La gira de Marco Rubio (secretario de Estado de Estados Unidos) por Centroamérica dejó en claro que la política exterior de la administración de Donald Trump regresa a un enfoque realista clásico con características claramente imperialistas en su discurso y transaccionales en la práctica.
Trump primero somata la mesa y asusta a propios y extraños para después mandar a sus emisarios a negociar los términos de los objetivos que el actual gobierno de Estados Unidos busca.
El gobierno Trumpista, como era de esperarse, ve al multilateralismo y a las organizaciones intergubernamentales como estorbos frente a las políticas exteriores de las Naciones – Estado que reconoce como los principales actores en el sistema internacional y que compiten entre por agenciarse más poder del que tienen. Dicho esto, las relaciones bilaterales tienen primacía sobre lo regional y obviamente lo multilateral.
En cada uno de los países que Rubio visitó (Panamá, Costa Rica, El Salvador, Guatemala y República Dominicana) dos temas fueron comunes: migración y la rivalidad con China y este último punto es importante para el caso de Guatemala.
Grateful for Guatemala’s collaboration in our fight against illegal migration, narcotrafficking, and transnational crime. @POTUS appreciates Guatemala’s support in accepting additional returnee flights and accommodating U.S. military aircraft. pic.twitter.com/rV0DncpsXR
— Secretary Marco Rubio (@SecRubio) February 5, 2025
Muchas opiniones se han dado sobre el impacto de la visita de Rubio y su reunión con Bernardo Arévalo. Mi lectura es desde una perspectiva de Relaciones Internacionales y esta arroja un resultado positivo para Guatemala, específicamente para el actual Gobierno del Movimiento Semilla.
Por un lado, está el tema migratorio que era de esperarse, ningún gobierno de la región se salvó de este tema y de los esfuerzos que se deben hacer para recibir más retornados y evitar que más personas migren de nuestros países al norte.
La cifra de aumentar en un 40 % los retornados al país no es una imposición como muchos erróneamente han señalado, la cifra pudo ser de un 55 % hasta 75 % que sería un reto mayor en cuanto al manejo de estas personas considerando gastos en infraestructura y recurso humano que debe atenderlos porque al final no se trata de solo recibirlos y dejarlos en la calle.
Este tema es un gran contraste con El Salvador en donde el presidente Bukele accedió a recibir hasta ciudadanos estadounidenses en su prisión modelo el Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot) sabiendo que a Estados Unidos no les agrada la relación que Bukele ha mantenido con China.

Precisamente este es el otro tema que sobresale en la gira de Rubio. A Panamá se le reclamó lo que consideran un trato preferencial hacia China mediante en el sistema de reservas de cupos y subastas, así como lo que para Estados Unidos es una influencia en sus dos puertos terminales en cada océano, así como en dos de sus tres esclusas gemelas en particular la del Gatún.
En Costa Rica, Rubio enfatizó en restringir a las empresas chinas en operaciones ligadas a tecnología 5G. En la reunión que tuvo con Nayib Bukele en el lago de Coatepeque en El Salvador, Rubio fue claro en decirle al “presidente más cool del mundo” que al nuevo gobierno de Trump no le gusta la presencia de China en la región.
No obstante, se “aplaude el apoyo histórico que ha tenido Guatemala con Taiwán, a quienes tanto Estados Unidos como Guatemala reconocen como una democracia y un país soberano. Se esforzará para que Taiwán invierta más en Guatemala”. Queda todo muy claro, en el tema de la rivalidad con China, Guatemala es el aliado número uno al ser el país más grande por población y PIB que reconoce a Taiwán. Repito, el título por si no ha quedado claro, es una oportunidad de oro.
Luego remató Rubio entre su salida de Guatemala y su llegada a República Dominicana:
“Las empresas no van a invertir en un país donde va a darse un golpe de Estado y una nueva autoridad va a llegar y básicamente decirte que esta fábrica ya no te pertenece”.
El espaldarazo es claro porque una política exterior realista reconoce al Ejecutivo por encima de todos los sectores del país lo que quiere decir que la intentona de remover al gobierno proveniente del Ministerio Público debe irse al tacho de la basura donde pertenece desde hace mucho.
Que el sector privado organizado debe de dejar de velar por el derecho de su nariz y comprometerse a lo que es un plan que apueste por el desarrollo integral del país que reduzca el margen con el que opera el crimen organizado y desincentive la migración irregular.
Que la sociedad civil organizada no busque la razón en todo y logre tragarse su orgullo y trabajar por un fin común independiente de las formas. Lo que importa es el fondo.
In Guatemala I underscored the kind of foreign aid America wants to be involved in. These programs align with our foreign policy and national interests to address drug trafficking and illegal migration. Ultimately, they make us safer, stronger and more prosperous. pic.twitter.com/b0vvBuqegt
— Secretary Marco Rubio (@SecRubio) February 6, 2025
Hasta la fecha los intereses sectoriales sólo han contribuido al subdesarrollo y tercermundismo y Estados Unidos lo sabe y para nuestra ventaja esta administración nos recibió con brazos abiertos.
El presidente Arévalo y el gobierno de Semilla han recibido nada más ni nada menos que un espaldarazo que vale oro del gobierno del rudo de todos los políticos rudos Donald Trump, quien le diga lo contrario, que se eduque en Relaciones Internacionales o al menos haga un esfuerzo por estudiar la política exterior de Estados Unidos. Ahora viene la parte difícil de mantener la frecuencia de la relación bilateral y lograr los consensos internos para construir una hoja de ruta de crecimiento y desarrollo que este país necesita. Así es como funciona la realpolitik.
Opinión escrita por:

Roberto Antonio Wagner
Licenciado en Relaciones Internacionales (UFM). Maestría en Relaciones Internacionales con especialización en Geopolítica. Catedrático Universitario (UFM, URL, UVG), analista y consultor independiente, ex diplomático y columnista en Prensa Libre.










