La pérdida se siente más intensamente cuando el duelo se guarda en silencio.
Margaret Atwood, "Alias Grace", 1996
Tengo la creencia de que como seres humanos, atravesamos más lutos o duelos de los que consideramos experimentar, sobre todo más allá de las veces que perdemos a un ser querido. También creo de que no se habla mucho de estos lutos, que existen, pero se mantienen en silencio o fuera del radar de que podría estar atravesando un duelo.
Inicialmente, cuando hablamos del duelo, debemos considerar que es una respuesta natural a la pérdida, aunque de forma errónea solo la asociamos con la muerte. Existen muchos otros tipos de pérdidas que desencadenan nuestro proceso de duelo, pero casi no hablemos de ello.
Por ejemplo, yo comencé a pensar sobre los duelos que atravesamos y que no tendemos a considerarlo como tal, cuando tuve que retirar un curso en la universidad que no quería retirar. Tuve una perdida, ya sea de esperanza, una negación a la idea de que tendría que estar un año más en la universidad, un dolor al sentirme incapaz de no poder hacer nada al respecto para cambiarlo.
Entonces, pensé en todos los duelos que atravesamos como humanos y que no somos capaces de decir en voz alta por miedo a que no sea considerado un luto. Esto a causa del temor a que minimicen nuestros dolores, cuando deberían considerarse un luto.
Elegí hablar sobre algunos duelos que atravesamos y que quizá no nos hemos dado cuenta. Uno de los más conocidos es el duelo por la pérdida de una relación amorosa.
Terminar una relación, ya sea por una ruptura, divorcio o incluso, dejar ir a esos amores que entre la juventud llamamos casi algo, puede causar un profundo dolor emocional, puede hacernos sentir inestables durante un tiempo. Debido a que se pierde la idea de un futuro con la persona que querías, de crear recuerdos, de saber que ya no podrás abrazarla o besarla, tampoco podrás reírte de nuevo con ella. Es latente la idea de saber que no le podrás contar tus días como lo hacías antes.
Una vez, cuando tuve que dejar ir un amor, un amigo me dijo: “No hay nada de malo en amar con intensidad, vive tu duelo”. Fue hasta ese entonces que consideré el hecho de que cuando dejamos ir o nos alejamos por nuestro bien de alguien a quien queremos, también atravesamos un duelo.
Otro importante de mencionar y que todos estamos destinados a vivir es el duelo por la pérdida de un trabajo. El hecho de perder un empleo, ya sea por despido, renuncia o jubilación genera en nosotros un sentimiento de pérdida de identidad, seguridad y propósito en nuestro diario vivir.
Con lo ocurrido en Venezuela y sus elecciones, pude encontrarme en TikTok muchos videos de venezolanos queriendo volver a su país, llorando por las elecciones y por ver en lo que su país se ha convertido. Eso es un duelo.
El duelo migratorio de muchos guatemaltecos, venezolanos, cubanos y de otros latinoamericanos implica dejar atrás el hogar, la cultura, los amigos y la familia.

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Existe otro tipo de luto y es la pérdida de una mascota. Para muchas personas, las mascotas son miembros de la familia. Nuestras mascotas son quienes nos reciben al entrar a casa, quienes nos han visto llorar, quienes nos acompañan a dormir o nos hacen bien a nivel emocional y psicológico.
Otros han tenido a sus mascotas desde pequeños y su pérdida puede ser tan dolorosa como la pérdida de un ser humano cercano, pero a menudo se desvaloriza por el hecho de ser un animal.
También existe un duelo por la pérdida de sueños o expectativas, sin duda fue este el que a mí me ocurrió y cuando lo atravesé, no tuve la capacidad de nombrarlo.
A lo largo de la vida, todos hacemos planes y tenemos expectativas sobre cómo será el rumbo de las cosas. Cuando estas expectativas no se cumplen, puede haber un duelo significativo.

Podría seguir haciendo una larga lista de duelos que vivimos. Como por ejemplo, el duelo de tener que terminar una amistad con alguien a quien queríamos, el duelo de la pérdida de la inocencia y vernos obligados a ver la realidad sobre el mundo y la vida.
O el duelo de perder un objeto significativo en nuestra vida, ya sea porque alguien importante nos otorgó ese objeto, o porque le teníamos valor sentimental.
De todos los duelos mencionados, aunque ni uno se parezca, tienen todos algo en común y es la costumbre.
Como humanos nos hemos acostumbrado tanto a algo, que cuando ya no lo tenemos, nos vemos en la obligación de aprender a vivir de nuevo.
El duelo nos lleva a eso, a ese limbo entre lo que era un antes y un después, nos lleva a aprender a vivir con lo perdido. Reconstruir una nueva vida, nuevos amores, nuevo trabajo, nuevo idioma, tener otra mascota, nuevos sueños. Es aprender de nuevo a cómo respirar.
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Melany Díaz
Estudio, escribo y vivo de noche. Apasionada de vivir mil romances entre páginas (aunque no viva ninguno) y enamorada de Bangtan. Estudiante de derecho, aunque mi fuerte siempre ha sido la creatividad y vivir en otros universos que yo misma creo en mis libros. Fiel creyente que escribiendo se mastica mejor la vida y leyendo se reciben un puñado de abrazos lentos.










