Una tanda más…

En el marco del Festival de la Marimba, cuando el eco del hormigo vuelve a estremecer plazas y corazones, el Magister Samuel Ochoa —educador por vocación, pedagogo y docente universitario— alza su voz como promotor incansable de la guatemalidad para rendir homenaje al instrumento que mejor nos nombra. Con la sensibilidad de quien ha dedicado su vida a formar generaciones y a defender nuestras raíces culturales, comparte esta reflexión en torno a la marimba.

En cada festival, concierto o chonguengue se vive la experiencia de querer una tanda más…

Lo que ha sido desde tiempos inmemoriales la dulce compañía de un pueblo, resurge hoy en la memoria colectiva de chapines que se resisten a olvidarla… ¡la marimba! 

Sus cálidos ritmos han constituido el amparo de alegrías, tristezas y nostalgias que a lo largo de la historia ha vivido la Guatemala eterna, la de la casa de los abuelos, la del pino, la del trago blanco, la de las hojas pacaya, la de las bombas y cohetillos… la Guatemala de siempre, la que vibra en cada nota de su moreno teclado.

Marimberos, compositores y marimbistas convergen como perfectos cómplices, genios de la madera de hormigo y del pentagrama, que plasman en cada pieza los sentimientos e ilusiones del alma chapina. Con sus magistrales creaciones abren las puertas de la fantasía, y permiten al hermano ausente volver a la patria, al anciano recordar pasadas faenas en las parrandas de antaño, a la dama guatemalteca suspirar por amores ya idos, en fin, nos permiten a todos los de ayer y los de hoy vibrar de emoción al escuchar las percusiones de baquetas sobre hormigo, que eternizan cada palmo de esta patria amada.

En el devenir histórico de la marimba guatemalteca puede evidenciarse con facilidad, que ha tenido épocas diversas que van desde la marimba de arco y tecomates; la marimba sencilla, las marimbas dobles, hasta las marimbas orquestas que, en distintas latitudes de la República; han prodigado emociones y sentimientos que caracterizan a cada comunidad local. 

Que decir de cada fin de año, cuando las marimbas “de moda” grababan discos de vinilo de larga duración, con los éxitos del momento de autores nacionales y extranjeros que permitían que en cualquier casa o salón de baile se armara la bulla de la patojada que bailaba sin parar; pero… nada se compara, a las fiestas con marimba; esas que ayer y hoy han provocado en los asistentes un gusto inexplicable por el canto del pueblo en los arpegios de oro. Sea un vals, un bolero, un fox trot, un blues, una guarimba, un paso doble, cumbia, merengue o son; la expresión auténtica del pueblo se contagia en armonías, que provocan largas jornadas de baile y alegres compartimientos; donde chicos y grandes disfrutan del orgullo por lo nuestro, de la guatemalidad hecha música y del jolgorio popular de los que hemos dejado no solo el ombligo sino el alma en esta tierra bendita.

Hoy como ayer, cuando en el ocaso de la fiesta van a tapar la marimba; no falta la voz de quien con gusto y gana pide una tanda más… ¡viva la marimba, viva Guatemala, viva la Marimba de Guatemala!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *





Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad de su autor. Revista Telégrafo firme con su compromiso de promover el pensamiento crítico y libertad de expresión en la sociedad guatemalteca, brinda espacios abiertos, auténticos y sin filtros para que personas de distintos sectores de la sociedad puedan expresarse, sin embargo, la publicación de este artículo no supone que el medio valide su argumentación o la verdad de sus conclusiones.
You May Also Like