La sola llegada, aunque difícil, de Bernardo Arévalo a la Presidencia de la República, fue el primer gran avance en promover la imagen de Guatemala en el mundo. Primero, por los obstáculos que enfrentó, segundo, por ser también el primer gobierno de izquierda progresista (la UNE fue una izquierda social de corte más autoritario) como muchos otros de los actuales gobiernos en la región y tercero, por reemplazar al que ha sido, por mucho, el gobierno más nefasto y corrupto del actual siglo en Guatemala. Este último aspecto es el más importante en el tema de política exterior porque durante el 2022 y 2023, el desgobierno de Alejandro Giammattei hizo lo que pudo por marginar a Guatemala del sistema internacional, no solo con sus acciones desafiantes pero mediocres sino con la búsqueda de colocar a su delfín en la silla presidencial. La llegada de Arévalo hizo que los diferentes actores de dicho sistema viesen con buenos ojos de nuevo a Guatemala.
Previo a llegar a la Presidencia se dieron dos fenómenos que auguraban cosas positivas e importantes para Guatemala y sus relaciones internacionales. Por un lado, estuvo la designación de Carlos Ramiro Martínez como canciller, un eterno viceministro durante varios gobiernos, pero un profesional con experiencia de sobra para asumir el cargo de ministro de Relaciones Exteriores. Por otro lado, las visitas que Arévalo hizo a los presidentes de todos los países centroamericanos incluidos Belice y República Dominicana lo hacían pensar a uno que un relanzamiento de los procesos de regionalismo con un liderazgo chapín estaba en el horizonte.
Arévalo comenzó su Presidencia, en el tema de relaciones internacionales, con el pie derecho y sin mayor esfuerzo. Bastó una reunión con el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Thomas Bach, para que la suspensión sobre Guatemala sea levantada y nuestros sacrificados atletas, que nos dan más alegrías que todos los políticos en su conjunto, pudieran participar nuevamente portando nuestra bandera y sus colores en su indumentaria.
Pero los retos internacionales son fuertes y superarlos requiere no solo mucha voluntad y profesionalismo sino un conocimiento profundo de lo que Morgenthau describió como su primer principio del realismo político (1954):
“La política, como la sociedad en general, está gobernada por leyes objetivas arraigadas en la naturaleza humana, que es invariable…”
Y añade que la naturaleza humana está caracterizada por un deseo de poder, lo que él llamó animus dominandi.
Guatemala reafirma las relaciones político-diplomáticas con la República de China (Taiwán).#Comunicado 🔗 https://t.co/jPcYZfPXYQ pic.twitter.com/wbNnXLiVAM
— MINEX Guatemala 🇬🇹 (@MinexGt) February 8, 2024
En este sentido, si bien no es tarea fácil lograrlo, el gobierno de Arévalo rápidamente se vio en el atolladero del status quo de nuestras relaciones internacionales que siempre se han manejado como una búsqueda de prestigio y no de poder.
Después de una desafortunadas declaraciones del canciller Martínez sobre el tema China – Taiwán, los primeros decidieron impedir el ingreso de 10 contenedores de café y macadamia a su país. A pesar de una relación estrecha con el gobierno de Estados Unidos no se logró impedir un nuevo récord en la cifra de deportados guatemaltecos al país que en buena parte se dio debido a las elecciones en la potencia del norte. Tanto El Salvador como México están tomando la batuta sobre temas regionales y Guatemala permanece como espectador y lo más lamentable es que varios millones de dólares en inversión extranjera directa así como oportunidades de proyectos de infraestructura de parte de socios en Asia, en específico la India han sido ignorados.
En resumen, la política exterior de Guatemala en su primer año de gobierno inició bien pero se atascó y desperdició oportunidades pero lo positivo es que todo es rescatable. El imperativo de nuestra política exterior sigue siendo el mismo desde la apertura de la democracia en el país que es pensar de forma estratégica y en términos de poder: maximizar logros y minimizar riesgos. La clave para esto es aprender de los errores del 2024 y corregirlos lo antes posible, porque el tiempo vuela y las oportunidades no siempre tocarán nuestra puerta.

Roberto Antonio Wagner
Licenciado en Relaciones Internacionales (UFM). Maestría en Relaciones Internacionales con especialización en Geopolítica. Catedrático Universitario (UFM, URL, UVG), analista y consultor independiente, ex diplomático y columnista en Prensa Libre.










