¿Sabes qué es el síndrome de prisa?

En una sociedad de prisa o aceleración, dejamos de disfrutar momentos importantes, disminuye la creatividad, dejamos de ser espontáneos. Todo suele ser urgente, podemos volvernos inseguros. La flexibilidad deja de ser una opción viable y la hostilidad aparece en los momentos menos esperados. Por lo que hoy puede ser un buen momento para respirar, analizar y cuestionar cómo estás viviendo.

El estilo de vida actual de muchas personas, sino es que el de la mayoría, ha cambiado y se ha visto influenciado por diversos factores. En esta ocasión, nos centraremos en los cambios de los últimos años en el ritmo de vida que llevamos a causa de la globalización, las redes sociales y las tecnologías de información y comunicación (TIC).

No podemos negar que grandes cambios surgieron a raíz de la pandemia de la COVID-19. Sin embargo, los cambios iban a llegar aún sin la existencia de una crisis sanitaria porque como seres humanos y sociedad, estamos destinados a evolucionar y a pasar por ciclos. 

Uno de esos cambios significativos es la rapidez, inmediatez o aceleración como la denomina Hartmut Rosa (filósofo, sociólogo y politólogo alemán), quien ha estudiado este síndrome. Él divide la aceleración en: aceleración tecnológica, aceleración del ritmo de la vida y aceleración del cambio social.

Si bien no es un concepto nuevo, la aceleración ha tomado relevancia y ya no lo vemos únicamente en medios de comunicación o plataformas digitales, sino en la vida cotidiana. En los trabajos, en las relaciones interpersonales, en nuestros estudios. El tiempo, que es la unidad básica, cada vez es más valioso y a su vez, más escaso. Al menos todos en algún momento hemos dicho o escuchado frases como: “Ya no me da tiempo de nada”, “Ojalá el día tuviera más horas”. Para nada esto es coincidencia. Cada día tenemos más tareas, más asignaciones, más proyectos que pueden consumirnos. 

Desde el 2008 se hablaba de un individuo “dominado por el deseo de satisfacción inmediata, intolerante frente a la frustración, que lo exige todo ya, que salta de un deseo a otro con una impaciencia crónica, que prefiere la intensidad a la duración, que exige del presente lo que debería esperarse del futuro.” Si lo pensamos detenidamente, nos relacionamos con al menos uno de esos aspectos. Nos interesan las cosas rápidas, instantáneas de preferencia, tenemos menos paciencia y tolerancia. 

Esto se relaciona directamente con el contenido al que estamos expuestos y decidimos consumir en redes sociales. TikTok es un claro ejemplo. Según Berenzon Gorn, ”ha ganado terreno frente a las demás gracias a la brevedad, pues el contenido que se presenta está limitado por tiempos.” Si puedes consumir información relevante, comedia y ocio en 30 segundos, ¿por qué no lo harías? Rosa ha hablado por años sobre la aceleración tecnológica y es lo que hemos vivido en los últimos tiempos. 

“El instante y el impulso han ganado terreno ante la expectativa y la paciencia”, dice Gorn y es totalmente cierto. Hemos evolucionado a tal nivel que preferimos consumir contenido audiovisual antes que leer un reportaje y claro que no está mal, pero afianza el sistema de urgencia en el que estamos inmersos. ¿Por qué leer un reportaje en media hora cuándo puedo ver un TikTok de máximo 3 minutos para informarme y aprovechar más el tiempo trabajando en un proyecto? Por mencionar un ejemplo.

De la misma forma que buscamos inmediatez en redes sociales o en medios de comunicación, este es el caso cuando sucede algo y deseamos ver la nota en portales digitales, buscamos inmediatez en nuestro trabajo. Pasamos gran parte del día solucionado problemas, atendiendo asuntos “urgentes”, gastando energía para obtener satisfacciones inmediatas y viviendo en un ciclo de urgencia, así como en un estado de alerta, experimentando estrés laboral o incluso burnout. Esto no surge porque sí. Modelos económicos y laborales como el home office sin duda han sido causantes de este tipo de conductas, debido a que se tiene la percepción de que, si estás en casa, estás disponible más tiempo. Cada día la rapidez se relaciona con la eficiencia y la modernidad, mientras que la lentitud se relaciona con la inadecuación. ¿Y quién en un mundo lleno de profesionales quiere proyectar inadecuación? 

 

Si volvemos a la teoría, Rosa habla de esa aceleración de ritmo de vida: “en un día se realizan cada vez más acciones distintas, con sus transiciones correspondientes de una tarea a la otra, que nos hacen percibir hambre de tiempo. Es decir, la sensación de no llegar a cumplir todas las responsabilidades laborales, sociales, personales, la llamada relojización. Cada vez realizamos más acciones y se percibe el tiempo como un recurso escaso dividido entre la multitud de tareas a realizar.”

Finalmente, hablemos de la aceleración de los cambios sociales. Según Hartmut, se ve reflejado en los valores, en las modas, los estilos de vida, las relaciones y las obligaciones sociales. En la actualidad, cada vez estamos más inmersos en proyectos, en más causas, en más reuniones y se nos hace creer que entre más productivos seamos, mejor. Sin embargo, es posible que dejemos de disfrutar ciertas actividades o pasiones porque llegan a convertirse en una carga. 

Vemos que cada vez prácticas como el fast fashion o la alienación son más comunes y la sociedad se convierte en una masa que solo imita patrones y comportamientos para mantenerse “actualizado”. Se está viviendo a mil por hora y olvidando que son individuos que tienen ideas propias y de cuales son realmente sus sueños y aspiraciones. 

En una sociedad de prisa o aceleración, dejamos de disfrutar momentos importantes, disminuye la creatividad, dejamos de ser espontáneos. Todo suele ser urgente, podemos volvernos inseguros. La flexibilidad deja de ser una opción viable y la hostilidad aparece en los momentos menos esperados. Por lo que hoy puede ser un buen momento para respirar, analizar y cuestionar cómo estás viviendo y si te identificas con lo que acabas de leer. Afortunadamente, hay acciones que podemos implementar para reducir el impacto de la aceleración en nuestras vidas. ¡Por lo que en mi siguiente columna abordaremos ese tema!

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