Cuando dicen «septiembre amarillo», pienso en lo complicado que puede ser tener salud mental en una sociedad que constantemente nos estimula de forma negativa, nos satura con información que nos produce ansiedad o nos coloca en situaciones que pueden provocarnos ansiedad, ira, estrés, entre otros problemas.
Tener salud mental se ha vuelto un privilegio que nos han intentado vender como si fuera totalmente nuestra culpa no tenerla, cuando, en realidad, existen muchos factores que pueden provocarnos estas situaciones.
No quiero decir que no haya cosas que podamos hacer para mejorar nuestra vida. Sin embargo, no todo es culpa nuestra. Si bien no podemos atribuir estos problemas a una sola causa, sí podemos identificar los factores que producen estos malestares.
Uno de los más conocidos en Guatemala es el tráfico. Este consume mucho tiempo de nuestro día a día, nos quita horas, aumenta la tensión y nos expone a un ambiente contaminado y a temperaturas más altas. Mezclar todo eso hace que seamos más propensos a actuar impulsivamente, a reaccionar de manera agresiva y a construir una sociedad más conflictiva.
Agreguemos ahora el factor de la gasolina. Todo eso nos estresa, nos hace sentir que la vida es más cara, más pesada. Somos más irritables, estamos más enojados y conseguir la calma se vuelve más difícil.
Cuando en una sociedad tenemos únicamente opciones extremas, cuando para trabajar casi siempre hay que salir de madrugada y regresar por la noche, o cuando existe la posibilidad de trabajar desde casa, pero el horario no es precisamente mejor, también nos enfrentamos a otro problema: al no existir una legislación que regule adecuadamente el trabajo desde casa, es más complicado separar la vida laboral de la personal.
¿Cuándo se volvió así la vida? Vivir entre pantallas o en tránsito. Es tan trágico ver la vida de esta manera. Si queremos salir a pasear, debemos hacerlo temprano porque, de lo contrario, nos atrapa el tráfico. Por lo tanto, descansar se vuelve algo que descuidamos, poniendo en peligro incluso algo tan básico como dormir bien.
¿Cómo se resuelve un problema así? Me gustaría decir que es algo sencillo, pero no lo es. Es un problema multifactorial que, si no cuenta con la cooperación de todas las partes, es imposible de resolver. Necesitamos mejores vías de comunicación, carreteras efectivas, transporte público eficiente que no empeore la situación, leyes que regulen el teletrabajo y terceros hogares en la ciudad. Necesitamos aprender a respirar, necesitamos dormir mejor, pero para ello también necesitamos seguridad y un ambiente saludable.

No sé qué debe ocurrir para que las autoridades se den cuenta, ni qué tiene que suceder para que quienes tienen la posibilidad de generar un cambio real se dispongan a hacerlo. No tengo idea de qué debe pasar, qué debe colapsar. Pareciera que el cinismo fuera algo propio de las autoridades, que no hacen lo suficiente para encontrar soluciones reales.
Somos una ciudad y un país con muchos barrancos y otras estructuras geográficas irregulares, lo que debería impulsarnos a crear puentes y sistemas de transporte diversos, para que no solo quede la opción de movilizarnos en moto o en carro. Necesitamos metros, teleféricos en zonas donde existen barrancos, buses con rutas efectivas y una red que permita que todas las zonas estén conectadas.
Un buen sistema de transporte y unas buenas vías de comunicación son el primer paso para una mejora real de la ciudad. También necesitamos leyes que regulen el teletrabajo. La virtualidad nos dio herramientas, pero, si no están reguladas, pueden convertirse en un riesgo para la salud. Por eso necesitamos regulaciones.
Las manifestaciones tienen un propósito, pero la desesperación de la gente atrapada en el tráfico hace que estas se vean de otra manera. Esto me lleva a reflexionar sobre cómo vemos el activismo cuando nuestras necesidades básicas se complican. ¿Cómo es posible que las autoridades permitan que su población sufra de esta manera?
Las personas solo quieren trabajar legalmente, solo quieren llevar el pan de cada día a sus casas, pero pareciera que las autoridades están empeñadas en complicar la vida de la gente honrada.
¿Qué ha pasado con el plan de gobierno? ¿Qué pasa con el plan gubernamental? Finalmente, quiero recordarles a los jóvenes que se empadronen, para analizar y buscar autoridades que planteen soluciones y no más problemas.
¿Qué podemos hacer? Aprender, leer, conocer los planes y a las autoridades, aprender a escoger a quienes consideremos más preparados y no simplemente a los menos malos. Tenemos esa capacidad. Los jóvenes tenemos el poder de cambiar las cosas. Aprendamos a leer planes y propuestas; analicemos, conversemos, divulguemos, compartamos ideas. Enriquecernos con las opiniones de los demás es una de las mejores maneras de empezar a generar un cambio.
Porque cuando empezamos a pensar, estamos empezando a resolver.

Escrito por: Ana Reyes Castro
Estudiante de Ciencias Físicas en la USAC. He representado a mi universidad en la rama de literatura de forma internacional. Me gusta el arte y el cine. He dado charlas en eventos para Google, así como para la Municipalidad para alentar a los jóvenes. Youtuber desde hace cinco años.










