Cuando el fin de año se avecina, es común seguir ciertas rutinas marcadas por la nostalgia y el recuerdo de tiempos pasados; hacer retrospectiva de todo lo ocurrido durante esta vuelta al sol nos llena el corazón y el alma de una variedad de inexplicables emociones… Pensar en lo bueno , lo malo que hicimos, lo que nos pasó, lo que mejoró o empeoró, y con ello, los propósitos a cumplir el año siguiente le dan un significado real e importante a la temporada.
Las fiestas también nos llevan a los seres queridos, la familia y las reuniones, el abrazo, la cena y el rito en torno al significado de las fiestas para cada religión y cada persona desde sus creencias personales.
Lamentablemente, la época no envuelve solamente buenos recuerdos y momentos memorables, pues no son tan felices para todos. Obviar al fantasma del derroche y consumismo que habita en diciembre sería un error garrafal si es que quisiéramos brindar un análisis honesto de la situación.

Resulta curioso escribir este artículo, ya que normalmente los escritos que he realizado son de crítica hacia datos palpables y acciones visibles, pero este va más por una vía personal, una reflexión o incluso una invitación.
Siempre me ha molestado el comentario de “las fiestas ya no se sienten como antes” o “la Navidad ya no es la misma”, y es que surge porque crecemos. Nuestro rol de ser quienes viven la Navidad y el Año Nuevo cambia hacia un rol de darle vida a las fechas y si estas no se sienten como antes, es porque hemos fracasado en esta transición. Pasamos de recibir a dar.
Es curioso también que busque hablar de consumismo en este artículo como algo que me llega a molestar, pues me gusta gastar para esas fechas. Busco regalarle algo a todos mis seres queridos; es mi forma de demostrar que pienso en ellos siempre y a su vez agradecer su presencia durante el año, y estoy seguro de que no soy el único que lo hace de esta forma.
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Mientras hacía esas compras, me puse a pensar en el panorama contrario de nuestro país. Niños y adultos que pasan las noches en la calle o aquellos que no tienen un plato de comida todos los días y viven con la incertidumbre de si van a lograr comer o no, viven de la misma forma las fiestas de fin de año. Es un día más de frío, de hambre y de miedo; para estos niños Santa Claus no llegó.
Por poner en contexto, según el Índice de Pobreza Multidimensional del Ministerio de Desarrollo Social (Mides), demostró que para 2023, seis de cada diez personas vivían en situaciones de pobreza y pobreza extrema. Por lo que podemos considerar que sus navidades son iguales a su día a día, un día de inseguridad y de supervivencia.

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Esto es un fallo completo del Estado y tomo este párrafo para poder realizar la crítica correspondiente que no puede faltar en una reflexión sobre realidades sociales. El Estado no ha cumplido su rol como garante de seguridad humana. La crítica no es hacia este gobierno, sino hacia la estructura estatal completa, pues este problema es de años y décadas.
Pero este texto busca también ser una crítica hacia nosotros mismos, como sociedad. Si bien nuestra labor no es la de rescatar a los demás, sí debiéramos ser un poco más solidarios, un poco más responsables y un poco más humanos con nuestros similares. La Navidad es una fecha de amor y de buenos deseos, pero estos buenos deseos deberían convertirse en buenas acciones y no quedar en un simple pensamiento.
No hablo solamente de cambiar nuestro actuar en Navidad, aunque es el punto de partida, busco que funcione como una invitación a que seamos más solidarios con todos, todo el año, pues no conocemos a fondo qué realidad está viviendo la gente con la que interactuamos o a la que solo vemos pasar. Muchos vivimos con la inseguridad de si mañana será un buen día.
Durante este 2026, pensemos en cómo el sistema capitalista en el que vivimos y el consumismo que este conlleva nos han vuelto más una máquina que un ser humano, dejemos de lado esa queja constante hacia la falta de un sentimiento pasado y agradezcamos lo mucho que tenemos.
La vida no es una competencia de quién tiene más o quién puede más; la vida debería ser más fácil si todos nos la hacemos más fácil entre nosotros. Sobre todo, pensemos este inicio de año en dar un poco de lo que tenemos a esos lugares a donde Santa Claus no llegó…

Escrito por: Javier Navarro
Estudiante de ciencia política, fan de los datos curiosos, defensor del pensamiento crítico y opiniones propias. Siempre con algo que decir.










