Tropicalizando el papeleo

Análisis de la administración pública guatemalteca a través de las perspectivas de Alejandro Nieto y Woodrow Wilson, contrastando las visiones estadounidense y europea. Se destacan los desafíos de consolidar un estado administrativo debido a factores como la fragmentación territorial, la resistencia al cambio y la falta de absolutismo. El texto concluye que conquistar el apoyo público es fundamental para avanzar en el desarrollo político y administrativo del país.

El desarrollo político guatemalteco a la luz de las consideraciones de Alejandro nieto y Woodrow Wilson sobre la administración pública.

La ciencia política es aquella disciplina que trata los problemas de acción colectiva, la rama de estudios que tiene que ver con las tareas del gobierno. Este último es el principal mecanismo de arbitraje, resolución, disposición y gestión de dichas cuestiones. En ese espíritu, revisaremos el caso de la Administración pública guatemalteca a la luz de las consideraciones de dos tradiciones en las antípodas en cuanto a la administración pública: la estadounidense y la europea. Ello con el objetivo de examinar sus elementos centrales presentes en el contexto político guatemalteco. Para ello, ayudándonos de dos grandes referentes, el español Alejandro Nieto y el estadounidense Woodrow Wilson, elaboraremos un diagnóstico de la administración pública en el imaginario chapín.

Corazones y mentes

Ambas tradiciones cuentan con su propia definición de dónde acaba el gobierno y empieza la sociedad. En la mente norteamericana, el desarrollo de procesos políticos se centrará solamente en las llamadas “tareas de gobierno”. Estas son las grandes ideas de construcción y consolidación de acuerdos políticos, generalmente culminando en la redacción de una Magna Carta, y todos los debates posteriores giran alrededor de su naturaleza. El universo administrativo se ve con recelo por considerar que las tareas de gobierno (las únicas) están ya en la constitución. 

"El problema en los primeros tiempos era casi por entero la constitución del gobierno y, por consiguiente, era eso lo que absorbía los pensamientos de los hombres"

apunta Wilson.

Somos parecidos. Nuestros debates siguen anclados en los grandes temas del siglo XIX.  En la última campaña presidencial, la dicotomía que se presentó en el balotaje era entre una  opción política que reivindicaba la honorabilidad y el servicio público y otra que hacía lo propio  con la protección de los “valores tradicionales” desde el púlpito de gobierno. Tanto la  desconfianza inherente (que exige una reivindicación moral explícita) como el enfoque en los  grandes debates parecerían estar presentes en la sociología política guatemalteca.

"Una vez que una nación se ha embarcado en el negocio de manufacturar constituciones, encuentra que es extremadamente difícil terminar ese proceso y abrir al público oficinas de administración entrenadas y económicas"

remata Wilson.

Contrasta la visión europea. Esta entiende a la sociedad civil como una orgánica simbiosis con sus aparatos de gobierno. El absolutismo monárquico acostumbró muy a regañadientes a la colectividad a ver la razón de estado y el interés nacional como uno solo. La relación burocracia ciudadano es ineludible. Nieto recogía la siguiente reflexión de la Francia ilustrada: “No creo que exista un Estado donde la influencia del sistema burocrático sea tan intensa, tan absurda y tan extendida como en Francia; aquí el ciudadano no es nada y quien gobierna es el empleado”. La principal advertencia del autor es que este proceso de centralización y modernización burocrática provoca necesariamente uno de los cuerpos intermedios.

Conocemos bien este fenómeno en el trópico. Un ejemplo de ello es la resistencia de los 48 cantones al reciente intento de homologación tributaria mediante la obligatoriedad del NIT. No existe una desconfianza de base, sino también una reacción organizada e intensa de los cuerpos intermedios a nuestro proceso de racionalización burocrática. 

En ambos autores, los sentimientos negativos hacia las estructuras burocráticas son una constante en sus consideraciones. Las dinámicas de la realidad política guatemalteca reflejan muchas de ellas. Una característica común señalada por ambos autores es el grado de patrimonialismo de estos cuerpos intermedios en oposición al racionalismo burocrático impuesto desde la metrópoli.

"Los ideólogos del orden feudal reaccionaron contra esta evolución de una manera tanto más enérgica cuanto que afectaba a sus intereses […] El duque de Saint­Sirnon  (1675-1755) se indignaba ante el hecho de que las provincias estuvieran administradas no por señores feudales, sino por funcionarios reales"

señala Nieto

El caso estadounidense no es muy  distinto. Así describe Wilson el patrimonialismo Yankee: “una atmósfera venenosa del gobierno  municipal y los secretos aviesos en la administración estatal”. Los ecos de este fenómeno  resuenan en nuestras latitudes. Gobiernos locales corrompidos y opacos y hasta alcaldes  extraditados lo constatan. Además, en muchos entornos locales son hostiles a la mera presencia  del Estado central, cuya legitimidad ponen en entredicho.

Explicando la premodernidad

Por plantearse una pregunta: ¿Por qué consolidar un Estado administrativo nos resulta tan complejo? Citamos, una vez más, al exmandatario norteamericano: “Los gobiernos más adelantados en la práctica administrativa son hoy los que tuvieron gobernantes absolutistas, pero iluminados con la idea, evidente a todos menos para los ciegos, de que los gobernantes son propiamente los servidores de los gobernados. En esos gobiernos, la administración se ha organizado para servir el propósito general con la simplicidad y la efectividad propias de las iniciativas regidas por una voluntad única”. Curiosamente, la falta de una consolidación en sentido absolutista y de razón de estado que señalaba Wilson es una característica que comparten tanto Guatemala como los Estados Unidos aun siendo tan distintos.

Es la geografía, estúpido

El accidentado paraje topográfico guatemalteco también dificulta la consolidación de un Estado con control efectivo del territorio. Un claro ejemplo de ello es la rebelión del estado de los Altos en 1838 que Rafael Carrera apenas logró sofocar. La municipalidad de Xela aun recuerda este acontecimiento como una tragedia propia. Lo que a Estados Unidos no le permitía la extensión de su territorio, a Guatemala se lo sigue dificultando la Sierra de los Cuchumatanes. Difícilmente  podía surgir un estado absolutista que consolidase una la estructura burocrática. Aun peor en un país que no deja de ser una serie de ciudades estado aisladas.

"Los tramos utilizables son tan escasos que ninguna de las dos áreas metropolitanas [...] puede integrarse. Todas están bloqueadas entre sí por montañas selváticas"

Geopolitólogo Peter Zeihan.

El emperador caprichoso

Las dificultades de la consolidación de una presencia estatal estable en su territorio causaron a Guatemala problemas en sus transiciones a la modernidad y la democracia. Contamos con un panorama territorial y político extremadamente fragmentado donde la presencia de una administración proveedora de servicios aún es deficiente. La democratización tampoco ayudó. 

"Es más difícil para la democracia organizar la administración que para la monarquía. Lo completo de nuestro más apreciado ciclo político en el pasado nos es embarazoso. Hemos entronizado la opinión pública y nos está prohibido esperar durante su reinado cualquier aprendizaje rápido, por parte del nuevo soberano, de la habilidad administrativa o de las condiciones para un equilibrio funcional perfecto en el gobierno"

Wilson

Guatemala y, por extensión, parte de América Latina habrían hecho de uno de sus mayores logros, la transición a la democracia, enemigo acérrimo de este engorroso proceso de modernización. 

En conclusión, los principales obstáculos que presenta la consolidación del Estado administrativo guatemalteco serían: un excesivo enfoque en cuestiones de gobierno, un patrimonialismo reaccionario incrustado a nivel local, la ausencia del absolutismo y la entronización de la opinión pública. Esto representa un reto enorme a futuro en materia de consolidación estatal. Quizá, para tener al menos la oportunidad de reivindicarse ante la historia, podemos atender la última recomendación del presidente norteamericano: “Quienquiera que efectúe un cambio en un gobierno constitucional moderno, debe primero educar a sus conciudadanos para que deseen algún cambio, hecho lo cual ha de persuadirlos a querer precisamente el cambio que él desea.  Primero debe hacer que la opinión pública desee oír y después procurar que oiga las cosas apropiadas”. Para avanzar en el desarrollo político de la realidad nacional, el primer paso es conquistar corazones y mentes, teniendo siempre en mente la máxima política formulada por el político más importante de la Italia democristiana, Giulio Andreotti: 

Giulio Andreotti:

No basta con tener razón, también hay que tener quien te "la dé"

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