Muchas veces vemos a políticos o funcionarios guatemaltecos inclinándose por una ideología u otra, desprestigiando a quienes no comparten su forma de pensar, diciendo que la derecha es fascista o la izquierda comunista. Sin embargo, en el país es muy escasa la formación política que se tiene y por ende, los ciudadanos no saben qué defiende una u otra, recibiendo como información únicamente los datos o discursos que estos “representantes del pueblo” vierten en las distintas redes sociales, para poder ir ganando adeptos o tratar de destruir el trabajo de sus opositores.
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Para poder definir brevemente qué es lo que busca cada una de las ideologías, debemos tomar como base el origen de la izquierda y la derecha, que surge en Grecia, según diversos autores. Pero muchos otros ven una forma más sólida en el Parlamento de Francia. Para poder diferenciar la clase obrera de la clase privilegiada, en aquellos tiempos, se dividían en grupos. Los trabajadores se sentaban del lado izquierdo, quienes defendían sus derechos fervientemente, y en el lado derecho, se sentaban los patronos, dueños de grandes tierras, privilegios y riquezas.
En un principio, las personas conocían a quienes los representaban tomando decisiones para sus similares y compartían ciertos intereses en común, pero con el paso del tiempo y el crecimiento de las colonias, muy difícilmente conocían a las personas por nombre, pero siempre seguían identificándose por su forma de pensar, lo que a la larga, fue haciendo más notoria dicha división entre quienes se sentaban a la izquierda y quienes a la derecha.
Sabiendo entonces qué ideas perseguían promover y defender, las personas se inclinan por distintos pensamientos políticos, siendo ahora una gama más amplia de corrientes políticas, como izquierda, derecha, progresistas, estatistas, liberales, conservadores, etc.
Pero, ¿en Guatemala realmente sabemos qué defienden unas u otras? Y la respuesta claramente es no, porque sean de un pensamiento u otro, en las escuelas públicas y centros educativos privados, en muy pocas ocasiones se les da una educación política a los niños y tristemente, muchas universidades tampoco lo hacen, por lo que la gente se sigue guiando por lo que ve o escucha en las redes sociales, sin llegar realmente a crear un pensamiento crítico y poder definir con qué corriente se identifica.
La misma carencia de diálogos y debates académicos, no obliga a los estudiantes a investigar las distintas corrientes ideológicas y ubicarse en alguna de ellas. Y si en las instituciones de estudios superiores no se hace, en las calles, con los vecinos de a pie, es mucho menor la posibilidad de que puedan llegar a tomarse el tiempo de transmitir este conocimiento a la comunidad. Es por eso que varios líderes religiosos se aprovechan de la escasez de información y la falta de interés de la sociedad por aprender sobre estos temas.
En nuestro país hay muchas personas que dicen ser “conservadoras” o “progresistas”, pero lamentablemente, la gente se dedica a defender su forma de pensar discutiendo temas como el aborto, la religión, el matrimonio entre personas del mismo sexo, programas sociales, etc. Sin el fin de encontrar un punto medio, sino de imponer sus ideas y que la otra persona las adopte a la fuerza, sin entender realmente cuál es su fundamento u origen. Muchos que se dicen ser de derecha, actualmente apoyan a instituciones del Estado que de forma parcial, defienden a unos y condenan a otros.
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Y quienes se dicen ser de izquierda, viven de los movimientos sociales o las Organizaciones No Gubernamentales (ONG). No todo es malo, pero nos falta llegar al punto donde tanto las derechas como izquierdas, sean sólidas ideológica e institucionalmente, así como también que sus representantes puedan defender sus ideas sin la intención de imponerlas, pero tampoco aprovecharse del poder cuando lleguen a él, y esto los corrompa, perdiendo la dirección de lo que en sus discursos defiende.
La idea principal de las distintas formas de pensamiento político, tendría que ser llegar a una sinergia de ideas con quienes no comparten del todo su forma de vivir o pensar, pero velando siempre por el bien común y no buscar destruir los trabajos de los otros, para poder alternar el poder sin tener que iniciar de cero cada que cambie un gobierno. Aunque claro está, que esto no pasará.
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Andy Barillas
Estudiante de Ciencias Jurídicas y Sociales. Asesor inmobiliario. Apasionado por el deporte.






