Un año de la entrega del campus central de la Usac

Bajo la gestión de Walter Mazariegos, la USAC enfrenta un estancamiento significativo con promesas de modernización y mejoras tecnológicas que no se han cumplido, mientras la infraestructura se deteriora y se eliminan carreras.

El 9 de junio de 2024 se cumplió un año desde que las instalaciones del campus central de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac), ubicadas en la zona 12 de la Ciudad de Guatemala, fueron entregadas por estudiantes que mantuvieron por meses la toma del inmueble y efectuaron distintos paros. 

Desde que se llevó a cabo la entrega del lugar los logros de la administración universitaria son mínimos, o al menos, poco perceptibles para los sancarlistas. Alguno de estos logros es la adquisición de buses eléctricos, al mismo tiempo, se cuenta con gastos cuestionables y efectuados de manera repetidamente. 

Desde que Walter Mazariegos asumió la rectoría de la Usac y el control del Consejo Superior Universitario (CSU), la comunidad universitaria ha visto con creciente preocupación una serie de problemas que afectan gravemente a la institución, mismos que no son nuevos, pero tampoco se les ha dado la atención necesaria. 

A pesar de las esperanzas de renovación y progreso, los avances han sido prácticamente inexistentes, mientras las controversias y los conflictos internos han aumentado considerablemente.

Persecución política y criminalización

Durante la gestión de Mazariegos ha incrementado la persecución a estudiantes, catedráticos y trabajadores de la casa de estudios. 

Las voces disidentes que levantaron la voz durante la toma del campus y estuvieron a favor de los paros estudiantiles han sido silenciadas sistemáticamente a través de amenazas o procesos penales dudosos.

La persecución contra opositores se ha especializado en la judicialización, lo cual ha generado miedo e inseguridad de una forma más sútil y no tan escandalosa como en las últimas décadas del siglo XX con desapariciones, torturas o asesinatos.

Con el miedo, la libertad de expresión y el clima académico como laboral se ha condicionado ante posibles represalias.

Otro mecanismo ha sido la represión de manifestaciones realizadas por la comunidad universitaria, siendo el caso más mediático cuando las fuerzas policiales actuaron contra estudiantes, docentes y sociedad civil en resistencia fuera del Parque de la Industria, mientras en un salón se elegía al rector. 

Estas acciones antidemocráticas, violan los derechos fundamentales de los afectados, socavando la esencia misma de la educación superior como un espacio de debate y pensamiento crítico.

Los medios de comunicación han documentado casos de estudiantes y profesores que han enfrentado cargos penales por participar en manifestaciones. Estas tácticas de intimidación buscan desmovilizar cualquier oposición a la administración, instaurando un régimen de temor que contraviene los principios de autonomía y libertad académica que deberían regir en la Usac.

Deterioro y falta de mantenimiento de la infraestructura

El campus de la Usac es conocido históricamente por su belleza y riqueza arquitectónica, lo cual ha visto un marcado deterioro bajo la administración de Mazariegos, quien se comprometió a “restablecer” el orden. 

La falta de mantenimiento es evidente en todos los rincones de la Universidad, desde edificios con fisuras y techos en mal estado hasta áreas verdes descuidadas. .

Este deterioro no solo afecta la estética del campus, sino que también pone en riesgo la seguridad de quienes transitan y trabajan en la Usac

Se han declarado edificios como inhabitables con problemas de iluminación y baños en condiciones insalubres. La administración parece estar más preocupada por otros aspectos que por la seguridad y el bienestar de la comunidad universitaria.

El desinterés por el mantenimiento también se refleja en la negligencia hacia los equipos y laboratorios. Las herramientas de enseñanza y aprendizaje en muchas facultades y escuelas no facultativas están obsoletas o en mal estado, lo que dificulta el desarrollo académico y limita la capacidad de investigación de la universidad.

Desaparición de murales

Los murales de la Usac representaban el patrimonio cultural y artístico, ya que comunican la historia y lucha social donde ha participado. Eliminarlos ha sido interpretado como un intento de borrar la memoria de la institución. 

Artistas, estudiantes y académicas han expresado indignación, ya que quitar los murales puede significar un ataque contra la identidad de la Universidad. Los motivos de borrar los murales es desconocido y aumenta la desconfianza hacia la administración de Mazariegos. 

Parece que la gestión no valora el legado histórico y cultura de la San Carlos, ya que en lugar de preservarlos, decide cubrirlos y dejar un espacio vacío con poco significado.

Desaparición de carreras

Walter Mazariegos y anteriores rectores han enfrentado una problemática que no parece provocar interés en las autoridades universitarias: falta de actualización de plan de estudios

En un mundo en constante cambio donde la evolución tecnológica y científica requiere de mallas curriculares dinámicas y en constante estudio, la Tricentenaria se ha quedado rezagada. 

La ausencia de revisiones y actualizaciones en los contenidos académicos impide que los estudiantes adquieran conocimientos y habilidades relevantes para el mercado laboral actual. Una situación afecta directamente a la Usac, la cual pierde su valor competitivo ante la baja calidad educativa y sin mencionar los espacios y equipos necesarios para un mejor proceso enseñanza-aprendizaje. 

Ahora bien, la infraestructura, el mobiliario y el equipo tecnológico disponible es una deuda a los estudiantes que únicamente pueden optar a educación pública. 

La calidad educativa se reduce con instalaciones deficientes, sobrepoblación en salones, recursos tecnológicos obsoletos y una metodología de enseñanza caducada tanto en áreas científicas como sociales. 

Por otra parte, las carreras de Sociología y Música se están quedando sin población y pone en riesgo que desaparezca de la oferta académica de la Usac.

Estos problemas requieren una atención urgente y un compromiso real de la administración para revitalizar y modernizar la oferta educativa de la universidad, asegurando que esté alineada con las demandas del siglo XXI y las expectativas de los estudiantes y la sociedad en general.

Gastos administrativos

La administración de Mazariegos ha enfrentado duras críticas por una serie de gastos que se consideran cuestionables y mal justificados, especialmente en una época en que la universidad enfrenta carencias en áreas esenciales. 

Uno de los gastos más polémicos ha sido la compra de alimentos, con montos que ascienden a Q146 mil entre enero y abril del 2024. Este gasto es controversial porque todas las reuniones del CSU se realizan  de manera virtual. 

Mientras tanto, los laboratorios y bibliotecas de la universidad carecen de materiales básicos. En consecuencia, la comunidad universitaria exige auditorías independientes que puedan esclarecer el destino de estos recursos y asegurar su uso justo y eficiente.

Cooptación de unidades académicas

Una estrategia para consolidar el poder dentro de la Usac es y ha sido en diferentes administraciones es la colocación de personas afines en puestos clave, algo que se ha normalizado por encima de una administración meritocrática. 

De este modo, Mazariegos y su equipo controlan de manera efectiva las decisiones y el funcionamiento de varias facultades y escuelas no facultativas.

Esta práctica mina la autonomía académica y la educación de calidad, favoreciendo los favores políticos con promociones y nombramientos que desmotivan a quienes se esfuerzan e invierten tiempo por superarse en lo académico como laboral. 

Esta situación pone en riesgo la integridad académica de la Usac y compromete su misión de formar profesionales y ciudadanos críticos y comprometidos.

Representatividad en el CSU

Un problema más se halla en el máximo órgano de la Usac: el CSU, ya que la mayoría de sus miembros tienen sus periodos de representación vencidos

Esto es un problema silencioso que no se mediatiza o comparte en profundidad con el estudiantado, ya que esta irregularidad puede cuestionar la legitimidad de las decisiones tomadas en este órgano. 

La perpetuación en el cargo de estos miembros va en contra de los principios democráticos que deberían regir la elección de los representantes universitarios. La falta de renovación y la resistencia a convocar nuevas elecciones debería provocar descontento y desconfianza en la comunidad universitaria.

La inacción frente a este problema refuerza la percepción de que Mazariegos y su equipo buscan mantener el control a toda costa, sin importar la erosión de la legitimidad y la gobernanza democrática de la universidad.

Opinión pública

La cobertura mediática es crucial para exponer las irregularidades y problemas en la gestión de Mazariegos y el CSU. Periodistas han investigado sobre los múltiples aspectos negativos que afectan a la USAC, proporcionando una plataforma para que la comunidad universitaria exprese sus preocupaciones y denuncias.

El trabajo periodístico mantiene informada a la sociedad guatemalteca y universitaria sobre lo que ocurre a lo interno de la Usac, así se puede ejercer presión sobre las autoridades para que rindan cuentas y actúen en beneficio de los estudiantes. 

No obstante, la administración de Mazariegos ha intentado desacreditar a los medios que publican información crítica y ha limitado el acceso a ciertos eventos y documentos. A pesar de estos obstáculos, el papel del periodismo independiente sigue siendo vital para la transparencia y la rendición de cuentas en la USAC.

El futuro

La Universidad de San Carlos requiere una intervención urgente para reformar su estatus académico y administrativo. Los jóvenes estudiantes, los catedráticos, el personal administrativo y hasta egresados deben exigir transparencia, eficiencia en la gestión de recursos y una prioridad a las necesidades de infraestructura y modernización educativa

Mural del escudo de la Usac
(Foto: Joshua Armira)

Urge elecciones para revitalizar al Consejo Superior Universitario y asegurar que los miembros sean elegidos a través de procesos democráticos. Al mismo tiempo, se necesita una auditoría para determinar el uso de los fondos económicos disponibles para la Universidad. 

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