Transición hacia la paz: ¿La pena de muerte como antídoto contra la corrupción?

Mucho se ha dicho respecto del alcance y de las consecuencias de la corrupción en el Estado guatemalteco. ¿Pero realmente está todo perdido? ¿Existe una solución al problema de la corrupción? En la siguiente columna trataré de responder a estas interrogantes, desde la óptica de la Justicia Transicional. Spoiler alert: no es la pena capital.

¿¡Qué año tan peculiar hemos concluido, verdad!? Supongo que no fui el único que esperaba que el 2023 fuera un año electoral común y corriente. Un año electoral en el cuál termináramos votando por el famoso y tristemente normalizado “menos malo”. 

Y es que no es algo nuevo para nosotros, en el 2015 despedimos a un binomio presidencial que se caracterizó por tener “mano dura”, pero para el desfalco y el empobrecimiento del Estado. Ese mismo año, votamos por el que no era “ni corrupto, ni ladrón”, pero si un mentiroso empedernido. No contentos con el resultado anterior, en el 2019 decidimos finalmente darle la oportunidad al eterno candidato, el “Dr. Ojitos Cansados”, experto en tácticas cleptócratas y en maniobras golpistas. 

No hay duda de que todo lo anterior suena muy deprimente. ¿Pero realmente está todo perdido? ¿Existe una solución al problema de la corrupción? Si realmente existe una solución, ¿qué enfoque sería el apropiado? Veamos qué nos dice la justicia transicional al respecto. Spoiler alert: no es la pena capital.

La corrupción es uno de esos temas que a menudo evoca una variedad de emociones y sentimientos intensos, incluso viscerales. Y es que no es poca cosa, podemos encontrar infinidad de estadísticas que presentan a la corrupción como la causa principal de los bajos indicadores en economía, desarrollo humano, estado de derecho e institucionalidad en el país. Por ejemplo, la presentada por Prensa Libre a inicios del año 2023, que nos exhibe los resultados del Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) 2022, publicado por la entidad Transparencia Internacional, el cual menciona que “Guatemala, obtuvo un punteo de 24 y el IPC lo clasifica entre los 26 países que han alcanzado niveles históricos de corrupción e impunidad”.  

Adicionalmente, el sitio web “Expansión” nos brinda un poco más de claridad respecto a la anterior estadística: “Guatemala ha obtenido 24 puntos en el Índice de percepción de la Corrupción que publica la Organización para la transparencia Internacional… lo cual significa que los guatemaltecos perciben un incremento de la corrupción en el sector público del país. Con esa puntuación, Guatemala mantiene la posición 150, de los 180 puestos… Éste índice clasifica a los países puntuándolos de 0 (percepción de altos niveles de corrupción) a 100 (percepción de muy bajos niveles de corrupción)”. 

En consecuencia, el descontento es muy evidente. Hospitales sin insumos básicos, escuelas sin escritorios y pizarrones, carreteras en mal estado, baja producción e inversión extranjera, decrecimiento del producto interno bruto, pérdida de competitividad e incremento de movimientos migratorios hacia los Estados Unidos. Las consecuencias de la corrupción en nuestra realidad son múltiples y severas. 

De ahí que sea tan común escuchar opiniones de amigos y familiares que hacen alusión a “devolver todo lo robado” o de “humillar públicamente a los corruptos” y de hasta “aplicar un escarmiento físico severo” a los culpables.

Lo mismo ocurre con muchas opiniones políticas, como la plasmada en la página web de Roberto Arzú:

¿Quieren acabar con la corrupción? ¿Cuál es el miedo? Singapur es la perla de Asia y así erradicó la corrupción. Ni un paso atrás. ¿Por qué los otros candidatos se hacen locos con esto?

Casos como el de Singapur, donde la aplicación de medidas drásticas y severas detuvieron la degeneración del Estado, pueden hacer que nos cuestionemos si realmente la pena capital es el camino más indicado para empezar a erradicar la corrupción de una vez por todas (sin entrar en el debate de su viabilidad en nuestro ordenamiento jurídico). Sin embargo, vale la pena echar un vistazo hacia los acontecimientos pasados.

La Segunda Guerra Mundial y los Juicios de Nuremberg

La historia nos ha dado dos ejemplos donde se ha podido transicionar de un sistema corrupto y abusador, a un sistema funcional y respetuoso de los derechos humanos. El primero sucedió después de las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial, en un esfuerzo por hacer justicia a los millones de damnificados del holocausto. Y el segundo ejemplo sucedió en la década de los 90s, cuando Sudáfrica transicionó del sistema de Apartheid a un sistema incluyente y demócrata. 

En esta ocasión, me gustaría hacer énfasis en el ejemplo alemán, donde los aliados decidieron que se trataría de hacer justicia por medio de los denominados Juicios de Nuremberg, los cuales fueron una serie de procesos judiciales en los cuales se acusaron, procesaron y condenaron a los colaboradores, funcionarios y dirigentes de la cúpula del poder nazi de ese entonces. Pero eso no fue todo, en un esfuerzo por erradicar cualquier remanente del nacionalsocialismo de la sociedad alemana, se modificaron las leyes y políticas públicas. A su vez, se tomaron medidas drásticas para evitar que cualquier persona asociada al régimen nazi participara en el Estado y sus instituciones. 

El problema surgió poco tiempo después de ejecutar esas medidas, ya que se encontraron con el serio inconveniente de que Alemania no contaba con los suficientes profesionales “inocentes” (abogados, maestros, médicos, empresarios, etc.) para poder establecer un nuevo sistema justo y funcional. Por consiguiente, un grupo de demócratas y funcionarios, encabezados por el canciller Konrad Adenauer, apoyaron políticas de amnistía y reinserción para los colaboradores nazis, en busca de una solución al estancamiento económico y social que se vivía en la Alemania Occidental de ese entonces. Ahora bien, ¿cuál fue el resultado de la aplicación de esas políticas? Sin lugar a duda, el resultado fue una Alemania que empezó a florecer rápidamente hasta convertirse en una de las mayores potencias en el continente europeo, gracias al esfuerzo de buscar resarcimiento y reconocimiento para las víctimas de los abusos nazis y por la implementación de políticas públicas que facilitaron a los profesionales ex-nazis adaptarse a un nuevo régimen de justicia y progreso.

Ahora bien, a pesar de que las atrocidades ocurridas en la Segunda Guerra Mundial distan de los abusos que acontecen en la actualidad, los Juicios de Nuremberg y los actos posteriores al conflicto nos ayudan a idear algunas soluciones aplicables a nuestro contexto:

  1. Es necesario buscar una vía de restitución y reconocimiento para las víctimas de la corrupción y de cualquier delito de lesa humanidad asociado con ella 
  2. Es imperativo sanear el aparato estatal: reforma a las leyes y políticas públicas (Ley de Servicio Civil, Ley Electoral y de Partidos Políticos, entre otras), reforma a los sistemas de control público (pesos y contrapesos), generar certeza jurídica, mejorar los canales de comunicación (libre emisión de pensamiento y protección al ejercicio periodístico)
  3. Es ineludible el incorporar acuerdos de amnistía y colaboración eficaz para algunos de los actores corruptos, con el fin de sanear la institucionalidad del Estado e incentivar una justicia transicional, pronta y progresiva

¿Amnistía para los corruptos?

Dicho lo anterior, sé que podría parecer impensable la idea de ofrecer la amnistía o un acuerdo de colaboración eficaz a un funcionario corrupto. ¿Pero realmente nos conviene iniciar una persecución judicial hacia cada uno de los actores corruptos del aparato estatal? ¿Contamos con la suficiente capacidad procesal y judicial para llevar a cabo cientos de juicios de corrupción? ¿Contamos con la certeza jurídica necesaria en nuestras instituciones para llevar a cabo esta cruzada? No, no y no. Y es que al final del día, ¿quién mejor que el propio corrupto para señalar los métodos que han facilitado la impunidad en todos estos años? ¿Quién mejor que el propio corrupto para acusar y señalar a los responsables de alto impacto (cúpula golpista, etc.)? 

No tengo ninguna duda de que, si se opta por el camino de la transición y la conciliación, este será un proceso muy complicado y cuestionado, en donde seguramente se cometerán muchos errores. Sin embargo, hoy más que nunca es necesario considerar nuevas estrategias que pongan de cabeza a este sistema podrido que ha imperado por tantos años en nuestra política pública. No obstante, el gobierno de Semilla necesitará demostrar mucha madurez política y democrática para llevar a cabo esta titánica tarea, uniendo fuerzas con los arrepentidos de turno y con los no tan corruptos de siempre. 

A nosotros, los ciudadanos de a pie, nos corresponderá el concebir el fenómeno de la corrupción como algo intrínsecamente cultural, más que algo estrictamente político. Deberemos de ir acostumbrándonos a imágenes de integrantes del partido Semilla compartiendo tarima con los “Saulos de Tarso” de turno, ya que, sólo de esta forma, podremos empezar a idear desde nuestros núcleos cercanos el concepto de la “Nueva Primavera”.

Justicia Transicional, fuentes:

  1. https://www.jacobea.edu.mx/revista/numeros/numero14/1.Javier-Miranzo-Di%CC%81az-Causas-Efectos-Corrupcion-Sociedades-Democraticas.pdf // CAUSAS Y EFECTOS DE LA CORRUPCION EN LAS SOCIEDADES DEMOCRÁTICAS – JAVIER MIRANZO DIAZ – Revista de la Escuela Jacobea de Posgrado – Nº 14, junio 2018, págs. 1-26
  2. Román, J. (31 de enero de 2023). Corrupción en Guatemala: informe señala que el país baja un punto en el Índice de percepción en 2022 y alcanza niveles mínimos históricos. Prensa Libre. Recuperado de https://www.prensalibre.com/guatemala/politica/guatemala-baja-un-punto-en-el-indice-de-percepcion-de-la-corrupcion-en-el-2022-y-alcanza-niveles-minimos-historicos-breaking/
  3. “Expansión. (s.f.). Aumenta la percepción de corrupción en Guatemala. Recuperado el 31 de enero de 2023, de https://datosmacro.expansion.com/estado/indice-percepcion-corrupcion/guatemala”
1 comentario
  1. Buen artículo, está muy bien formulado me gustó mucho el cuestionamiento de si que si serviría tanto como pensamos hacer, caer todo el peso de la ley a tod@s los corruptos? O si es mejor una amnistía y la reivindicación de los mismos porque son también los que pueden en su momento ayudar a que el país progrese como lo que comentaste que paso en Alemania, la verdad es una observación muy realista de tu parte y un cuestionamiento que puede atraer un exelente debate sobre la mesa. Att. Brigham Galdámez

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *



Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad de su autor. Revista Telégrafo firme con su compromiso de promover el pensamiento crítico y libertad de expresión en la sociedad guatemalteca, brinda espacios abiertos, auténticos y sin filtros para que personas de distintos sectores de la sociedad puedan expresarse, sin embargo, la publicación de este artículo no supone que el medio valide su argumentación o la verdad de sus conclusiones.
You May Also Like
Leer más

¿Cómo funciona la minería en Guatemala?

El origen de la minería recae sobre los habitantes prehispánicos que empezaban a utilizar algunos minerales y rocas para la fabricación de herramientas y artículos ostentosos. Para las sociedades antiguas, la adquisición y transformación de estas materias primas era importante, a tal grado, que actualmente se puede observar el nivel tecnológico
Leer más
Leer más

Alcalde, Síndico o Concejal

¿Es el Alcalde o Alcaldesa la “máxima autoridad” en un municipio? NO.La máxima autoridad en un municipio es el Concejo Municipal. Empecemos por conocer cuáles son los elementos de un municipio, tal como lo establece el artículo 8 del Código Municipal:
Leer más