Resiliencia y Supervisión Popular: La Resistencia de la ciudadanía en Guatemala

Guatemala es testigo de una lucha sin precedentes mientras las comunidades originarias siguen manteniendo una resistencia pacífica. El movimiento ciudadano es un claro llamado a la defensa de la democracia y la supervisión popular en un país marcado por décadas de opresión.

En el epicentro de la Ciudad de Guatemala, el Ministerio Público (MP) ha presenciado un acontecimiento sin precedentes: las comunidades originarias de diversas zonas del país mantuvieron una resistencia pacífica durante más de 100 días. Sus reclamos son evidentes: justicia, transparencia y rendición de cuentas. 

A ellos se sumaron diferentes colectivos, estudiantes y ciudadanía en general para hacer prevalecer la democracia en un país que venía siendo socavado por más de 30 años, debido a dictaduras que solo buscaban lucrar y buscar beneficios para sus familias, amigos y otros partícipes clave en el hundimiento de Guatemala. 

Asimismo, dada una lucha sin ánimos de violencia y una victoria que se dio el pasado mes de enero, el pueblo guatemalteco sigue en busca de la proclamada “nueva primavera”. A medida que transcurren los primeros tres meses del gobierno de Bernardo Arévalo y Karin Herrera, la tenacidad de estas comunidades sirve como un potente recordatorio de la importancia de la supervisión popular en una democracia vulnerable.

El Movimiento de los Pueblos Originarios

La entrada del MP se transformó en un campo de batalla simbólico. Líderes indígenas, vestidos con trajes autóctonos, se congregaron a diario para expresar su descontento con el estado de tensión, el cual se mantuvo durante muchos meses. 

Sus pancartas proclamaban: “No más impunidad”, “Nuestra tierra, nuestros derechos” y “Justicia para nuestros desaparecidos”. Sus voces retumbaron y siguen haciéndolo en las calles, demandando respuestas y acción.

Foto: Joshua Armira

Las Demandas

Las exigencias del movimiento indígena son diversas. En primer lugar, buscan justicia para los innumerables casos de violencia, despojo de tierras y violaciones de derechos humanos que afectan desproporcionadamente a sus comunidades. Demandan que el MP investigue y enjuicie a los culpables, sin importar su estatus social o político.

La transparencia es otra demanda clave. La ciudadanía sigue argumentando que la corrupción y la falta de claridad dentro del MP obstaculizan su capacidad para servir eficientemente al pueblo. Reclaman una mayor transparencia en las investigaciones, la asignación presupuestaria y los procesos de toma de decisiones. Asegurando que la institución debe rendir cuentas a los ciudadanos a los que sirve.

La Respuesta del Gobierno

El presidente Bernardo Arévalo y la vicepresidenta Karin Herrera han reconocido públicamente la persistencia del movimiento indígena. En algunas conferencias de prensa,

Arévalo declaró:

“Escuchamos sus reclamos y reconocemos su derecho a la protesta pacífica. Estamos comprometidos a abordar sus preocupaciones y trabajar hacia una Guatemala más justa”.

Sin embargo, las acciones hablan más alto que las palabras. La respuesta del gobierno sigue siendo un trabajo en proceso. Aunque algunas investigaciones se han reabierto, el pueblo guatemalteco demanda medidas más concretas. Quieren ver a los funcionarios corruptos responsabilizados. Asimismo, los pueblos originarios desean que sus tierras ancestrales estén protegidas y libres de la explotación.

Foto: Joshua Armira

La resistencia indígena sirve como un poderoso recordatorio del papel que juegan los ciudadanos en la protección de la democracia. Su compromiso inquebrantable con la justicia y la transparencia desafía el statu quo. Nos recuerda que el MP no es una institución aparte, sino un reflejo de las personas a las que representa.

La supervisión popular no es un privilegio; es una necesidad. Cuando las instituciones fallan, es responsabilidad del pueblo exigirles responsabilidad. La resiliencia del movimiento indígena demuestra que los ciudadanos comunes pueden ser poderosos agentes de cambio.

Pensamientos Finales

Mientras el sol se oculta tras el edificio del MP, los líderes indígenas y sociedad en general, permanecen firmes. Las pancartas que se ven en cada manifestación ondean al viento y sus cánticos resuenan por las calles de la ciudad. La resistencia no se trata solo de justicia para nosotros mismos; se trata de justicia para todos los guatemaltecos. Es un llamado a la acción, una súplica por un futuro mejor.

En este delicado momento de la historia de Guatemala, debemos generar un llamado que traspase fronteras. Reconozcamos la importancia de la supervisión popular y apoyemos a quienes son perseguidos o silenciados. Porque en la resiliencia, yace la esperanza de una nación más transparente, responsable y justa.

Foto: Joshua Armira
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