Una colaboración con Martha Castellán.
La falta de datos actualizados sobre las personas en situación de discapacidad en Guatemala influye en las decisiones estatales y la creación de las políticas públicas. En consecuencia, se impide la dignificación y visibilización de este grupo social marginado.
El último censo en Guatemala se llevó a cabo en 2018.
Cabe aclarar que la Convención Internacional por los Derechos de las Personas con Discapacidad de las Naciones Unidas estableció que “persona con discapacidad” y “persona en situación de discapacidad” son términos válidos a nivel mundial.

¿Por qué se prefiere a personas en situación de discapacidad y no discapacitado?
Cuando hablamos de “persona en situación de situación” se incorpora una mirada social que entiende a la discapacidad en un contexto que impone barreras tanto físicas como sociales que una persona tiene que enfrentar. Si dicho entorno fuese adaptado a sus necesidades, la discapacidad desaparecería.
Esto es una cuestión que trasciende el campo de la salud y llega a la materia de derechos humanos, ya que implica una perspectiva que promueve la inclusión e independencia, no el asistencialismo.
El término “discapacitado” sugiere que la discapacidad define a una persona como ser humano, cuando en realidad no lo hace.
En un ambiente donde las personas en situación de discapacidad tienen el acceso y las herramientas para ser independientes, la “situación” discapacitante, sale de la ecuación.
La discapacidad no es una enfermedad, es una situación que puede desaparecer eliminando barreras tales como la ausencia de lectores de pantalla o subtítulos, braille, intérpretes u otros medios que aseguren la inclusión plena en igualdad de oportunidades.

En Guatemala existen ambientes discapacitantes como restaurantes sin rampas, o bien, cuando los sanitarios están en un segundo nivel y su único acceso son gradas muy angostas donde una persona con muletas canadienses o un usuario en silla de ruedas no podría lavarse las manos.
Algunas plazas comerciales instalan sus servicios sanitarios en un segundo nivel, pero no cuentan con rampas o elevadores. Esto es aún más grave cuando en las instalaciones se encuentran servicios médicos y los pacientes no pueden acceder.
Un ejemplo positivo es la cadena de supermercados Walmart en Guatemala donde contratan personas con discapacidad auditiva y laboran en caja. Por el contrario, la mayoría de empresas no cuentan con personal capacitado para atender de manera eficiente a una persona con esta discapacidad.
Las situaciones discapacitantes inician cuando utilizando eufemismos como “sordito” “malito” “el angelito eterno” dando un mensaje de infancia permanente y una falta de acceso a la responsabilidad ciudadana privando a estas personas de un trato digno.
Un país injusto
A continuación se relata la experiencia de una mujer que reside en Quetzaltenango y es usuaria de silla de ruedas.
Ella en su casa no percibe una situación discapacitante, pero al llegar a un almacén de herramientas detecta que el aparente estacionamiento azul no tiene la medida específica de cinco metros de largo por 3.6 metros de ancho con área de maniobra. En cambio, sólo está más cerca de la puerta y está pintado, pero la medida es lejana a la ideal.
Al lograr estacionarse, ella se encuentra con macetas, plantas, colchones y otros objetos que sólo sirven de obstáculo para ingresar al negocio. Sin remedio, tiene que hacer más movimientos.

Cuando al final ingresa a la tienda, pregunta si tiene carros motorizados con canastas. La respuesta de los trabajadores fue no. Cabe aclarar que la tienda en cuestión es parte de una cadena de sucursales que se dedica a vender objetos para el hogar y la construcción.
En dicha ocasión, la pude apoyar con la canasta, mientras ella empujaba su silla, pero qué hubiese pasado si alguien no la acompañaba. Al preguntar al gerente de la tienda, respondió que no muchos clientes los ocupan. ¿Es posible que las personas con discapacidad no frecuentan el lugar porque el ambiente no está adaptado para sus necesidades?
Al pagar no hay una caja a una altura un poco más baja, donde ella tuviera un acceso más fácil para pagar y bajar las bolsas por su cuenta, tampoco se cuenta con el apoyo del personal para llevar las compras al vehículo. Fue una experiencia decepcionante porque lo que debió ser una salida cotidiana, se convirtió en una carrera de obstáculos.
Al visitar un supermercado nos topamos con la sorpresa de que no hay parqueos para personas con discapacidad. Además, un par de personas ingresaron con mucha dificultad, ya que no hay rampas, ni carritos o sillas de ruedas. Tampoco cajas de cobro a la altura.

Otro ejemplo de hostilidad
En el Zócalo de México, el 13 de marzo, unas personas no videntes estaban manifestando de forma pacífica exigiendo derechos laborales y espacios dignos para moverse. No obstante, unidades antimotines los atacaron.
Las personas no videntes, no sabían de dónde venían los empujones ni los golpes, la desestabilización de su direccionalidad al no saber dónde estaban parados luego del enfrentamiento y el forcejeo, fueron solo algunas de las experiencias que estas personas sufrieron por exigir que alguien escuchara sus peticiones sobre algo tan básico como un espacio decente para movilizarse.
Trabajadores en situación de discapacidad
Criticar el sistema, las desigualdades sociales, el Estado y el Gobierno es un ejercicio necesario para construir un mundo más digno para todos. Sin embargo, hay grupos ignorados, invisibilizados, olvidados y limitados por la misma sociedad.

Encontrar empleo es sumamente difícil y en muchas ocasiones se enfrenta a condiciones laborales abusivas y violentas. ¿Cuánto más complicado es para una persona con discapacidad?
El Estado debe promover la igualdad de oportunidades y la accesibilidad en el entorno laboral estableciendo leyes que obliguen a las empresas, tanto públicas como privadas, a contratar un porcentaje mínimo de personas con discapacidad como una medida de inclusión.
Dichas leyes podrían ser efectivas mediante la supervisión y sanciones. Otra manera para que las empresas contraten personas en situación de discapacidad es ofrecer incentivos fiscales o beneficios económicos como deducciones en impuestos.
Sin embargo, estas ideas no son realmente radicales para solventar la problemática, ya que las personas con discapacidad deberían ser contratadas por su capacidad y no por beneficio de la compañía al cumplir una cuota.
Lamentablemente Guatemala es un país profundamente desigual con una institucionalidad frágil y altos niveles de corrupción. La voluntad política es nula. Por esos motivos, los trabajadores deben exigir condiciones laborales y materiales más justas para todos.
Ambiente laboral accesible
A veces olvidamos que todos somos propensos a un accidente laboral que nos lleve a una situación de discapacidad. Además, las empresas y el sistema educativo deberían instruir cómo adaptar los ambientes y el comportamiento para hacer más inclusivos.
En lo físico, instalar rampas, ascensores adaptados, señalización en braille, así como eliminar barreras arquitectónicas. Mientras que el comportamiento como el aprender lenguaje de señas, saber dirigirse con respeto a las personas con discapacidad y ser empáticos para apoyar y no demostrar lástima.

Al cierre
Estamos tan cómodos con nuestra realidad que no nos permitimos muchas veces dimensionar un bienestar colectivo y entender que la verdadera inclusión comienza con empatía.
Es urgente comenzar a prestar más atención al entorno y analizar si el espacio es promotor de la equidad.
Es importante comenzar a alzar la voz porque la discapacidad puede llegar a cualquier edad y hogar. La lucha para dignificar a las personas en situación de discapacidad es de todos, iniciando con abrir espacios capacitantes.
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Luch
Estudiante de Ciencia Política y sindicalista, firme defensor del pensamiento crítico como eje de la producción de conocimiento científico y defensor de la dignidad como la esencia de la vida. Comprometido con la organización social y política, la defensa de los derechos humanos y la transformación de la realidad social.










