional. Pág. 99. Editorial Titivillus.
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Dereck Richman
Periodista apasionado por las letras, el cine y el teatro. Escribo sobre temas sociales, principalmente enfocados en la comunidad LGBTIQ+, políticos y culturales. Considero la escritura una herramienta para el cambio y con el poder de influenciar generaciones y es eso lo que busco transmitir a través de lo que escribo.









