Existir como mujer en distintos espacios, es un reto. El simple hecho de identificarnos con ese género nos coloca en desventaja ante una sociedad desinformada, llena de prejuicios y machista.
Es evidente que muchas mujeres no nos sentimos intimidadas por eso y trabajamos desde nuestras esferas para eliminar estigmas y liberarnos de los roles de género que nos han impuesto, pues sigue siendo una realidad que debemos esforzarnos el doble para demostrar que podemos ocupar espacios tradicionalmente reservados a hombres cisgénero.
Aunque esa es nuestra realidad, muchas contamos con privilegios que nos impiden ver que hay mujeres que deben enfrentarse a una doble, incluso triple, discriminación. Aunque esos escenarios no nos atraviesan, es importante reconocerlos, nombrarlos y trabajar por reducir las brechas.
De acuerdo con Amnistía Internacional, entre los derechos de las mujeres, encontramos “los relativos a vivir sin violencia ni discriminación, a gozar del más alto nivel posible de salud física y mental, a recibir educación, a la propiedad, a votar y a ganar el mismo salario por el mismo trabajo”.
Seguro después de leer esa descripción, puedes identificar que no tienes acceso a mínimo uno de esos derechos. Solo por ser mujeres, el juego es distinto y la violencia de género es evidente.
De acuerdo a los datos de la Secretaría Presidencial de la Mujer (Seprem), obtenidos de la Encuesta Nacional de Calidad y Bienestar de los Hogares (Encabih) de 2023, el 48.8 % de las mujeres en Guatemala han sido víctimas de algún tipo de violencia en algún momento de su vida, ya sea sexual, física o económica.
Puedes leer el informe: Encuesta Nacional de Calidad y Bienestar de los Hogares
Aun con esos datos alarmantes, hay mujeres que deben enfrentarse a un escenario aún más complejo.
¿Qué es la doble discriminación?
Es la discriminación que tiene origen en dos o más elementos presentes en la misma persona.
Lectura sugerida: A Short Review of Collins’ and Bilge’s Intersectionality
Esos elementos se interrelacionan, profundizando la discriminación y de acuerdo con las sociólogas Partricia Hill Collins y Sirma Bilge la denominan discriminación interseccional.
María Laura Serra, investigadora argentina, lo define como: “una herramienta analítica para comprender y analizar la complejidad del mundo, en las personas y sus experiencias”.

¿Qué mujeres pueden experimentar una doble discriminación?
Mujeres con discapacidad física
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de la Mujer (ONU Mujeres), cerca del 16 % de la población mundial vive con una discapacidad y de ese porcentaje, más de 700 millones son mujeres y niñas.
Principalmente, se enfrentan a la falta de accesibilidad física en espacios públicos y privados.
Además, existen barreras para obtener trabajo, acceso a educación, servicios de salud por falta de capacitación del personal médico sobre discapacidad e indudablemente, limitaciones para participar en espacios de toma de decisión.
Además, son más vulnerables a otros tipos de violencia y abuso, mayor victimización y menos acceso a protección.

Mujeres negras o indígenas
De acuerdo con la ONU, las desventajas que enfrentan las mujeres pertenecientes a minorías, como lo son las mujeres negras e indígenas en relación al ámbito laboral, la trata de mujeres y la violencia, son preocupantes.
Puedes leer: En la encrucijada de la doble discriminación, por motivo del género y racial
Muchas ocupan los niveles más bajos del mercado laboral y se dedican al comercio informal. Además, reciben salarios más bajos, trabajaban en condiciones insalubres y por más horas que el promedio.

“La violencia contra la mujer basada en el origen étnico o la raza se considera el ejemplo más reconocible de discriminación interseccional”, de acuerdo con Los Estados multiétnicos y la protección de los derechos de las minorías.

Las mujeres indígenas guatemaltecas, hondureñas, costarricenses y peruanas han sido discriminadas desde hace siglos. Se ha subestimado su capacidad de formar y nutrir comunidades enteras, su conexión con la madre tierra, su sabiduría ancestral como comadronas, su creatividad en la gastronomía, la indumentaria y el arte. Cuentan con habilidades valiosas que podrían fortalecer el tejido social de cada país.
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Mujeres mayores
La situación de las mujeres de la tercera edad puede ser más compleja, ya que pueden llevar años experimentando violencia (física, psicológica, sexual o económica). Esto impacta directamente en su salud física y mental.
Además, la violencia en la pareja puede aparecer o empeorar en momentos importantes, como la jubilación o la aparición de alguna enfermedad.

También puede existir violencia económica. Ya sea de parte de su pareja e incluso de sus hijos. Se les impide tomar decisiones relacionadas con la economía familiar y/o realizar compras personales.
Por otro lado, pueden ser víctimas de desvalorización constante por estereotipos edadistas. Lamentablemente, frases como “está vieja, ya no sirve para nada”, son comunes.
Mujeres LGBTIQ+
Según datos de ONU Mujeres, dos mil millones de personas viven en contextos donde las relaciones entre personas del mismo sexo están penalizadas y “al menos 42 países penalizan específicamente las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo”.
Específicamente, las mujeres trans son criminalizadas por leyes discriminatorias. Mientras que otras mujeres son víctimas de la estigmatización, sexualización y de crímenes de odio por el hecho de no encajar con los roles y expresiones de género impuestos por la sociedad.

Dentro de la diversidad,
“No todas las personas LGBTIQ+ se ven afectadas de la misma manera. Los estudios demuestran que las mujeres, niñas y personas de género diverso sufren formas múltiples e interrelacionadas de discriminación. Las mujeres LGBTIQ+ afrodescendientes o indígenas, las mujeres LGBTIQ+ migrantes y refugiadas, y las mujeres LGBTIQ+ con discapacidad corren un mayor riesgo de sufrir violaciones de sus derechos”.
Mujeres con trastornos mentales
Las personas con discapacidad perciben ingresos menores que la población sin discapacidad y dentro de la discapacidad, las mujeres cobran un 14% menos que los hombres, de acuerdo con la Fundación CERMI Mujeres.
El entorno laboral no está diseñado para las mujeres que padecen algún problema de salud mental y que pueden trabajar bajo indicaciones de un profesional de la salud mental, (como trastornos de ansiedad, trastorno de estrés postraumático, déficit de atención, trastornos alimentarios, etc.)

Además, pueden retrasar u obstaculizar la recuperación (que claro que es posible a través de la reducción de sintomatología, según cada caso) y aumentar la vulnerabilidad a través del estigma en torno a la salud mental y se les cataloga como “incapaces”, “malas madres” o “histéricas”.
Mujeres refugiadas y migrantes
Muchas mujeres salen de su país de origen por pobreza, matrimonio forzado, mutilación genital, guerra y conflictos bélicos, emergencias, violencia en sus hogares, por ser defensoras de derechos humanos… La lista es extensa.
Recibir ayuda humanitaria, comida, vivienda y medios para su recuperación, es complejo. Según la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), “incluso si el motivo inicial de la huida no está relacionado con motivos de género, ser mujer puede ser un factor que multiplica el riesgo de sufrir violencia en los países de tránsito, un imán para la violencia durante el viaje y motivo de discriminación en el país de acogida. Todo ello, además, dificulta aún más su proceso de inclusión social y su bienestar psicológico en los países de acogida”

Detrás de estos datos, hay mujeres que se enfrentan a más de una discriminación. Seguro una de ellas eres tú, o conoces a alguna. Lo que tenemos en común es que luchamos para que existan espacios amplios, diversos y empáticos, en donde los derechos de todas sean respetados.
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Chelsea Gordon
Comunicadora y Social Media Manager. Apasionada las tendencias, las redes sociales y de descubrir nuevos lugares de Guatemala. Miembro de la Junta Directiva de Telégrafo.










