En un mundo cada vez más conectado, la figura de Voltaire sigue siendo relevante debido a su lucha por la tolerancia y la libertad individual.
La vida de un hombre de letras es la libertad. Carta de Voltaire a Cideville

François-Marie Arouet, quien usaría el sobrenombre Voltaire, nació en París durante el año 1694. La Francia de Voltaire, había sufrido cambios paradigmáticos previo a su nacimiento, Luis XIV, el rey sol, había empezado reformas para reprimir el crecimiento de religiones y formas de pensamiento distintas al catolicismo. Esta respuesta a la expansión del calvinismo en Europa continental, llevó a que Luis XIV revocara el Edicto de Nantes.

En esta Francia represiva, nace Voltaire. Durante su juventud, Voltaire se dedicó a la adaptación de obras y la presentación de las mismas en formatos digeribles y modernos para la audiencia francesa. Sin embargo, en su afán de expresarse libremente, siguió compartiendo algunos de sus versos y cartas con sus cercanos. Cuando uno de estos fue a parar a las manos equivocadas, Voltaire se volvería no solo un preso en un país represivo, sino preso en la cárcel también.
Pasó un año en la infame cárcel de la Bastilla, tras que sus críticas llegaran a oídos de las personas equivocadas. El Regente de París, figura de singular importancia por llevar el poderío de la monarquía durante la infancia del sucesor del Rey Sol, escuchó las críticas hechas por Voltaire y rumores despectivos acuñados al mismo. Por ende, inicia la persecución que llevaría a Voltaire a ser apresado y a esperar la piedad del regente.

Posteriormente, Voltaire se exilia hacia Inglaterra, donde desarrolló una perspectiva muy fuerte por la libertad de culto. En sus Cartas Filosóficas escritas durante su residencia en el país anglicano, menciona de Inglaterra: “Este es el país de las sectas. Un inglés, como hombre libre, va al Cielo por el camino que más le acomoda”; y es este estilo el que caracterizó a Voltaire durante toda su escritura, la sátira de gran energía.
Un claro ejemplo de esto fueron las cartas que realizó a diferentes personalidades de Europa.
A criterio de este autor, de haberse publicado hoy en día sus cartas, hubieren convertido a Voltaire en una personalidad de redes sociales. En las mismas, critica con un alto valor cómico los actos de sus conocidos y con esa misma fuerza e ímpetu, les escribe verdaderas obras maestras.

Incluyendo, una carta dirigida a su ex encarcelador, el Regente de Orleans. Me permito incluir en su totalidad la misma con carácter ejemplificador:
“Monseñor, ¿ser á necesario que el pobre Voltaire no os deba más obligaciones que la de haberle corregido con un año de Bastilla? Regocijábale el que, después de tenerle metido en el purgatorio, os acordaríais de él en los días en que a todo el mundo abrís las puertas del paraíso, por lo cual se permite la libertad de pediros tres gracias: la primera, soportar que tenga el honor de dedicaros la tragedia que acaba de componer »• la segunda, queseáis bastante complaciente para oír algún día unos fragmentos de un poema épico sobre aquél de vuestros abuelos á quien más os asemejáis, y la tercera, considerar que tengo el honor de escribiros una carta, en la cual figura la palabra subscripción. Soy, con profundo respeto, monseñor, de Vuestra Alteza Real, humildísimo y pobrísimo secretario de sandeces.”
Carta de Voltaire al Monseñor el Duque de Orleans, Regente.

En sus obras, como “Micromegas”, “Cándido o el optimismo” y “Tratado sobre la tolerancia”, Voltaire muestra un escepticismo claro sobre los dogmas y una inacabable defensa de la tolerancia. Centró su “Tratado sobre la tolerancia” en el caso de Jean Calas. Un comerciante francés hugonote terminó utilizado en la época para referirse a los protestantes franceses calvinistas, quien fue acusado falsamente del asesinato de su hijo, posteriormente fue torturado y sentenciado a muerte en la hoguera. Para Voltaire, la verdad era que Calas había sido objeto de persecución religiosa por su fe y esto no fue extraño. Más adelante en su vida, defendió a los hijos de Calas y otros cuantos calvinistas en Francia.

Su obra destaca los peligros del fanatismo religioso y propugna la tolerancia de ideas y religiones como norma básica para la existencia en sociedad.
Voltaire detalló en su Enciclopedia filosófica que la libertad corresponde a: “El poder de un ser inteligente de hacer lo que le plazca, de acuerdo con su propia determinación.”
Y si bien, la idea puede llegar a sonar extrema, en el contexto de escritura satírica y sin reservas, encaja a la perfección.
Esta filosofía en defensa de lo que, en su tiempo, era visto como un ataque a la libertad de credo y pensamiento de los otros, es algo con lo que podemos empatizar en este mundo cada vez más polarizado en debates religiosos y morales. La rampante guerra en Medio Oriente tiende a empujar a las personas a debates teológicos y desencadenar en diatribas raciales sobre los pueblos musulmanes y judíos. Se pierden los tonos grises por los marcados blancos y negros y nos vemos empujados a tratos desiguales basados meramente en religión.
Incluso más cerca, en nuestro país, vemos el uso de términos peyorativos y ataques infundados a las personas en menosprecio de su libertad de credo. Brujos, chamanes, “aleluyos”, adoradores de ídolos, satánicos, terroristas. ¿Cuántas veces no hemos sido objeto de estas incitaciones?, ¿O cuántas veces hemos sido testigos de cómo se han utilizado estos términos contra otros?

Es posible tener discusiones políticas, sociales y religiosas sin caer en la ofensa. Sin necesidad de la injuria. En un ambiente como el nuestro, remembrar las enseñanzas de Voltaire se vuelve más que una opción, es una necesidad. No está de más el recordar el viejo adagio atribuido a Voltaire:
“Puedo no estar de acuerdo con lo que dices, pero defendería a muerte tu derecho a decirlo”.
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Saúl Melgar
Apasionado de la historia, estudiante de las leyes, aficionado de la política; pero, sobre todo, adicto a la escritura. Una amalgama que me ayuda a traer mi punto de vista respecto a los siempre presentes problemas del diario vivir y como esto afecta en micro y macro al mundo entero. Miembro de la Junta Directiva de Telégrafo.






