Religión en USAC: Superando Dogmas, Hacia una Identidad Transformadora

En vísperas del aniversario 348 de la Universidad de San Carlos de Guatemala, es importante reflexionar en relación a la forma en cómo la masa estudiantil sancarlista convive, piensa y actúa. Puede que esta descripción no te represente o identifique, pero es importante aceptar que aunque esto esté cambiando, todavía predominan las conductas de este tipo. Es importante reconocer que la construcción de una cultura sancarlista respetuosa y humilde, al servicio de Guatemala, es vital para el desarrollo personal y colectivo de quienes pasan por las aulas de nuestra USAC.

A lo largo de los años, la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC) ha jugado un papel importante dentro de la realidad guatemalteca, ya que es la fuente de educación superior más antigua del país. Tras haber transcurrido tres siglos desde su fundación, esta universidad es aclamada por los ciudadanos guatemaltecos, los cuales la conocen por ser estudiantes, porque quiere pertenecer a ella o bien por ser la única universidad pública nacional.

Cada estudiante sancarlista es por mucho motivo de fiesta y reconocimiento, es símbolo de superación personal y no pasa desapercibido dentro de la sociedad. Para algunos, ingresar a esta casa de estudios representa ser el primer miembro de la familia en ser universitario. En otros casos, son trabajadores que se esfuerzan en una doble jornada con tal de cumplir metas personales.

Como en todo grupo social, existe una búsqueda insaciable por una identidad colectiva, la cual durante años los estudiantes de esta universidad han creado conforme a su historia y convivencia. Sin embargo, en la búsqueda de esta identidad, se ha creado un dogma que se ha vuelto dañino dentro de esta pequeña sociedad, la cual limita sus alcances sociales, además de no cumplir con su máxima de “…Elevar el nivel espiritual de los habitantes de la República, conservando, promoviendo y difundiendo la cultura y el saber científico.” 

Fotografía de La Hora publicada por La Hora el 22 de marzo de 2022

Este dogma se manifiesta en diferentes formas e influencias, en cómo se debe comportar sancarlista, a qué lugares debe asistir para divertirse, qué debe soportar dentro de los salones de clase e incluso, el silencio para no parecer “débil”. Es por ello que aquí mencionamos algunos ejemplos de cómo esto se manifiesta, para entender a qué se podría llamar como “La religión Sancarlista”.

¿Quién no ha escuchado las notas iniciales de “La Chalana” y se ha llenado de emoción? O bien sentir devoción ante la imagen de “La Chabela”, los cuales, tras un siglo de su creación, hoy son considerados “sagrados” dentro de algunos sectores de la comunidad estudiantil. No obstante, en los últimos años esta representación pasó de ser académica y revolucionaria, a una que tiene más músculo que cabeza, además de tener una organización fraudulenta con intereses políticos y económicos, que han llegado a dañar la credibilidad de la lucha en los años precedentes.

Actualmente, las actividades de esta época son esperadas no por su significado histórico, sino por la apertura al libertinaje y ocio dentro de las instalaciones universitarias. Cabe resaltar que este movimiento, poco a poco pierde fuerza, representatividad y en ocasiones, es añorada por personas de generaciones pasadas o bien, aquellos que no conocen su historia. 

Por otro lado, estas prácticas no se limitan a la acción social del estudiante, sino que encuentra incidencia incluso dentro de la actividad académica, la cual hoy se encuentra dañada y debilitada. Frases como “61 es nota, lo demás es vanidad”, “en el segundo parcial me compongo” son comunes en los y las estudiantes, con el fin de excusar su poco rendimiento académico. O bien, quien no se ha visto afectado por cátedras obsoletas y de poca calidad, las cuales son cada vez más comunes dentro de la docencia universitaria. Estos pensamientos y acciones muestran una mediocridad general, que premia el trabajo sin esfuerzo y desprestigia a aquellos pocos que buscan la excelencia.

En 2024, a pocos días de inicio de las actividades se han podido ver algunos ejemplos de estas conductas, donde por medio de redes sociales se han generado bandos los cuales apoyan o critican las acciones de denuncia que se han dado.

Un grupo de personas expresó su desagrado ante la situación actual de esta casa de estudios. Sin embargo, comentarios como “Siempre ha sido así, ¿de qué se quejan?”, “Generación de cristal no aguanta nada”, son parte de las opiniones en respuesta a esta denuncia. Esto último resulta preocupante, ya que la cultura de la denuncia se ha perdido y podría relacionarse con el poco apoyo a las acciones en contra de la cooptación de la rectoría de la USAC en 2022. 

Otra manifestación del dogma sancarlista existe en el estudiante, un sentimiento de superioridad ante los demás estudiantes universitarios del país, fundamentado en falacias alusivas a la historia de la institución. Títulos como “la grande entre las grandes” o “la gloriosa tricentenaria”, son utilizados para referirse a esta casa de estudios, desprestigiando a las demás universidades. Acompañado con burlas y pesimismo, los y las estudiantes de la USAC olvidan que lo importante de la educación superior es la posibilidad de desarrollo en el país y la producción científica. Tal parece que basta con alardear de la historia que se ha vivido y no preocuparse por seguir escribiendo nuevos acontecimientos valiosos, que ayuden al desarrollo nacional y al crecimiento de la universidad misma. 

Podemos ver entonces que esta identidad se ha convertido en un dogma, el cual se defiende con fanatismo, repitiendo ideas arcaicas, las cuales frenan el desarrollo que la educación superior debe proveer. Es por ello que es momento de reivindicar esta identidad, enfocarse en contribuir en la construcción de un país desde las aulas y que se proyecte a futuro a cada rincón del país.

Para ello se debe mejorar la organización estudiantil, eligiendo líderes idóneos que busquen el bienestar estudiantil desde la academia y honestidad. Además, buscar la excelencia académica exigiendo clases actualizadas y de calidad, como también interesarnos por cumplir con nuestras obligaciones como estudiantes. Por último, promover la unión interuniversitaria, para trabajar en conjunto por una Guatemala mejor y así cumplir con nuestro compromiso como universitarios.

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