Una crisis política sin liderazgos políticos para solucionarla

Sin líderes políticos, la silla vacía es erróneamente ocupada por empresarios, religiosos, académicos y artistas. Estas crisis que atravesamos tienen un gran culpable: la ausencia de liderazgos políticos.

¿Cómo es posible que veamos a menos del 5% de los excandidatos a las elecciones 2023 asumir liderazgos para encontrar soluciones a los problemas políticos y ataques a la democracia que sufrimos hoy? Si no les vemos, entonces ¿quiénes eran aquellos que estaban en las papeletas del 25 de junio y que aseguraban que podrían lidiar con los problemas políticos de nuestro país? ¿A cuenta de qué, alguien ajeno a las cúpulas políticas debe venir a cargar con las consecuencias de un desastre político? ¿No es esa la tarea de los mismos políticos? ¿Cómo es posible que los interlocutores de una crisis política sean empresarios, académicos, artistas o religiosos? Mal. Así ha sido siempre, y esto debe cambiar.

Las cámaras empresariales, la academia y las iglesias, tienen el derecho a opinar y sus opiniones suelen ser relevantes, sobre todo dependiendo la temática. Pero esto no significa que deban liderar contiendas políticas. Incurrir con el desgaste de la política es tarea única y principalmente de los funcionarios públicos, los partidos políticos, sus principales militantes y de los liderazgos políticos del país. Ese es su trabajo. 

El empresario, académico o religioso no debería asumir este costo político; ya lo asumen en sus áreas de acción. El empresario en sus negocios, en donde el costo de una mala decisión empresarial representa pérdidas económicas y laborales. El académico en los tanques de pensamiento e instituciones educativas, en donde el costo por una mala educación es una condena al futuro. Y el religioso en el púlpito, en su templo, en donde el costo por una mala doctrina es la perdición de las almas —el peor de los destinos, para los creyentes—, por ejemplo.

Los espacios de poder suelen ser ocupados hoy por algunos personajes que están allí por la teoría de la silla vacía; aquella que nos dice que los espacios siempre estarán y por ende siempre serán ocupados y que estos sean ocupados por personajes probos y dignos del cargo, es una cuestión de organización democrática. Los micrófonos y las cámaras deben apuntar a los liderazgos políticos que deben integrarse a las soluciones de las crisis políticas, ser vocales y más públicos y tomar partido, con todo el desgaste que esto implique.  

Bien suena la cantaleta de “Iglesia y Estado, asunto separado” (aplicable a “Empresa y Estado…” o “Academia y Estado…”), pero esto jamás será posible hasta que existan liderazgos que quieran asumir las cargas que implica ordenar un Estado. Como no los hay, vemos a representantes de diversos credos emitir postulados políticos y ser la voz campante en esta crisis, cuando no deberían serlo. No porque no tengan buenas ideas u opiniones relevantes, pero porque no es de su competencia. Se han visto forzados a inmiscuirse en asuntos ajenos. Nuevamente, la silla vacía. Lo mismo con los empresarios organizados, por ejemplo, o la academia y la cultura. ¿A cuenta de qué se le exige a una cámara empresarial, a los artistas nacionales o a una universidad su postura política? A cuenta de que no hay líderes políticos y los líderes que hay son profesores, intelectuales, periodistas y empresarios, que se ven forzados a emitir posturas y, por ende, a jugar en terreno desconocido y cometer todos los errores habidos y por haber. Es el ciego guiando al sordo. Ocupan una silla que no es suya, pero que no podía quedarse vacía. Y la verdadera culpa está en las escuelas de políticos, en los partidos políticos que en este país no son más que vehículos electorales de caciques sin planes a largo plazo y espacios de reunión para satisfacer intereses personales — jamás de sus allegados y militantes, jamás nacionales.

Estas crisis son crisis de líderes políticos. Nuestra generación y la que viene, tienen que producir liderazgos y partidos que estén comprometidos con asumir su rol en la contienda política, aunque eso implique cierto tipo de desgaste. Las opiniones de todos los sectores serán siempre importantes y deben ser escuchadas, pero el liderazgo en materia política debe ser del político y de nadie más.

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