Recordatorio para los golpistas: En El Salvador ustedes están más cerca de ARENA que de Bukele

A pesar de que el proceso carece de legitimidad constitucional y es contrario a frenos y contrapesos de una república, Bukele asumirá nuevamente la presidencia en El Salvador. Su figura polémica, aunque venerada, parece ser el foco de esperanza para muchos sectores de la extrema derecha y libertaria en Guatemala, a pesar de que Bukele no encaja claramente en ninguna de esas categorías. Además, el sector golpista, lejos de parecerse a Bukele y el partido Nuevas Ideas, son más una especie de un moribundo ARENA.

Nayib Bukele, conocido como el “dictador más cool“, ha sido reelegido como presidente en El Salvador, un hecho ampliamente anticipado desde hace meses. A pesar de las controversias que rodean su gestión, incluyendo los obstáculos constitucionales y condenas internacionales, Bukele es el Estado, haciendo alusión a Luis XIV. La legitimidad de su gobierno no proviene de conformidad con las normas establecidas, sino más bien del respaldo de la mayoría de la población, desencantada tanto con la derecha tradicional representada por ARENA, como con la izquierda tradicional personificada por el FMLN. Estas antiguas afiliaciones ideológicas han perdido relevancia en el panorama actual salvadoreño.

Es crucial comprender que la elección de Bukele no se le puede criticar al pueblo salvadoreño sin considerar el contexto histórico y político de El Salvador. ARENA y FMLN, responsables de la creación de una partidocracia plagada de corrupción, sumieron al país en un ciclo de violencia tras el Conflicto Armado Interno. La población salvadoreña, marcada por las secuelas de la guerra, la corrupción y la violencia, expresó su descontento en las urnas al darle nuevamente el poder a Bukele. A pesar de las críticas, que incluyen detenciones consideradas ilegales, desafíos económicos y amenazas a la libertad de prensa, la elección refleja la voluntad de una población ansiosa por enterrar las antiguas élites políticas.

En sus primeros años, Nayib Bukele se autodefinía como de izquierda o criticaba la voracidad del capitalismo. Inicialmente, parecía ser un político con matices progresistas y tendencias de centro durante su tiempo en el FMLN. Sin embargo, tras su expulsión de dicho partido, Bukele adoptó un discurso más centrista, identificando a la partidocracia tradicional como el principal obstáculo a superar. Aunque se unió a GANA, un partido de derecha, pero con inclinaciones populistas, Bukele no adoptó plenamente las ideas de izquierda o derecha en sus discursos. En cambio, mantuvo posturas conservadoras asociadas con GANA. En el período previo a su presidencia y en los primeros años de su mandato, figuras como Gloria Álvarez, popular personaje libertario, señalaban a Bukele como un potencial dictador en formación. Esta opinión no era exclusiva de Álvarez, sino que varios pensadores del libertarianismo latinoamericano compartían inquietudes similares.

Fuente: https://studentsforliberty.org/es/blog/libertarios-de-el-salvador-en-tiempos-de-bukele/

Bukele expresó señalamientos hacia el expresidente hondureño de derecha, Juan Orlando Hernández y hacia el actual dictador nicaragüense de izquierda, Daniel Ortega, afirmando que “que ambos están en el poder a la fuerza, a costa de muchos muertos y sin legitimidad democrática”. Estas críticas adquirieron relevancia al ser comunicadas tanto a través de las redes sociales, como por dirigirse a líderes de países vecinos. Este posicionamiento crítico resulta notable, ya que Bukele continúa exhibiendo una actitud que no se alinea claramente con las ideas de derecha ni de izquierda. Su enfoque en señalar la falta de legitimidad y la violencia asociada con el ejercicio del poder por parte de líderes de diferentes orientaciones políticas, refleja su postura de centro, así como populista y con la renuencia a adherirse de manera estricta a etiquetas ideológicas.

Fuente: https://historico.elsalvador.com/historico/875594/vivanco-dice-bukele-usa-mismo-libreto-daniel-ortega-mantener-poder.html

¿Cómo se convirtió en un punto de atracción para la extrema derecha regional? La respuesta se encuentra en su aplicación de políticas de mano dura y el uso de la violencia estatal. Es importante señalar que la mano dura y la violencia estatal no son exclusivas de la derecha; la historia mundial demuestra que la izquierda también ha experimentado momentos de violencia significativa. Sin embargo, el control legislativo y judicial sin restricciones legales permitió la implementación de medidas que llevaron al control territorial, con una militarización general y el establecimiento de un Estado policial. Esto resultó en la detención masiva de miles de pandilleros, así como de individuos no afiliados a pandillas, un detalle que no debe pasar desapercibido. Este enfoque llevó a una clara violación de los derechos humanos, algo que ha sido una característica distintiva de las luchas sociales progresistas en los últimos años. 

En este contexto, comenzaron a surgir discursos repetitivos por parte de la extrema derecha en Bukele, argumentando que “los derechos humanos no protegen a la población, sino a los delincuentes”. Numerosas organizaciones de derechos humanos expresaron sus preocupaciones y presentaron denuncias, a lo que Bukele respondió utilizando el recurrente discurso de “los medios de (George) Soros”. En ese momento, la extrema derecha pareció pasar por alto el hecho de que Bukele había sido parte del FMLN y nunca se había autodefinido como perteneciente a la derecha. A su vez, es interesante notar que, en la actualidad, algunos libertarios parecen olvidar las relaciones cercanas de Bukele con la China continental, así como el significativo nivel de intervención y gasto estatal bajo su administración.

Las confrontaciones en redes sociales mantenidas con Gustavo Petro, presidente izquierdista de Colombia y con el dictador socialista de Venezuela, Nicolás Maduro, han ganado el favor popular, especialmente entre los seguidores de la derecha en particular. La mano dura promovida por Bukele, tan anhelada por los sectores más retrógradas de la extrema derecha latinoamericana, se manifiesta claramente en estas interacciones. Además, Bukele no duda en atacar a George Soros, una figura prominentemente presente en las teorías de conspiración asociadas a la supuesta agenda 2030. Su discurso, cargado de mensajes que pueden interpretarse como hostiles hacia los derechos humanos, permite ubicarlo fácilmente en un nivel similar al de figuras con discursos de odio como Javier Milei, Jair Bolsonaro o Donald Trump.

Debido a su significado simbólico, Nayib Bukele se ha convertido en un referente moral para la extrema derecha. En Guatemala, varios candidatos, tanto de la derecha convencional como de la no convencional, intentaron utilizar su imagen para fortalecer sus posiciones en las elecciones. No obstante, Bukele representa precisamente lo que la derecha tradicional, los libertarios tropicales y la extrema derecha desean evitar en el poder: un líder que ha desbaratado a las élites políticas establecidas. En un acto sin precedentes, y claramente anti republicano, Bukele logró deshacerse de los magistrados de la Sala de lo Constitucional y del Fiscal General. En Guatemala, la Corte de Constitucionalidad y el Ministerio Público son considerados los bastiones restantes, que aún dan pelea para los sectores golpistas en Guatemala. 

A pesar de la evidente hostilidad de Bukele hacia los derechos humanos, la comunidad internacional y los medios de comunicación, se diferencia notablemente de figuras como Milei, Trump, Bolsonaro por no tener un discurso de la Guerra Fría sobre el anticomunismo. Aunque algunos golpistas y sus seguidores pueden sentir afinidad discursiva con Bukele, es improbable que lo imiten por completo. Esos personajes jamás cambiarán Taiwán por China, jamás someterán a los empresarios con oligopolios, siempre tendrán un Estado ineficiente porque pesa más la distribución de puestos, que un Estado sólido.

Por lo tanto, nunca tendrán la voluntad política para un control territorial como el que trataron de vendernos en estas elecciones. Además, aquellos que respaldan discursos golpistas carecen de la cohesión necesaria para alcanzar consensos significativos entre ellos, ya que están divididos en diversas facciones. Su falta de popularidad y legitimidad, en comparación con Bukele, los sitúa en una posición más cercana a un ARENA moribundo y condenado a desaparecer. En este sentido, sus discursos golpistas parecen anclados en una mentalidad de Guerra Fría que data de décadas pasadas, en lugar de adaptarse a las dinámicas actuales, como lo ha hecho Bukele. Los golpistas guatemaltecos solo pueden compartir discurso, más no la acción. Son impopulares.

Fuente: Diario La Prensa. https://www.laprensa.hn/fotogalerias/mundo/el-salvador-miles-simpatizantes-bukele-aglutinan-afueras-palacio-nacional-PD17364874
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