Cuando me preguntan, ¿qué pienso de las clases virtuales? Pienso en las diferentes complicaciones que implica recibir educación universitaria en un ambiente no adecuado para ello.
Pienso que no todas las carreras se pueden recibir en la virtualidad, ya que algunas son prácticas o necesitan de laboratorios para lograr aprender cómo se debe.
La virtualidad no solo implica un encierro, uno que puede ser contraproducente para la salud. Durante la pandemia que se vivió hace unos años, esta era la forma de protegernos de un peligro real, pero alteró a toda una generación, así como a su forma de aprender y socializar.
Actualmente, no vivimos una pandemia o una catástrofe climática; sin embargo, mi universidad nos ha mandado a la virtualidad, sin una justificación real. Hasta el día de hoy no se ha mostrado suficiente evidencia de que se estén llevando a cabo obras o excavaciones arqueológicas; además, pareciera que estuvieran encubriendo algo más.
Con otros compañeros, la virtualidad implica incomodidad, ya que no tienen un espacio apto para recibir clases y mucho menos cuando esto implica clases prácticas. Un simulador jamás podrá reemplazar la experiencia de un laboratorio en donde es tangible todo.
Recibir clases y estar sin movilidad por más de 4 horas es contraproducente para la salud.
Es lamentable que la ambición y las malas gestiones condenen a un país entero, teniendo en cuenta que la Universidad San Carlos es la única universidad pública de toda la nación.
Como estudiante, vivo aterrorizada, con incertidumbre, sin saber qué pasará con mi universidad, sin saber qué pasará con mi futuro.
La Universidad de San Carlos es la mejor del país, pero por este tipo de situaciones hay gente que tacha a los estudiantes de vándalos o criminales, cosa que no somos.
¿Qué podemos hacer los estudiantes si nuestra propia universidad nos ataca? ¿Qué podemos hacer si queremos aprender, mejorar, contribuir al país, si nos tachan de criminales, si nos tachan de conformistas, cuando lo que menos somos es conformistas?
Si fuéramos conformistas, nos hubiéramos rendido ante la mala gestión y egoísmo de quienes hicieron las gestiones para llevar a cabo unas elecciones fuera del campus.
Si fuéramos conformistas, no resistiríamos, ni haríamos jornadas para ayudar al propio pueblo de Guatemala. Es por eso que hoy escribo, esperando llegar a quienes puedan detener estos malos gestores, que han obligado al estudiante a gritar, a alzar su voz, porque si no somos nosotros, nadie más lo hará.
Pero si eres ciudadano, si eres político, si eres de otra universidad, esto debe importarte, no solo por tus impuestos, sino porque ahí está el futuro del país, porque en esas malas gestiones pueden lastimar al resto de guatemaltecos.
A ti también debe interesarte que los estudiantes reciban clases presenciales; debe interesarte que quien esté al frente de la universidad haya sido elegido por mérito propio y no por malas gestiones, que no tienen ninguna forma de verse correctas.
Vengo a decir que mis compañeros hoy luchan, se exponen a bombas lacrimógenas y que quienes deberían protegerlos les den la espalda, todo por el egoísmo de unos pocos, seres inhumanos, incapaces de hacer algo honorable en su vida.
Me aterra el día de mañana, no solo por mi futuro, sino por el futuro de mi país, por la salud de mis compañeros que se ve afectada, por nuestras alteraciones mentales que serán graves y, si esto sigue, la sociedad no solo estará en peligro, el país entero lo estará.
Yo sueño con un país donde yo pueda estudiar un nivel profesional, sin importar mi estatus social, ni estar rogándole a una universidad privada para que me traten de segunda categoría, cuando soy ser humano también; sueño con que se nos respete como estudiantes y sueño con que haya academia en mi universidad, donde lo más importante sean los estudiantes y no el egoísmo de un grupo incapaz de ver que el daño de hoy, será el daño para ellos de mañana.
Espero que si leen esto a quienes hoy estoy llamando malos gestores, al menos una parte de su corazón reflexione, se den cuenta de que lo que han hecho con nuestra universidad es imperdonable y busquen redimirse haciendo las cosas bien; aún pueden darse cuenta.
Espero que si lee esto un estudiante sancarlista, sepa que somos fuertes, que todos hacemos lo que podemos desde donde estemos. Puedes alzar tu voz, puedes ir a manifestar pacíficamente, puedes hablar en redes sociales, puedes ir a dar víveres a quienes manifiestan, puedes ayudar a que otros entren en conciencia. Sé que todos estamos luchando por nuestra universidad, por nuestra oportunidad de avanzar y hacer que la sociedad cambie.
Espero que si lee esto un político de mi nación, se dé cuenta de que debe proteger al futuro, no al pasado, que debe darse cuenta de quiénes serán los que cuidarán de sus hijos, nietos, sobrinos en el futuro.
Espero que, si lee esto un ciudadano de mi país, no se quede callado, no maltrate al estudiante que está luchando, que no nos tachen, que se den cuenta de que esta lucha es por el país.
Espero que, si lee esto un estudiante de una privada, recuerde que quienes estudiamos en la Usac también somos estudiantes, somos personas que queremos superarnos. Si quieres ayudarnos, hazlo, no temas, toda ayuda es bienvenida.
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Si lee esto mi abuelo, quiero que sepa que hacer lo correcto es por todo lo que lucho, por todo lo que respiro y que ese es mi único camino; sin ti no estaría aquí escribiendo, para defender mi universidad.
La Universidad de San Carlos no solo es de sus estudiantes, es de Guatemala; somos el futuro, somos los jóvenes que queremos ser nuestra propia revolución. No quiero mártires, quiero profesionales, libres, egresados de la más antigua universidad del país, la tricentenaria y muy querida Universidad de San Carlos de Guatemala.
A pesar de mi temor de que me pueda pasar mañana, por escribir, quiero decirlo aquí y ahora: quiero una universidad donde escoger quién nos representa sea legal, ético y real, no intereses egoístas de una banda de personas malévolas, que condenan a mi país una y otra vez.
– Anónimo.












